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Alejandro Narváez / No podemos ir a peor


¿Cuánta pobreza podemos soportar en el Perú?


“No podemos ir a peor”. ¿Cuántas veces hemos oído esta frase? Pensamos que más pobreza, más desigualdad, más desempleo, más hambre, son imposibles en un país rico. Pero, la realidad contradice dicha percepción. En los últimos años, las cifras de pobreza no han hecho sino aumentar. De acuerdo a los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), los peruanos que vivían en situación de pobreza monetaria en 2021 alcanzaron a 8,547,000 de personas (25.9% de la población total). En 2019 la cifra era menor: 6,596,000 personas (20.1%). En 2022, con la inflación desbocada y una economía en retroceso, la pobreza se habría disparado a 10,725,000 peruanos, es decir, al 32.5% (Asfinsa, enero 2023).


Este año dicha tasa podría ser aún más, debido a la confluencia de un conjunto de factores internos como la crisis política, social, económica y la agresiva política monetaria del BCR, sumado a estos, un entorno internacional adverso como la creciente escalada bélica entre Rusia y Occidente y la crisis económica mundial. Se estima que, en los últimos 15 años, el 60% de la economía peruana estaba condicionada por los choques externos.


Pobreza monetaria

Pero, ¿Quiénes son las personas en situación de pobreza monetaria? Son aquellas personas cuyo ingreso individual es menor a 378 soles mensuales o 12 soles diarios (Línea de Pobreza Nacional 2021, según INEI). La línea de pobreza es el equivalente monetario al costo de una canasta básica de consumo de alimentos y no alimentos (vivienda, vestido, educación, salud, transporte, etc.). Para una familia de cuatro miembros el costo de una canasta básica de consumo en el 2021 era de 1,512 soles mensuales. En cambio, la línea de pobreza extrema, sólo considera el costo de una canasta básica de alimentos. Para el año 2021 ascendió a 201 soles mensuales por persona, por tanto, son pobres extremos aquellas personas cuyo ingreso mensual no cubre el valor de la canasta básica de consumo alimentaria.


La pobreza es un concepto complejo y tiene muchas caras. La medida oficial de pobreza monetaria que publica anualmente el INEI, es insuficiente para conocer las causas y su real dimensión y para diseñar propuestas de políticas de Estado de lucha contra este flagelo. Las mediciones de la pobreza en términos monetarios o ingresos, generalmente no captan las carencias de los hogares asociados con el acceso a los servicios básicos de agua potable y alcantarillado, educación o escolaridad, acceso a internet, entre otros, cuya prestación adecuada normalmente depende del Estado.


Pobreza multidimensional

El Banco Mundial elabora anualmente otro indicador para medir la pobreza de manera conjunta con el PNUD y la Universidad de Oxford. Se trata del Índice de Pobreza Multidimensional Global (IPM). Este índice mide carencias de los hogares en materia de educación y servicios básicos de infraestructura (agua potable, saneamiento y electricidad, etc.) En el IPM, los elementos que se estudian reflejan los aspectos más estructurales de la pobreza en los hogares. Identifica la pobreza en el ámbito del hogar y no a nivel individual como sí lo hace la pobreza monetaria.


El BCR del Perú utilizando la metodología del IPM, presenta en un reciente estudio (“Perú: Historia de dos pobrezas”, 2022), el estado de la pobreza multidimensional en el Perú al 2020. El estudio abarca seis dimensiones: salud, educación, servicios básicos, entorno físico, participación social y participación económica. Entre sus hallazgos, se observa que la incidencia de la pobreza multidimensional habría sido mayor que la incidencia de la pobreza monetaria durante el periodo de análisis que hizo el banco, y, además, pone en evidencia que la pobreza multidimensional al cierre de 2020 llegó al 36.38% de hogares peruanos.


Por su parte, Financiera Confianza y la Fundación del Banco Continental, utilizando la misma metodología del IPM, hizo un estudio entre octubre y noviembre de 2021. El trabajo se basó en nueve indicadores que apuntan tres dimensiones de la pobreza: educación, salud y vivienda. Entre otros, el objetivo del estudio era conocer cuántos hogares tienen estas carencias y con qué intensidad. La investigación reveló que el 32.7% de hogares encuestados fueron identificados como pobres multidimensionales. Las carencias más comunes detectadas son: los años de escolarización (que afecta al 42% de los hogares), el saneamiento (26%) y el acceso al agua potable (20%), seguido de los materiales de la vivienda (19%) y el acceso a Internet (19%). Un hogar es pobre cuando detectan carencias o privaciones estructurales en al menos tres indicadores de los nueve que fija el estudio.


La bondad del Índice de Pobreza Multidimensional, basado en la metodología de los reconocidos autores Alkire-Foster (2011), es que proporciona un conocimiento más amplio de la naturaleza de la pobreza que complementa las medidas unidimensionales monetarias o de ingreso per cápita. Un IPM revela quién es pobre y de qué modo lo es, aportando información relevante para identificar qué personas se encuentran en pobreza, así como los problemas o causas que los mantienen en esa situación.


Apuntes finales

El Perú está entre los países más desiguales del mudo según el Informe sobre la Desigualdad Global 2022. Más de la mitad de su población (16, 600,000) está en situación de inseguridad alimentaria, según la FAO, 2022. Y, la tendencia indica que vamos a peor. Sin embargo, en 2022, las empresas que cotizan en la Bolsa de Valores de Lima (BVL), repartieron en plena crisis 31,407 millones de soles en dividendos a sus accionistas, cifra récord de los últimos años. La conclusión es clara: unos pocos aumentan cada vez más su riqueza a costa del empobrecimiento de la mayoría de peruanos (véase revista Forbes 2022 y los informes de la BVL).


¿Podemos ir a peor? Todo indica que sí. No hay una política de Estado de lucha contra la pobreza. No hay un plan anticrisis de corto, mediano y largo plazo. Los planes improvisados: “Impulso Perú” y “Punche Perú” son meros paliativos de la crisis de corto plazo orientados a miles de peruanos pobres para depender de las 3,355 ollas comunes y los 13,484 comedores populares, en vez “enseñar a pescar”, generando empleo decente para millones de hombres y mujeres desempleados.


Termino preguntando: ¿Cuánta pobreza podemos soportar? ¿Cuánta desigualdad estamos dispuestos a aceptar? ¿Hasta cuándo debemos seguir escuchando el “cuento chino”, de los “sólidos fundamentos macroeconómicos”, cuando más de un tercio de peruanos están en situación de pobreza, el 44% de la PEA esta subempleada, cuando más de 2 millones de jóvenes de 15 a 29 años, ni trabajan ni estudian (los “ninis”)? En una sociedad fragmentada, con profundas desigualdades socio-económicas, ¿es viable el Perú como país y como nación, o quizás necesitamos refundarlo? Este artículo también puede leerse en: www.alejandronarvaez.com


Referencias:

El autor es profesor Principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del Instituto Internacional de Economía & Empresa.


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