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Alejandro Narváez / Crisis de la deuda mundial (2 de 2)


La deuda desbocada empuja a países al borde del default


Deuda pública vs deuda privada

El origen de las dos últimas crisis económicas más importantes, ambas con epicentro en Estados Unidos, ha sido principalmente, por un exceso de deuda privada, y no de deuda pública. Por ejemplo, la gran crisis de 1929 fue parcialmente resultado de una acumulación de deuda privada que se extendió durante casi una década por varios países. La crisis financiera del 2008, comenzó cuando el mercado inmobiliario de EE.UU. quebró, el precio de las viviendas se desplomó, los intereses empezaron a subir y, consecuentemente, los impagos y la crisis de liquidez.


Un Estado puede tener déficits constantes y aun así no entrar en default. Además, tiene el privilegio de endeudarse hasta el “infinito”, en cambio el sector privado (hogares, empresas) no lo tiene. Ello ocurre porque los estados no “quiebran”, no perecen en el tiempo como lo hace una persona (familia) o empresa, esto hace que su capacidad para devolver sea mayor, por un lado, y por otro, la deuda productiva, juega un papel importante en el crecimiento económico de un país.


Endeudarse no tiene por qué ser malo

Catalogar a la deuda pública o privada como algo intrínsecamente negativo, no es válido. La deuda productiva (no la improductiva orientada a gastos corrientes) asumida por el Estado, las empresas y familias, desempeña un papel relevante en el funcionamiento de la economía tal y como la conocemos, fomentando el crecimiento económico siempre y cuando las cantidades no excedan los límites soportables. En el mundo empresarial, se conoce como “estructura financiera óptima”. Sin deuda, no hay activos en los que invertir.


Sin deuda, no hay ahorro. Son dos caras de una misma moneda. La capacidad de traer ingresos futuros al presente impulsa el crecimiento si se gestiona eficientemente. Si esta capacidad faltara, la economía simplemente se paralizaría. Si no pudiera endeudarme hoy para comprar una casa o invertir en mi empresa, muchos hogares no tendrían acceso a bienes básicos o muchas empresas morirían antes de nacer. Además, la deuda permite redistribuir en el tiempo nuestro nivel de gasto para facilitar el crecimiento y suavizar así los ciclos económicos.


La deuda pública productiva, en ausencia de deuda privada, puede desempeñar un papel fundamental en este contexto. Hay evidencias que muestran que, en periodos de crisis económica, la deuda privada se reduce, siendo los Estados quienes, mediante aumentos de su deuda pública productiva, reactivan la economía y estimulan el crecimiento. En periodos de crisis profunda ¿Cuál habría sido la alternativa? ¿Mercados paralizados y una economía sin lubricación?


Límites de la deuda

¿Existe un límite máximo de deuda a partir del cual empiezan a haber problemas? El FMI y el BM dicen que podría ser el 80% del PBI, al que lo llaman como zona de riesgo. Veamos algunos ejemplos. Japón tiene una deuda de 258%, siendo el más endeudado del mundo y altamente desarrollado. Singapur un pequeño país con una deuda de 134.5% de su PBI, pero con unos niveles de desarrollo envidiables. Por el contrario, hay países como Haití con una deuda de 25% de su PBI, y es uno de los países más pobres del mundo.


Sudan un país africano cuya deuda asciende a 155% de su PBI, sin embargo, es uno de los más pobres de ese continente. Los dos primeros ejemplos asiáticos, muestran que sus deudas han sido orientadas a inversiones productivas, mayor competitividad, en suma, mayor desarrollo y bienestar para su gente.

Unas breves conclusiones


El endeudamiento en sí mismo no es negativo, ni lo son las obligaciones que genera. Tanto los hogares, las empresas, como el Estado recurren a ello y, dentro de límites razonables, contribuyen y facilitan un mejor desempeño de cualquier economía.


Una economía con exceso de deuda improductiva, es decir, pasivos asumidos para gastos corrientes, servicio de deuda, exceso de burocracia, llevará a ajustes económicos abruptos y dolorosos, principalmente en los sectores más pobres.



Referencia:

El autor es profesor principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del Instituto Internacional de Economía y Empresa. Este y otros artículos del autor pueden leerse también en: alejandronarvaez.com


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