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Alejandro Narvaez / Será necesaria una economía de guerra (1 de 4)


La débil recuperación de la economía mundial de los daños causados por la guerra comercial entre Estados Unidos y China y los problemas geopolíticos no resueltos en Oriente Medio, se ha frenado con la inesperada aparición del coronavirus. A estas alturas del partido (hablando deportivamente), hay algunas —pocas— cosas claras. Ponerle números a la crisis generada por el virus chino, o hablar de su alcance real y profundidad es muy difícil. Sin embargo, la información disponible es suficiente para trazar una respuesta de política económica a dicha crisis, considera simétrica y mundial que requiere, a su vez, una alta dosis de creatividad e imaginación. Necesarias comparaciones Entre el siglo XX y lo que va de este siglo XXI, han habido tres grandes crisis económicas en el mundo: la gran depresión de 1929, la crisis del petróleo de 1973 y la crisis financiera de 2008. Economistas e historiadores ven en la crisis del coronavirus, cierto parecido con la crisis del petróleo de 1973, cuando el embargo petrolero de los países del Golfo Pérsico cuadruplicó el precio por barril y golpeó duramente las industrias de las economías occidentales. Como consecuencia de ello, los miembros de la OPEP se enriquecieron y la Bolsa de Nueva York perdió 97,000 millones de dólares. También hay quienes ven semejanzas con la Gran Depresión de 1929. En este caso, como ahora, hubo una interrupción de la producción, la Bolsa de Valores de Estados Unidos tuvo la más catastrófica caída y acabó produciendo una sobreoferta. En cambio, la crisis de 2008 fue, ante todo, el estallido de una burbuja inmobiliaria y el desplome de un sistema financiero desregulado, que desató un pánico general, hundió el consumo y generó una profunda crisis de liquidez. El ejemplo más representativo de los efectos de esta crisis es la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. Goldman Sachs uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, vaticina para el 2020 un crecimiento del PBI mundial de 1.25% y Stándard & Poor´s Global (véase Bloomberg News) espera que el crecimiento oscile entre 1% y 1.5%. Entre tanto, América Latina crecería apenas por encima del 0%. El crecimiento de la economía mundial en promedio por debajo del 2%, es considerado como recesión. Es decir, este año será un periodo de una profunda crisis económica, cuyas consecuencias más severas sufrirán aquellas economías con una estructura sectorial más intensiva en manufacturas y dependientes de las exportaciones de materias primas. Perú, Chile, Venezuela, están entre ellas. Estamos en guerra. No es una exageración lo que digo. No es una guerra como de película entre buenos y malos, donde siempre ganan los buenos. Es una guerra contra un enemigo invisible y desconocido. Oficialmente el coronavirus es el “cisne negro”, de acuerdo con la teoría del libanes Nassim Taleb. Esta guerra, además de víctimas, produce angustia, miedo y crisis: sanitaria, económica y financiera. La OCDE (club de los países más ricos) acaba de advertir que el impacto del coronavirus en el mundo está superando sus peores previsiones económicas. Para salir de esta crisis se requerirá algo parecido al Plan Marshall (programa de reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial) y un New Deal de Roosevelt (nuevo trato), esta vez a nivel mundial. Antonio Guterres el Jefe de la ONU, dijo que estamos ante una posible Recesión Global récord, y la Canciller de Alemania Ángela Merkel dio recientemente un escalofriante mensaje: “desde la segunda Guerra Mundial no hubo un desafío mayor y entre un 60% y 70% de alemanes serían infectados por el virus”. Para Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, “es la peor recesión desde la Gran Depresión de 1929”. De lo dicho antes, se puede afirmar que el efecto de esta crisis será más profundo y de larga duración que todas las anteriores. Me gustaría equivocarme.

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