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Alejandro Narváez / Fantasma de inflación (2 de 2)


¿Inflación temporal o transitoria?

Uno de los grandes debates económicos del momento a escala planetaria, se resume en la pregunta ¿hasta cuándo durará la alta inflación? La respuesta enfrenta dos formas de pensar: la primera, encabezada por el BCE y la FED, aseguran que se trata de un fenómeno transitorio que responde básicamente a que los niveles de precios se miran en el espejo del año 2020, cuando el consumo se desplomó por las restricciones causadas por la pandemia.


Efectivamente, podría ser transitoria porque la oferta y demanda se irán ajustando. En el lado de la demanda ya no habrá la ayuda de los gobiernos sobre todo en las principales economías, y por el lado de la oferta, se irá también normalizando cuando la pandemia no sea una amenaza y no suponga más restricciones. Sin embargo, los últimos rebrotes del virus con variantes más letales en Austria, Portugal, Alemania, China, entre otros, parece indicar que estaríamos lejos de que el coronavirus nos abandone pronto. En cualquier caso, los precios podrían moderarse recién en el segundo semestre de 2022 y ello dependerá de cómo enfrentan los gobiernos a la pandemia en los próximos meses.


Por su parte, los más ortodoxos, los llamados halcones, advierten de los peligros de una espiral inflacionista si las alzas de precios se trasladan a los salarios y a otros productos, generando un círculo vicioso que se retroalimente. Entre los más ortodoxos hay también instituciones como el Banco de Canadá, que está acelerando su retirada de estímulos monetarios tras advertir recientemente que la inflación podría no desvanecerse tan rápido, como se esperaba.


Los efectos colaterales de la inflación

La inflación, supone un lastre para la recuperación en marcha de la economía mundial y sus efectos colaterales son diversos de mantenerse en el tiempo.


Salarios. El poder de compra de un sueldo de 930 soles mensuales (el actual sueldo mínimo en Perú) no es igual ahora que hace 12 meses. Con el precio de la gasolina y del gas por las nubes debido al alza del petróleo y el precio de los alimentos desbocado, el margen de gasto y ahorro (si lo hubiera) es menor para los que lo perciben. Pero la inflación también está minando la capacidad de compra de familias con ingresos más elevados.


Uno de los efectos más devastadores del coronavirus fue precisamente el desempleo. Según el último estudio económico de la CEPAL de octubre 2021, la tasa de desempleo en el 2020 alcanzo el 10.5% en América Latina y el Caribe (ALC). Al respecto, el economista Arthur Okun, es uno de los que más y mejor ha estudiado la relación entre el PBI y el desempleo, y creó el índice de miseria, que es la suma de la tasa de desempleo y la de inflación.


Consumo. Si las familias destinan cada vez más dinero a la factura de la gasolina, el gas, o hacer la compra de alimentos en el supermercado, las cuentas de ahorro adelgazan, y el poder adquisitivo disminuye, lo cual puede reducir el consumo. El consumo en el Perú en lo que va de este año está muy bien por la mejora de la confianza y el ahorro embalsado en el 2020. Sin embargo, tan pronto se acaben los ahorros y los ingresos suban a menor velocidad que los precios o sigan estancados, como en el sector público, ese desequilibrio puede ser nocivo para el consumo.


Competitividad. Una fábrica que consume insumos importados y paga más por la energía que consume es menos rentable, a no ser que traslade a sus productos tales aumentos, y entonces serían otras empresas o los consumidores los que asumirían el costo. Pero en plena globalización, subir el precio ni siquiera es garantía de que se mantendrán los márgenes de rentabilidad esperados. La competitividad es feroz y los clientes pueden optar por otras opciones más baratas procedentes de países donde los costos de producción son menores o los impuestos más bajos.


Política monetaria. Los bancos centrales de todo el mundo están retocando sus objetivos de política monetaria y ahora toleran tasas de inflación superiores al 2%. Todos insisten en que la subida de precios es un fenómeno transitorio, alentado por un cúmulo de factores que van más allá de los precios de la energía, como los problemas en las cadenas de suministros, los ingentes paquetes de estímulo público inyectados a la economía y la enorme demanda propiciada por el ahorro y las ayudas públicas. Sin embargo, los sectores más ortodoxos de los bancos centrales toman posiciones y elevan la presión para mover ficha de tasas de interés y reducir los estímulos monetarios.


Deuda pública. Es de reconocer, no todos los efectos de la inflación son negativos. La inflación favorece más a los deudores que a los acreedores. Y hace que la deuda pública y privada se digiera mejor. Perú es uno de los países menos endeudados de América Latina, con una deuda pública actual de 34.9% del PBI. Cuando aumenta la inflación, también se eleva la recaudación del Estado y ayuda al PBI a crecer, con lo que baja el porcentaje de deuda en relación al tamaño de la economía.


Finalmente, si la situación ideal, aunque difícil de lograr, es el crecimiento de la economía, con un aumento moderado de los precios, lo peor que puede pasar es una caída de la producción con un rápido aumento de los precios. Y lo peor, tiene nombre: estanflación, estancamiento de la economía con alta inflación. Como advierten muchos analistas, puede darse este fenómeno cuando las mismas causas que produce la inflación son las que frenan la producción. Para el caso conviene recordar y sacar lecciones de la crisis del petróleo de 1973 y 1974 (publicado el 26/11/21).


Referencia:

El autor es Profesor Principal de Economía Financiera de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


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