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Arturo Granados / Shock a la vacunación Covid-19

Somos una potencia mundial en vacunación COVID-19 con el gran desafío de superar la realidad de 3 millones de personas totalmente desprotegidas (sin ninguna dosis), cerca de 5 millones de personas desprotegidas (una sola dosis), 8 millones y medio de personas insuficientemente protegidas (con sólo dos dosis), sólo 31% de niños de 12 a 17 años -cautivos en sus escuelas- con tres dosis, y una cobertura de 21.3% de la población objetivo con cuarta dosis.


El Perú ocupa, desde el 31 de marzo 2022, el cuarto lugar en Las Américas en el ranking de vacunación COVID-19 [1]. Supera el promedio de los países de la Unión Europea, de los países de renta media y renta alta, y a muchos países con sistemas de salud más robustos y con muchos mayores puntos de PBI dedicados a la salud pública. Esta es una de las luces de nuestra lucha contra el SARS-CoV-2. No obstante, muchos países están a punto de pasarnos porque mantienen el ritmo.



La Comisión de Salud del Congreso aprobó por unanimidad un informe de seguimiento de la vacunación COVID-19 [2] que destaca los avances, los temas críticos y plantea un conjunto de recomendaciones de urgente aplicación. Sus principales conclusiones son:


1) El país ha demostrado un buen desempeño en la evaluación de las vacunas que han ingresado al país. Las que utilizamos son eficaces y seguras.

2) El Perú está realizando esfuerzos importantes en la farmacovigilancia de las vacunas COVID-19 y su tasa de notificación de ESAVI tiene un buen desempeño comparado con los países de Las Américas.

3) Existe una visible ausencia de investigaciones que ayuden al país a adoptar decisiones de selección de vacunas basadas en evidencias poblacionales de seguridad y efectividad de las vacunas.

4) El Perú respecto a los países de la región tiene un desempeño muy destacado en lo referente a dos dosis de vacunación, por encima de países con sistemas de salud más robustos.

5) Se han realizado esfuerzos comunicacionales importantes, pero la envergadura y el enfoque de trabajo ha estado circunscrito a campañas de comunicación, principalmente, sin contar con una estrategia de comunicación para cambio de comportamientos COVID-19, lo que ha limitado enormemente la eficacia de la estrategia de salud pública frente a la pandemia.

6) El país tiene un stock de vacunas disponible y capacidades que le permitirán colaborar con la salud global como parte de su política de salud pública.

7) La situación y tamaño de las mermas o pérdidas y los vencimientos de vacunas COVID-19 son el lado más opaco de nuestro proceso de vacunación.

8) Se ha elevado desproporcionalmente los márgenes de merma de 40% a 70%, lo que lleva al riesgo de sobre desperdicio y de camuflar vencimientos como mermas, además de alentarse ineficiencia en el uso del bien público.

9) Opacidad en la política de refuerzos. Al parecer las decisiones se basan en el sobre stock y no en la rigurosidad científica. El manejo de las dosis de refuerzo, particularmente la cuarta, se realizan con una celeridad aparentemente política y no técnica.


La Comisión de Salud hace propuestas atinadas, que van al centro del objetivo de salud pública: lograr lo más pronto posible un nivel alto de protección poblacional frente al SARS-CoV-2. Sus principales recomendaciones son:


1) Alentar esfuerzos de veeduría ciudadana, como parte de los mecanismos disponibles para favorecer la gobernanza de las autorizaciones oficiales de las vacunas que ingresan al Perú, y realizar reportes comunicables para la ciudadanía no especializada, actuando la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (DIGEMID) como un ente promotor de información para los ciudadanos y los medios de comunicación, de modo que se refuerce la confianza en las vacunas COVID-19.

2) Conformar de una comisión regional ad hoc especial (Las Américas) para establecer los criterios y realizar las evaluaciones de las tecnologías de las vacunas para orientar la selección y la apuesta tecnológica de los países de las regiones, aunque las compras puedan seguir siendo nacionales.

3) Fortalecer y diversificar la oferta de servicios de vacunación, incluyendo la vacunación en espacios comunitarios (como las escuelas).

4) Declarar el 2022 como el año de la comunicación y movilización comunitaria para lograr los niveles de cobertura necesarios de vacunación COVID-19, y asignar recursos excepcionales para la comunicación del cambio de comportamiento y la activación de agentes comunitarios de salud.

5) Elaborar e implementar un Decreto de Urgencia para asignar recursos excepcionales al MINSA, las Direcciones de Redes Integradas de Salud (DIRIS) y los gobiernos regionales para financiar la implementación de la estrategia de comunicación/ movilización comunitaria, de manera análoga a lo asignado el 2021 para adquisición de vacunas y contratación de brigadas de vacunación.

6) Implementar, como parte de la estrategia de comunicación para cambio de comportamientos y basados en la experiencia de mantenimiento de escuelas públicas, transferencias a establecimientos de salud para las acciones de movilización comunitaria de seguimiento domiciliario a personas que aún no se vacunan o reciben todas sus dosis, para un estipendio a Agentes Comunitarios de Salud que les permita movilizarse y cubrir los gastos operativos del trabajo en comunidad

7) Desarrollar, por motivos de salud pública y seguridad sanitaria nacional, una estrategia de cooperación Sur-Sur para contribuir a un mejor efecto protector global, dada la naturaleza de la pandemia, de modo que se contribuya a superar la pobre disponibilidad de vacunas en sistemas de salud más débiles, sobre todo los africanos, además de Haití. Privilegiar en la estrategia el trabajo con el mecanismo de COVAX Facility de la Organización Mundial de Salud (OMS). Esta estrategia debe incluir la definición de una donación programada de vacunas -sin que el móvil sea el riesgo de vencimientos- y acompañamiento técnico a países más débiles en sus sistemas de inmunizaciones. El Perú está en condiciones de hacerlo, y la realización de este propósito redundará en la capacidad nacional.

8) Revisar y perfeccionar las exigencias y el sistema que evite el sobre desperdicio, aunque se tenga una dotación abundante de dosis de vacunas en stock. Revertir los márgenes tolerados de factor de pérdida o mermas para evitar el desperdicio sistemático.

9) Realizar una auditoría especial para identificar la cifra real de vencimientos de vacunas, incluidas las pediátricas, y el número exacto de vacunas pérdidas (permitidas formalmente como Factor Pérdida – FP), identificando el traslape entre FP y vencimientos, frente a la hipótesis de un riesgo de camuflaje de vencimientos en pérdidas.

10) Adaptar la funcionalidad del tablero de datos del Repositorio Único Nacional de Información en Salud (REUNIS) para crear informes automáticos que incluyan indicadores de gestión del rendimiento de la cadena de suministro a todos los niveles (factor de reservas existentes y pérdidas a nivel local).

11) Aclarar la política de refuerzos y distinguirla rápidamente de la gestión de los stocks disponibles.


Suena razonable analizar las conclusiones y recomendaciones del informe de la Comisión de Salud y adoptar decisiones audaces para lograr el objetivo que la vacunación, sobre todo porque recientes estudios van documentando los riesgos y efectos asociados post infección SARS-CoV-2 [3]. Minimizar las cosas como si estuviéramos ante una simple gripe no suena sensato. Enfrentamos el desafío de los tramos más difíciles de cobertura y es el momento de la audacia con un sistema de salud que sí puede.


Referencias:

[1] https://ourworldindata.org/covid-vaccinations

[2] Comisión de Salud y Población. Informe del Grupo de Trabajo de Seguimiento y Fiscalización de la Vacunación COVID-19. Avances, temas críticos y recomendaciones para lograr la protección poblacional frente al SARS-CoV-2 en el Perú. Julio, 2022.

[3] Maxime Taquet, Rebecca Sillett, Lena Zhu, Jacob Mendel, Isabella Camplisson, Quentin Dercon, Paul J Harrison. Neurological and psychiatric risk trajectories after SARS-CoV-2 infection: an analysis of 2-year retrospective cohort studies including 1284437 patients. Lancet Psychiatry 2022.


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