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Carlos Ginocchio / La presidencia del Perú (1 de 7)


A raíz de los recientes sucesos que condujeron a la vacancia de un presidente y la renuncia de quien lo reemplazó, se han realizado numerosos comentarios sobre el escaso tiempo que estuvo el segundo y sobre la estabilidad jurídica del país. “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla” es una frase atribuida por algunos a Napoleón Bonaparte, y por otros al filósofo y ensayista español del siglo XIX, George Santayana, por lo que decidí realizar una investigación sobre la presidencia de nuestro país, apelando a las obras de Basadre, Vargas Ugarte y la web de Wikipedia, para conocer el perfil de quienes nos han gobernado y las condiciones de sus mandatos:


Desde que el 3 de agosto de 1821 en Cabildo Abierto de Lima se proclamó a José de San Martín y Matorras como Protector del Perú, convirtiéndolo en el primer mandatario de nuestra época republicana, 88 personas se han ceñido el fajín presidencial en 140 gobiernos, considerando que algunos de ellos ejercieron más de un período presidencial, lo cual implica que hemos tenido un presidente, en promedio, durante un año y cinco meses. No estoy considerando, entre los 88, a Máximo San Román y Mercedes Araoz - proclamados por los Congresos disueltos por Fujimori y Vizcarra, en 1992 y 2020 - como tampoco a los vicepresidentes que sustituyeron por viaje a nuestros presidentes, desde Belaúnde en 1963 hasta la fecha.


¿Cómo alcanzaron la presidencia estas 88 personalidades?, de diferentes maneras: a) elecciones populares, b) golpes de Estado, c) designación del Congreso, Asamblea Constituyente, Cabildo Abierto o del presidente en funciones para que lo reemplace d) fallecimiento o ausencia del presidente, y e) Junta de Notables.


Hemos tenido mandatarios de diversas profesiones: cincuenta y cinco (63%) fueron militares y uno de ellos, también abogado (García Calderón), doce fueron abogados, y entre estos siete eran magistrados, dos diplomáticos, y un teólogo. Siete fueron empresarios y cinco de ellos provenientes del sector agrario (Menéndez y Gorozábal, Domingo Elías, Manuel Costas, Manuel Candamo, y Samanez Ocampo), y uno además de empresario, periodista (Billinghurst). Cinco fueron ingenieros, el primero de ellos Eduardo López de Romaña, por elección popular en 1899, dos ingenieros civiles (Manuel Prado y Martín Vizcarra), un ingeniero agrario (Alberto Fujimori) y un ingeniero industrial (Francisco Sagasti).


Tres fueron economistas (Augusto B. Leguía, Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczinsky). Dos fueron sacerdotes (Luna Pizarro y el franciscano Mariano Holguín, este último durante un día). Un médico (Hipólito Unanue). Un teólogo (Braulio del Camporedondo). Un arquitecto (Fernando Belaúnde), y uno con estudios universitarios inconclusos de agronomía; es decir, si bien los militares han tenido preeminencia en el gobierno nacional, hemos tenido mandatarios de diez profesiones, por lo que una formación específica no necesariamente produce un buen mandatario.


Una creencia que me propongo desterrar es la del centralismo en el origen presidencial. Veintinueve de los presidentes nacieron en Lima, pero cincuenta y nueve, fuera de la capital, e incluso del país. Un argentino (San Martín), un venezolano (Bolívar), uno nacido en Cuenca, Ecuador (Sucre), hasta un chileno (Ramón Herrera, presidente del estado Sud Peruano en el período 1837-38), y uno nacido en La Paz, cuando formaba parte del Virreinato de Río de la Plata (Santa Cruz).


Cinco nacieron en territorios que hoy no pertenecen al Perú: Tarapacá (Ramón Castilla y Remigio Morales Bermúdez), Arica (Unanue y Billinghurst), e Iquique (Gutiérrez de la Fuente), pero los restantes cuarenta y nueve nacieron fuera de nuestra capital, en diecinueve regiones: once en Arequipa, cinco en Cuzco, cinco en Piura, tres en Ica, tres en Puno, dos en Lambayeque, dos en Moquegua, dos en Lima provincias (Chancay y Supe), dos en Amazonas, dos en Cajamarca, dos en Apurímac, dos en Junín, uno en La Libertad, uno en Tacna, uno en Huánuco, uno en Ayacucho, uno en Pasco, uno en Ancash y uno en Tumbes. La conclusión es que no podemos afirmar que la presidencia se centraliza en Lima, pues los provincianos han sido casi el doble que los limeños.


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