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Alejandro Narváez / Exclusión, pobreza y hambre (6 de 7)


Secuelas del hambre

Está demostrado que el hambre produce una serie de secuelas, muchas de ellas irreparables. La desnutrición durante los dos primeros años de vida lastra el desarrollo físico y cognitivo del niño, hipotecando su futuro y, por extensión, el de su comunidad y su país. Disminuye su capacidad física y produce un grave déficit en su aprendizaje. Los que sufren la desnutrición tienen su desarrollo truncado. Las graves carencias de alimentos provocan a su vez, los desplazamientos internos y las migraciones principalmente del campo a la ciudad, y a nivel mundial desde África hacia Europa, de Venezuela hacia Colombia, Perú, Chile, de Centro América hacia Estados Unidos.


El hambre no permite concentrarse, dificulta la retención de conocimientos, debilita la memoria. Y esa dificultad para estudiar lastrará su futuro, recortará su capacidad para ganarse la vida. Es el círculo perverso de la exclusión social, la pobreza y el hambre, que no sólo encadena a quienes la sufren, sino también a las siguientes generaciones.


Como bien dice Caparrós (2015), periodista y escritor argentino “el hambre es inhumano porque le quita al hombre lo que es más suyo. Lo que le hace realmente humano. El hambre deshumaniza al hombre cuando, además de su salud, su crecimiento o su potencial desarrollo, le arrebata sus sueños”.


Confieso, cuando leí el libro “El hambre” de Caparrós, sentí un dolor emocional difícil de describir y entendí que la capacidad de imaginar es el privilegio de los que tenemos las necesidades básicas cubiertas y nos podemos permitir un mínimo de esperanza, una proyección de futuro más allá de la dicotomía “¿comeré o no comeré? Por ello, siento la obligación de recomendar leer la obra de Martin, porque cuenta y denuncia el fracaso de la humanidad en su lucha contra el hambre.



Cómo acabar con el hambre, la desnutrición y la malnutrición en el Perú

Los datos disponibles de pobreza y malnutrición discriminados por zonas geográficas e ingresos monetarios, revelan que el grueso de personas con hambre está concentrado principalmente en el ámbito rural, donde la presencia del Estado es ínfima como en las zonas alto andinas de Huancavelica, Apurímac, Huánuco, Cajamarca, Puno, Ayacucho.


Hay que empezar reconociendo que el país enfrenta un retroceso en relación a la lucha contra la pobreza. El aumento alarmante de la anemia, la desnutrición crónica, el sobrepeso, la obesidad, etc. son en parte consecuencia del aumento de la pobreza en el país. Hoy el hambre alcanza en el Perú a 2500 millones de personas, 100 mil más que el 2015. Y, paradójicamente, nos convertimos también en el tercer país latinoamericano con mayores índices de obesidad, según las informaciones del MINSA y de la Asociación Peruana para el Estudio de la Obesidad. En el Perú, el 36% de las personas de más de 15 años presenta sobrepeso y el 18% sufre de obesidad, según datos del INEI; y el 18% y 11% de niños de 6 a 9 años tienen sobrepeso y obesidad, respectivamente. En este escenario los desafíos para erradicar la pobreza y el hambre pasan— entre otras cosas—por:


a) La protección social y apoyo a la agricultura familiar. De acuerdo con Graziano da Silva Director General de la FAO, la combinación de medidas de protección social con el fortalecimiento de la agricultura familiar (capacitación, financiamiento, etc.), que genera desarrollo local y contribuye a la dinamización de los territorios, es crucial para reducir la pobreza rural y combatir las distintas formas de malnutrición y hambre.

b) La mitigación y adaptación al cambio climático. El cambio climático está afectando duramente a la agricultura y la ganadería de todo el mundo y, de forma particularmente virulenta, a países como Perú, altamente vulnerable a los desastres naturales como consecuencia de las sequias, las inundaciones, las heladas, las plagas, el fenómeno del niño. Es urgente promover la adaptación de la agricultura al clima cambiante, especialmente para proteger a las comunidades rurales donde está concentrada la mayor pobreza y el hambre.


c) La adopción de medidas para asegurar el buen funcionamiento de los mercados de alimentos de productos básicos y sus derivados y facilitar a los agricultores el acceso oportuno a información sobre los mercados, en particular sobre las reservas de alimentos, a fin de ayudar a limitar la alta volatilidad de sus precios y evitar los excesos de producción como la papa.


d) La promoción de la educación alimentaria y nutricional. El Centro Nacional de Alimentación y Nutrición (CENAN) tiene guías alimentarias elaboradas con el apoyo de la FAO. Estas guías deben difundirse masivamente, principalmente en el ámbito rural donde está concentrada el grueso de la pobreza y el hambre. Evidentemente, este trabajo de educación alimentaria debe ser estrechamente articulado entre los distintos sectores del Estado (ministerios de salud, educación, agricultura, producción e inclusión y desarrollo social y el ministerio de la mujer).

e) Invertir en infraestructura rural, en la investigación, el desarrollo y la innovación agrícola. El desarrollo tecnológico, los bancos de genes de plantas y ganado, etc., puede ayudar a mejorar la capacidad de producción agrícola y ganadera.


f) Perfeccionar el marco institucio-nal y jurídico y los sistemas de información relacionados con la seguridad alimentaria y nutricional, que priorice el desarrollo de capacidades para la movilización y utilización de recursos, y la implementación y gestión efectiva de los programas sociales de lucha contra la pobreza y el hambre. Por otro, combatir la especulación de alimentos.



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