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Alejandro Narváez / Presupuesto de 2024 (2 de 2) 



Presupuesto de 2024:  sin respuestas a la recesión económica

 

El escenario internacional no es precisamente favorable para alcanzar el 3% de crecimiento estimados por el MEF.  Los últimos reportes de la CEPAL, la FED, el BCE, y el BPCH, vaticinan que en el 2024 continuará la desaceleración de la economía global. El 2024 es un año electoral en Estado Unidos, en ese escenario se pronostica que el PBI de ese país crecerá apenas un 1.4% (2023: 2.1%). El gigante chino no levanta cabeza y está en deflación. Se estima que pueda crecer el próximo año un 4.2% (2023: 5%). Para la Eurozona con Alemania en recesión se proyecta un 0.8% para el año entrante (2023:0.6%) y LatAm crecería un exiguo 1.9% en el 2024 (2023: 2.2%). Sumando a este entrono las tensiones geopolíticas (Ucrania, Medio Oriente y Taiwán) la meta del MEF puede ser un “tiro al aire”.

 

Nubarrones en el ámbito local

La duración y la severidad del fenómeno “El Niño”, los conflictos sociales no resueltos en el sector minero que podrían provocar paralizaciones en la actividad minera, la crisis política, la caída de la demanda agregada interna, la caída del ahorro privado y una inversión privada muy débil,  la ausencia de una inversión pública de impacto, la menor recaudación tributaria, el aumento de las tasas de morosidad en las micros, pequeñas y medianas empresas, etc., son algunos nubarrones que pueden condicionar la recuperación económica en el 2024.

 

El país que quieren

Si algo queda clara hasta aquí, es que los autores del presupuesto (MEF y congreso), quieren un país en el que las tasas actuales de desempleo (5.1%) y subempleo (46.1%) publicados por el INEI (noviembre 2023) se ahonden más, en el que la precariedad y la informalidad aumenten, afectando principalmente a mujeres y a jóvenes, en el que el nivel de desigualdad siga siendo de los más elevados del mundo, en el que los pensionistas se empobrezcan aún más, en el que el modelo productivo siga siendo primario exportador, en el que la educación de calidad  sea un lujo y no un derecho, etc.

 

Claramente, el presupuesto no ha sido diseñado para combatir los enormes desafíos económicos, sociales y ambientales a los que nos enfrentamos, sino para cumplir reglas fiscales que condicionan la actuación del Estado en la política económica. En las últimas décadas han sido exitosas para cumplir puntualmente con el pago de la deuda pública. Sin embargo, no han sido “la receta” para construir una sociedad con más bienestar humano.  No sólo no hay medidas para combatir la informalidad o el fraude fiscal, tampoco se ven señales de cómo frenar la avalancha de beneficios tributarios para las grandes empresas gestados desde el congreso, cuyo costo estaría en torno al 2.5% del PBI al año. Es un presupuesto para no mover nada, que todo siga igual, o tal vez peor.

 

Algunas conclusiones

Los presupuestos de las últimas décadas han seguido la misma senda “ideológica” e innegablemente están fundamentados en el modelo económico propiciado por la constitución vigente.  Todos han tenido el mismo perfil y su objetivo ha sido cumplir fielmente las reglas fiscales. Si no lo saben, nada hay más ideológico que una ley de presupuestos. El resultado: Un país cada vez más desmembrado socialmente y con problemas estructurales crónicos.

 

El presupuesto de 2024 no recoge medidas para crear empleo, ni para reducir la precariedad laboral, ni para combatir la pobreza, ni para modernizar el modelo productivo. Claro está. Cuando los burócratas del MEF, dicen cada fin año, que "son los mejores presupuestos y los más positivos o es la única opción que tenemos”, ¡mienten como bellacos! Siempre hay otra opción.

 

Finalmente, en periodos de crisis, los presupuestos públicos deben ser una palanca para la reactivación económica, la modernización del tejido productivo, promotor del crecimiento empresarial, de la productividad y competitividad para que con ello se generen empleo y con mejores salarios. Desafortunadamente, todo ello, brilla por su ausencia en el presupuesto del año entrante. Es otra oportunidad perdida.

 

 

Referencias:

El autor es profesor principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del Instituto Internacional de Economía y Empresa.


 

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