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Alejandro Narváez / Más gasto, menos crecimiento

Foto del escritor: Alejandro Narváez
Alejandro Narváez
hace 10 minutos
5 min de lectura

Más gasto, menos crecimiento: la peligrosa ruta del Perú

El Perú enfrenta simultáneamente tres desafíos que no admiten postergación: la inseguridad ciudadana, los efectos del fenómeno de El Niño y una economía que crece muy por debajo de lo necesario para generar empleo de calidad, reducir la informalidad y reducir brechas sociales estructurales.

El problema no está en que el Gobierno priorice la lucha contra la criminalidad o la prevención frente a los fenómenos climáticos. Ambas son obligaciones esenciales del Estado. El problema aparece cuando esas urgencias terminan desplazando hacia un segundo plano aquello que, en buena medida, condiciona la solución de todos los demás problemas: el crecimiento económico.

El crecimiento económico sostenido y vigoroso es la base para la generación de empleo, el incremento de la recaudación fiscal y la reducción estructural de la pobreza y la informalidad. Sin este motor, el Estado carece de los recursos necesarios para financiar sectores clave como seguridad, educación, salud e infraestructura. Ante este escenario, resulta imperativo que la política económica recupere su sentido de dirección y priorida

Crecimiento económico modesto

El Fondo Monetario Internacional (FMI) elevó la proyección de crecimiento de la economía peruana de 2,8% a 3,0% para 2026 y fijó en 2,9% la de 2027, de acuerdo con su informe World Economic Outlook. Por su parte, BBVA Research prevé en su último informe una expansión de 2,9% para ambos años, cifras que contrastan con el optimismo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) de 3.4%.

Nuestro crecimiento potencial apenas bordea el 2,9%. Sin reformas estructurales ni inversiones adicionales, la economía parece resignada a una tasa mediocre que es incapaz de absorber a los jóvenes que ingresan cada año al mercado laboral. Crecer por debajo del 3% no solo impide transformar una estructura productiva donde el 70% del empleo es informal, sino que, a la larga, termina destruyendo empleo.

El verdadero objetivo debería ser recuperar tasas sostenidas cercanas o superiores al 5%. No mediante gasto irresponsable, sino movilizando inversión pública productiva y destrabando inversión privada.

Seguridad sin crecimiento: una estrategia errada

Hoy en día, la inseguridad es la mayor preocupación de los peruanos. El avance de las extorsiones, los homicidios, los robos y el crimen organizado golpea directamente la inversión, eleva los costos operativos de las empresas y deteriora la calidad de vida. Una realidad innegable.

El Estado tiene el deber imperativo de actuar. No obstante, la seguridad ciudadana no implica únicamente un incremento presupuestal para el cuerpo policial, vehículos, armamento o infraestructura penitenciaria. Requiere, además, abordar las condiciones socioeconómicas que fomentan la informalidad, la marginalidad y la carencia de oportunidades, elementos que constituyen las causas subyacentes de la delincuencia. Creer que se deben sacrificar los derechos o el desarrollo económico para obtener orden público debilita las soluciones a largo plazo. Esto se conoce como una falsa dicotomía.

Para 2027, el presupuesto del sector Interior asciende a aproximadamente 14.270 millones de soles, 3,9% más que en 2026. Sin embargo, el propio ministerio reconoce que 83,8% de esos recursos estará comprometido en remuneraciones y pensiones. Por tanto, aumentar el presupuesto no equivale necesariamente a aumentar la eficacia. La verdadera discusión debería concentrarse en inteligencia policial, investigación criminal, tecnología, interoperabilidad de bases de datos, prevención, fiscalías eficaces y resultados verificables.

Defensa: ¿cuál es la prioridad?

El mismo análisis corresponde al gasto en Defensa. El Perú necesita Fuerzas Armadas modernas y operativas. Nadie sensato puede proponer su abandono. Pero tampoco podemos actuar como si el país estuviera enfrentando una guerra convencional o la amenaza de un país vecino.

La Comisión Bicameral de Presupuesto del Congreso acaba de aprobar el dictamen del proyecto de ley que otorga un crédito suplementario de 8,228 millones de soles solicitado por el ejecutivo. De este monto 1,832 millones de soles iría a Defensa, la cifra más alta dentro de una ampliación presupuestaria. Interior recibiría 1,097 millones de soles.

"Invertir un sol más en defensa implica un costo de oportunidad; significa dejar de construir carreteras, hospitales, colegios o sistemas de agua potable. La discusión no es gastar o no en defensa, sino definir el monto, el propósito y el riesgo específico que se busca disuadir. La disciplina fiscal exige jerarquizar, no inflar partidas. Pretender reducir el déficit y la deuda pública mientras se avalan gastos militares sin sustento técnico es un graso error.

El Niño exige prevención, no improvisación

El fenómeno de El Niño constituye otra amenaza real. No es nada nuevo. El propio MEF reconoce que durante 2026 afecta la pesca, la agricultura y determinadas actividades primarias, y proyecta una recuperación gradual recién desde el segundo semestre de 2027.

Aquí tampoco existe contradicción entre prevenir y crecer. Al contrario: la inversión preventiva también es política de crecimiento. Defensas ribereñas, drenajes urbanos, reservorios, rehabilitación de carreteras, infraestructura hídrica y prevención de desastres tienen un doble efecto: protegen a la población y generan demanda, empleo y capacidad productiva futura. Lo absurdo es gastar miles de millones después de cada desastre cuando buena parte del daño pudo prevenirse mediante inversión planificada.

El presupuesto 2027 revela una grave contradicción

El proyecto de Presupuesto Público 2027 asciende a aproximadamente 266.506 millones de soles, 3,5% más que el presupuesto inicial de 2026. Sin embargo, su composición plantea una señal preocupante. Según la propia sustentación ante el Congreso, el gasto corriente aumentará en 11.087 millones de soles, mientras que el gasto de capital disminuirá en 635 millones de soles.

Aquí está el problema central. Si queremos estimular el crecimiento económico, resulta difícil justificar un presupuesto que expande gastos permanentes y reduce precisamente el componente que incrementa infraestructura y capacidad productiva. Más remuneraciones, pensiones y obligaciones corrientes pueden ser necesarias, pero no generan por sí solas el aumento sostenido de productividad que el país necesita.

Hace falta un shock de inversión pública

El Perú debería aprovechar su relativamente bajo endeudamiento público y su estabilidad macroeconómica para ejecutar un programa extraordinario y focalizado de inversión pública.

No propongo gastar por gastar. Propongo seleccionar proyectos de elevada rentabilidad social que ya tengan expediente técnico o un alto nivel de maduración: carreteras nacionales y departamentales, infraestructura de agua y saneamiento, prevención de desastres, hospitales, colegios, riego, conectividad digital y transporte urbano.

Pero hay una condición fundamental: ejecución eficiente. El problema peruano no es únicamente escasez de recursos. También es incapacidad para ejecutarlos. En el Congreso se ha advertido que a mayo de 2026 la inversión pública había ejecutado solo alrededor del 35% y que anualmente quedan montos significativos sin utilizar. Por eso, el shock debe acompañarse de gerentes de proyectos, contratos estandarizados, control concurrente y rendición de cuentas.

No existe contradicción entre seguridad y crecimiento

El error conceptual consiste en presentar seguridad, prevención climática y crecimiento como prioridades excluyentes.

No lo son. Una economía que crece crea empleos. Más empleo reduce vulnerabilidad social. Más actividad económica eleva la recaudación. Una mayor recaudación permite financiar sosteniblemente policía, justicia y prevención. El crecimiento no compite con la seguridad: la financia. Y la inversión preventiva frente a El Niño tampoco compite con el crecimiento: forma parte de él. Tan simple como eso.

Conclusiones

El Perú necesita políticas de seguridad para combatir frontalmente la delincuencia y prepararse para los efectos del fenómeno de El Niño. Pero concentrar la agenda gubernamental casi exclusivamente en emergencias es un grave error de política económica. La economía necesita simultáneamente un tercer frente aún más importante: reactivación e inversión.

Crecer 2,9% puede evitar una recesión, pero no cambia el país. No resuelve la informalidad, no genera suficientes empleos productivos y no permite cerrar las enormes brechas sociales y de infraestructura.

El Perú no está en guerra, pero sí libra una batalla contra el atraso, la informalidad, la inseguridad y la pobreza. Y esa batalla no se gana solamente con policías, militares o decretos de emergencia. Se gana principalmente, con inversión, productividad y empleo.

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