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Alejandro Narváez / Exclusión, pobreza y hambre (1 de 7)


Exclusión, pobreza y hambre en el Perú

El hambre y la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe (ALC) aumentaron en el 2016 por primera vez en los últimos 20 años. Igualmente, personas con sobrepeso y obesidad se han incrementado considerablemente, convirtiéndose en un problema de salud pública, debido a su gran impacto en la salud y el bienestar de millones de personas. De mantenerse esta tendencia, no se alcanzaría las metas incluidas en la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre 2025 (IALCSH), ni el objetivo “Hambre Cero” de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para revertir esta situación se necesita compromisos políticos renovados en toda la región que incluya a los poderes del Estado, al sector empresarial, a la sociedad civil, la academia, la iglesia, etc.


Se requiere con urgencia nuevas políticas de estado que logren atender a las familias que viven en los territorios más rezagados en relación con el hambre en la región: una agenda basada en marcos institucionales y normativos consolidados, que debe incluir la combinación de programas productivos y sociales acompañado con mayores inversiones y capacidades acordes con la dimensión del desafío, además de otras medidas para atenuar los efectos del cambio climático identificado como una de las causas del hambre.


En los últimos años, el rebrote de la pobreza y el hambre, ha generado una creciente preocupación del Estado y distintos sectores de la sociedad peruana. A su vez esta nueva realidad, ha dado lugar al desarrollo de trabajos de investigación para conocer las reales causas del problema y proponer estrategias para atajar el avance de los mismos.



La exclusión social, pobreza y hambre

Estamos asistiendo a una época de inusitados cambios y transformaciones sociales en el mundo entero. Las crisis económicas y financieras de 2008, la globalización de las economías y los mercados y los veloces cambios tecnológicos, sobre todo, serían en gran medida las causas de dichos cambios a nivel económico, social y cultural. Uno de los rasgos más relevantes es la velocidad con que se producen, casi no nos damos cuenta de lo que ocurre, nos cuesta asimilarlas, y las propias relaciones humanas han cambiado considerablemente volviéndose más complejas en una nueva realidad igualmente compleja. Vivimos una época, donde lo único constante es el cambio, lo demás es fugaz.


Y como no puede ser de otro modo, en este nuevo escenario los conceptos de pobreza, hambre y desigualdad han evolucionado y se tienen que volver a definir, porque, o bien ya no abarcan las nuevas realidades, o bien hay que buscar otros conceptos que abarquen dichas realidades más complejas y cambiantes. En sociedades modernas y complejas como la que vivimos las desigualdades vienen de la mano de diversas causas y se activan a través de mecanismos como la pobreza, la discapacidad, el desempleo o la precariedad laboral, el analfabetismo, la raza, edad, etc.


En este contexto, el término de pobreza, definido como una situación de acceso insuficiente a un ingreso o renta que garantice un nivel de vida digno, se hace insuficiente para abarcar todas esas realidades que conllevan a nuevas desigualdades, y es en este sentido que aparece un nuevo término que sí abarca esas realidades: exclusión social. La pobreza, a pesar de ser una de las principales causas que da lugar a la exclusión social, ya no es el único, ser pobre no significa estar excluido socialmente, hace unos años muchas personas se podían considerar pobres, pero a pesar de ello los lazos comunitarios funcionaban como ayuda y apoyo de tal manera que era más difícil quedar fuera de dicha comunidad. La exclusión social significa romper con esos lazos y quedar fuera de las relaciones sociales, entrar en un círculo difícil de salir y pasar a “ser invisible” para el resto de la sociedad.


Este nuevo concepto de “exclusión social” se está dando en un momento histórico y social concreto, un momento en el que estamos inmersos en una serie de cambios y transformaciones socio-económicas y culturales que están cambiando por completo las estructuras de la sociedad actual.


El profesor Zygmunt Bauman (premio Príncipe de Asturias 2010) señala que “los pobres, por primera vez en la historia son una preocupación y una molestia ya que como no son necesarios como mano de obra, no tienen nada que ofrecer a la sociedad. Ante esta situación todos los recursos que se empleen en ellos, marginados, vagos, maleantes, inadaptados, etc., serán unos recursos desperdiciados que fomentarán ese tipo de comportamientos y formas de vivir, algo que no es justo para aquellas personas normales que sí que se esfuerzan, y que, eso no lo dicen, son necesarias para que el sistema consumista siga adelante y los poderosos sigan asegurándose esos puestos privilegiados en la sociedad, aumentando día a día sus fortunas (empresarios, políticos, personajes de organizaciones como el banco mundial, etc.)”.



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