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Carlos Ginocchio / El lenguaje del fútbol


El fútbol es la actividad, y el deporte que más seguidores tiene en el planeta. La auditoría de audiencia del mundial de Rusia revela que 3,572 millones de personas lo siguieron por televisión y plataformas digitales, y 1,120 millones vieron la final. Ningún actor, deportista, cantante o político congrega esa cantidad de público, y me atrevería a decir que ninguna religión tiene tal cantidad de adeptos.


Los países de habla hispana y portuguesa congregan 800 millones de personas, y en ellos el fútbol es el deporte rey. Hay quienes dicen que se puede cambiar de residencia, trabajo, religión y hasta de cónyuge, pero es imposible trocar el equipo de fútbol del cual se es hincha. ¿Se imaginan un fanático de Boca Juniors renegando de los xeneixes y halagando a los millonarios del River Plate?, de igual forma con la “U” y el Alianza Lima en Perú, Flamengo y Fluminense en Brasil, Peñarol y Nacional en Uruguay, Barcelona y Emelec en Ecuador, Colo Colo y Universidad de Chile, Cerro Porteño y Bolivia en Paraguay, Nacional y América en Colombia, Real Madrid y Barcelona en España, Juventus y Milan en Italia, Bayer Munich y Dortmund en Alemania, o Manchester United y Liverpool en Inglaterra.


Es tal el atractivo del fútbol que el ente que lo dirige, la Federación Internacional de Fútbol Asociado-FIFA, tiene más países y afiliados que la Organización de Naciones Unidas-ONU: 211, que se rigen por las normas de la FIFA, prohibiendo cualquier intervención de los países en su reglamentación. El hechizo y la seducción del fútbol que lo hacen popular está no sólo en la facilidad de practicarlo, pues basta colocar dos piedras como portería y, si no hay pelota de cuero o plástico, es suficiente una lata de lustre para el calzado, pero creo lo más importante de su fascinación es que permite el lucimiento de la habilidad tanto como la potencia física y la ‘garra’, o sea las ganas de ganar, y puedes convertirte en diestro, independiente a la estatura, peso, raza o condición económica. Además, el hecho de una camiseta posibilita una identidad, como si de un país se tratara. ¿Hay alguna duda que el fútbol es la única actividad que une e integra a todos los peruanos sin importar su procedencia?


Soy un convencido de la importancia de la buena utilización del lenguaje, aunque reconozco que cada profesión, oficio, o grupo adopta términos propios que, en la mayoría de ocasiones, sólo quienes pertenecen o tienen interés en los mismos, las reconocen. Cuando comencé a ver fútbol, en realidad a escucharlo en la década de los 60’ del siglo pasado, la estrella de la radio era ‘Pregón Deportivo’ de Oscar Artacho y Miguel de los Ríos, programa que se había iniciado en 1948, y debía su nombre a que ‘no leían ni comentaban las noticias, sino que las pregonaban’. Las acciones del deporte se identificaban con marcas, como ‘Gol Gillette’ o ‘Corner cigarrillos Rumbo’. Era una época donde los nombres ingleses estaban en boga: el portero era el goalkeeper, el puntero era el wing, el volante era el half, el defensa el back, el tiro de esquina el corner, y la falta era el faul.


Posteriormente, fueron tres periodistas quienes inventaron frases que permanecieron grabadas en la historia: Humberto Martínez Morosini con ‘el rincón de las ánimas, ‘la gordita’, y ‘aquí no pasa nada’; Augusto Ferrando con ‘no nos ganan’, y Pocho Rospigliosi con ‘ya vienen los goles de Cubillas’. En épocas recientes, Daniel Peredo con ‘un gol más va a haber’, y ‘los palos son así, a veces juegan para el delantero, a veces para el arquero’, y Toño Vargas con ‘la hora es la hora’.


Lo simpático es que la mayoría de expresiones del fútbol tienen otro significado en el lenguaje común, y quienes no son aficionados al deporte, no podrían entenderlas: portero (vigilante de la entrada a un local), conductor (chofer), volante (timón), arquero (dispara flechas), hinchada (abultada), mano (parte del cuerpo humano), banquillo (respaldo para sentarse), área (superficie), lateral (lado), larguero (palo a lo largo), y así con ‘taco’, y ‘prórroga’, entre otras.


Un enigma que no he podido resolver hasta la fecha es, por qué si el deporte y el fútbol nos une a todos los peruanos, cuál es el motivo por el cual los sucesivos gobiernos no invierten más en éste, o utilizan a los principales exponentes para transmitir a la población los mensajes de cuidado para combatir el Covid. La única palabra que tiene significación universal es GOL, el símbolo del éxito, del triunfo. De hacerlo, como decía don Humberto: ¡No nos ganan!


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