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Alfonso Velásquez / Segundo salto del arándano 

Foto del escritor: Alfonso Velásquez
Alfonso Velásquez
hace 32 minutos
3 min de lectura

El segundo salto del arándano peruano

El Perú ya demostró que puede conquistar el mundo con un fruto que hace apenas unas décadas era prácticamente desconocido para nuestra agricultura. En 2025 exportamos 373.514 toneladas de arándanos por US$2.457 millones.

 

Es una historia extraordinaria. Pero toda historia de éxito tiene una siguiente pregunta: ¿cuál es el próximo salto?

 

La respuesta puede estar en mirar el arándano de otra manera. No solamente como fruta fresca. No solamente como fruta congelada. Sino como una plataforma de ingredientes, moléculas y productos de alto valor.

 

Las tendencias mundiales están transformando la industria alimentaria. Crece la demanda por alimentos funcionales, ingredientes naturales, productos convenientes, colorantes de origen natural, bebidas con atributos nutricionales y soluciones que combinen alimentación, bienestar y sostenibilidad.

 

Y aquí el arándano tiene algo especial: no debemos mirar solamente el fruto, sino qué contiene y qué podemos hacer con cada uno de sus componentes.

 

Las antocianinas, responsables de buena parte de su característico color, constituyen una de las familias de compuestos de mayor interés para desarrollar extractos e ingredientes naturales. Los polifenoles y ácidos fenólicos abren otras posibilidades de investigación y formulación. La fibra y la pectina pueden convertirse en ingredientes para alimentos con nuevas propiedades tecnológicas y nutricionales.

 

Eso cambia completamente la ecuación.

Podemos pensar en extractos ricos en antocianinas para coloración natural de alimentos y bebidas; polvos de arándano para formulaciones alimentarias; concentrados, purés y pulpas; ingredientes para bebidas funcionales; fibra y pectina recuperadas del procesamiento; y formulaciones que aprovechen conjuntamente los compuestos bioactivos y la matriz del fruto.

 

Y hay una oportunidad todavía más interesante: la economía circular.

El bagazo que queda después de obtener jugos o purés conserva una cantidad importante de antocianinas, polifenoles y fibra. Su aprovechamiento puede abrir oportunidades para ingredientes funcionales, colorantes naturales, alimentos enriquecidos, bebidas, materiales y sistemas de empaque.

 

Es decir, podemos pasar de una lógica de “fruta que se vende” a una lógica de “biomasa que se valoriza”.

 

El desafío peruano ya no debería ser únicamente producir más toneladas. Debe ser descubrir cuántos productos, ingredientes y soluciones podemos obtener de cada tonelada.

 

Ahí está el verdadero segundo salto.

La agricultura peruana ha demostrado que sabe producir para el mundo. Ahora necesitamos demostrar que también sabemos investigar para el mundo, transformar para el mundo y desarrollar ingredientes para el mundo.

 

Eso exige conectar a nuestros productores con empresas agroindustriales, universidades, centros de investigación, laboratorios y mercados internacionales. Necesitamos investigación aplicada que identifique las variedades con mejores perfiles de antocianinas, polifenoles, fibra y otros componentes; tecnologías que permitan extraerlos y estabilizarlos; y empresas capaces de convertir esos descubrimientos en productos comercializables.

 

El mercado debe ser el driver.

No se trata de inventar productos para después buscar quién los compre. Se trata de observar hacia dónde está evolucionando la demanda mundial y preguntarnos: ¿qué podemos producir en el Perú para responder a esa demanda?

·       El primer salto convirtió al Perú en potencia mundial del arándano.

·       El segundo puede convertirnos en una plataforma mundial de ingredientes y productos de valor agregado derivados del arándano.

·       Porque la verdadera revolución productiva no consiste solamente en producir más.

·       Consiste en producir mejor, transformar más, aprovechar integralmente y capturar mayor valor.

 

El arándano peruano ya conquistó los mercados.

Ahora tenemos que conquistar algo todavía más importante: el valor que todavía está dentro del arándano.

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