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César Ferradas / Productividad Ética (2 de 2)


POR SUS FRUTOS...los conoceréis. Veamos algunos ejemplos de productos que dejan mucho que desear: dentífricos llenos de aire, pinturas tóxicas, botellas de gaseosas no del todo llenas, gasolinas o petróleos contaminantes, aceites comestibles que más bien son combustibles, papeles higiénicos con aros enormes recortados en una pulgada y reducidos en tensión de carga, panes con bromato, medicinas obsoletas descartadas en el primer mundo, cebiche de corvina (perico), zapatos de "cuero aglomerado", cámaras de video reconstruidas, ductos de gas de desecho, intereses financieros leoninos, jubilados sin jubilación, leche fresca reconstruida, agua impotable, abogados tinterillos, jueces sin juicio, cervezas foráneas envasadas en la capital y viceversa, diarios amarillos que trasforman noticias, encuestas manipuladas, entre otros casos de productos "no éticos".


Y si estos casos suceden, a vista y paciencia de consumidores, legisladores y autoridades, dentro de la actividad "formal", no nos horroricemos con lo que pasa con aquellos productos "bamba". ¿O es que estamos jugando al "yo te engaño, tú me engañas", sin ser conscientes?


Queda en cada uno de nosotros verificar si el producto ofrecido es o no ético. Y no es un asunto de legislación, supervisión o control policial. Debe nacer de cada uno de nosotros y no es una invocación al buen corazón de los "empresaurios", sino a su bolsillo. Porque un comportamiento ético sostenido, realmente creíble no sólo consigue nuevos clientes, sino que fideliza a los antiguos.


Un producto ético (aquel que realmente otorga el beneficio que ofrece, a un precio razonable) puede convertirse en un producto “Premium” que automáticamente, - aun sin “márketing” pomposo ni engañoso - sería altamente popular y de enorme demanda. Tomemos el caso del diésel ecológico, que lo único que tienen de "maravilloso" es cumplir con las normas mínimas de contenido de azufre, para evitar la sobre polución del ambiente, y que han generado una gran demanda, pese a su mayor precio, y lo curioso es que los mayores usuarios son los taxistas que han comprobado el rendimiento en la potencia y la limpieza de sus motores.


Preguntémonos ahora: de tener a nuestro alcance un producto "legal" con todas las características intactas contenidas en su oferta, versus otro "no tan ético" como los ya mencionados, ¿cuál elegiría usted, señor consumidor? Si queremos obtener una ventaja comparativa perdurable, que mejore el valor de nuestras organizaciones, pensemos en un liderazgo basado en valores con un comportamiento ético, traducido en el producto y asociado al beneficio de toda la comunidad vinculada de la empresa.


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