Alfonso Velásquez / Agroindustria: motor de la diversificación


Expoalimentaria acaba de confirmarlo una vez más: el mundo quiere alimentos peruanos. Compradores de todos los continentes recorrieron los pabellones buscando superalimentos, frutas congeladas, conservas, granos andinos y menestras con trazabilidad y calidad certificada. La demanda está ahí. La pregunta incómoda es otra: ¿tenemos la oferta para atenderla?
La respuesta honesta es que todavía no. Y no la tendremos si seguimos creyendo que la demanda, por sí sola, genera producción. Una carta de intención firmada en una feria no siembra una hectárea ni instala una línea de proceso. Sin fomento productivo, esa gran demanda será una oportunidad perdida que capitalizarán nuestros competidores.
Por eso sostengo que la agroindustria debe guiar el desarrollo productivo y la diversificación del Perú. Es ella la que transforma, agrega valor, cumple los requisitos del mercado y conecta al pequeño agricultor con el consumidor final. Para que cumpla ese rol necesitamos una conducción clara: PRODUCE como rector tutelar de la transformación industrial, y el MIDAGRI integrando y liderando las acciones complementarias de abastecimiento en el campo. Dos ministerios, una sola estrategia.
El eslabón que articula todo es la empresa ancla. Es ella la que conoce el mercado, negocia con el comprador y organiza la siembra por contrato con la pequeña agricultura y la agricultura familiar. Pero esa articulación cuesta: brindar asistencia técnica, entregar material genético de calidad, adelantar compras para que el productor pueda sembrar, acompañar la cosecha y garantizar la trazabilidad del producto. La empresa ancla asume esos riesgos y costos antes de vender un solo kilo.
Aquí está el nudo del problema: el financiamiento. PRODUCE tiene que generar los recursos, mecanismos y herramientas financieras que permitan a las empresas ancla impulsar la oferta. Hablo de líneas de crédito oportunas para capital de trabajo de campaña, fondos de garantía que cubran el riesgo de la siembra por contrato, financiamiento para adelantos de compra al agricultor y esquemas de cofinanciamiento para asistencia técnica. Sin dinero a tiempo, la mejor intención se queda en el papel. En agricultura, el dinero tardío es dinero inútil: la siembra no espera.
Hay un segundo frente que no podemos descuidar: el mejoramiento de la capacidad industrial. El mercado exige certificaciones, inocuidad, sostenibilidad y tecnología de proceso. La pequeña y mediana industria necesita financiamiento para modernizar plantas, incorporar congelado, deshidratado y conservas de alto estándar, y obtener las certificaciones que abren las puertas de los grandes compradores. Transformar con los lineamientos del mercado es la única forma de capturar el valor aquí y no exportarlo en bruto.
Los incentivos deben premiar la articulación: a quien siembra por contrato con pequeños productores, a quien transfiere tecnología, a quien diversifica hacia nuevos cultivos y nuevas regiones. Así, y solo así, la demanda internacional se convierte en ingreso para la familia campesina, en empleo rural y en descentralización real.
El Perú ya ganó la vitrina. Ahora tiene que ganar la chacra y la planta. Eso exige visión de Estado, conducción institucional y, sobre todo, financiamiento oportuno. Expoalimentaria nos abrió la puerta; depende de nosotros cruzarla.




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