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César Ferradas / Democracia: ¿Fin o Medio?


Desde un enfoque gerencial, Hace ya algún tiempo, Richard Webb nos regaló con un delicioso artículo en el cual cuestionaba la legitimidad del mandato presidencial comparándola con la contratación de un mal mayordomo. Coloquial, sencilla, ilustrativa y esclarecedora comparación. Primero por el concepto de servicio (mas que servirse) del “servidor” y segundo por el cuestionamiento del desempeño del mismo.


Veamos ahora el mismo mensaje esbozado por Webb, desde una perspectiva mas “gerencial” que cuenta con muchos admiradores. Admiración tanto por la connotación de eficiencia, liderazgo, dirección, obtención de resultados concretos que la rodea; así como también por la tendencia de algunos de pensar en el país como una “empresa.”


Analogía ésta, que podría ser aceptable siempre y cuando identifiquemos a los accionistas de la misma con toda la comunidad vinculada (stakeholders), es decir, todos los peruanos y no sólo con los tradicionales “dueños del país.”


Imaginemos entonces, esta empresa cuyos accionistas se reúnen, analizan, discuten y comparan entre varios prospectos que postulan al cargo de máximo ejecutivo; y que, luego de lo cual, eligen a su Gerente General, por un periodo, no digamos de 5 años - si no lo que es mas usual- por plazo indefinido.


Imaginemos luego que -después de transcurrido un tiempo (meses y no años)- este Gerente General, investido de todos los poderes delegados por los accionistas tiene un desempeño, no solamente pobre, sino catastrófico para los intereses de la empresa percibiéndose claramente que no solamente tendrá resultados negativos, sino que también pone en peligro la estabilidad y la existencia de la institución.


¿Cuál sería la reacción de los accionistas? ¿Alertar a la dirección de los problemas que percibe? ¿Solicitar a los miembros del directorio el enmendar los rumbos? ¿Proponer un plazo razonable para modificar las acciones gerenciales? ¿Exigir la renuncia irrevocable del gerente? o ¿Esperar pacientemente la debacle organizacional?


No me cabe la menor duda que, agotados los esfuerzos por deshacer los entuertos que la administración ha cometido, los accionistas pedirían la destitución inmediata no sólo del gerente sino también del propio directorio.


Analicemos ahora las similitudes políticas del análisis empresarial planteado. El presidente es comparable con el gerente general. Máximo ejecutivo, único y total responsable de la gestión. Recordemos que la autoridad se delega, pero la responsabilidad es indelegable.


En un sentido lato, extenso, y con las diferencias necesarias que no son mas que disquisiciones políticas, el parlamento puede ser identificado como el directorio empresarial. Aquel grupo de personas sobre las cuales los accionistas han delegado la función de legislar (orientar, planear, señalar) las políticas nacionales, así como las de fiscalizar la ejecución de las mismas.


Pues bien, si las cosas van mal, como lo creemos el 86% de la población, exijamos que el parlamento tenga el coraje y sobre todo la responsabilidad ante la historia de remover al presidente, antes de que sea demasiado tarde, y probablemente ya lo es.


De no hacerlo, la población desencantada, angustiada del día a día, y sin esperanzas a la vista puede escuchar los cantos de sirenas y no sólo pedir la revocatoria del mandato presidencial sino también la del propio parlamento, poniendo en real peligro la democracia. Hemos escuchado voces sensatas advirtiendo sobre esta situación, no creo conveniente ni sensato el desoírlas.


Y no nos vengan ahora con la historia de que hay que defender la democracia. La democracia es un medio (el mejor, aún con todos sus defectos, y talvez el peor de ellos sea éste de no poder corregir a tiempo sus errores). La democracia es un medio y no un fin. El fin de todo sistema de gobierno es trabajar denodadamente por alcanzar el “bienestar común y la seguridad nacional”, como bien puntualizó el general José del Carmen Marín, fundador del Centro de Altos Estudios Militares (CAEM), ahora Estudios Nacionales (CAEN). Quien también acuñó la frase “las ideas se exponen, no se imponen”, como una alerta no solo a los apetitos castrenses, sino también a los extremistas de ambas tendencias.


Considerando, sin embargo, que sin bienestar nunca se podrá alcanzar la seguridad nacional, ya que una sociedad sin nada que defender es presa fácil de los voraces apetitos subalternos de grupos de poder ya sean estos tanto externos como internos.


Salvemos la democracia, salvando al país en democracia.


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