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Carlos Ginocchio / Democracia (al) final


Winston Churchill afirmó que “la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”; es decir, no es el mejor, sino el menos malo, casi como las segundas vueltas electorales peruanas.


Las principales condiciones de una democracia son la limitación por un Estado de derecho, Constitución y una ley común, autonomía de poderes públicos, libertad de información y expresión, garantía que los ciudadanos tengan los mismos derechos y obligaciones, pluralismo, tolerancia, y el voto universal, secreto, y libre, por mencionar las más significativas.


¿Se cumplen exactamente estas condiciones en las democracias más representativas? Aunque estas respetan sus sistemas establecidos, un observador podría criticar su ejecución. En Estados Unidos el presidente electo es quien obtiene más colegios electorales, y no más votos. En las elecciones del año 2000, Bush derrotó a Gore, aunque este último lo superó por 543,895 votos. España e Italia no eligen como presidente del Gobierno al representante del partido más votado, sino a través de la elección de los parlamentarios.


Holanda también es una democracia parlamentaria. En Gran Bretaña, el primer ministro es el líder del partido con mayoría de escaños. Los gobernantes no son los que cuentan con la mayor cantidad de votos individuales, y cuando lo son, no necesariamente cuentan con simpatías mayoritarias, que les aseguren estabilidad. En la primera vuelta de las elecciones peruanas en 2021, 40% de los electores no acudieron o votaron nulo/en blanco, por lo que los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta, en realidad contaban con el apoyo de 11% y 8% del total de electores, cantidad que de ninguna manera refleja una identificación importante.


En países como Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Corea del Norte, Rusia, y China, pese a que algunos celebran elecciones, no se puede hablar de Democracia, y en ellos residen 1,700 millones de habitantes, 22% de la población mundial. Considerando las 44 monarquías en el planeta (absolutas y constitucionales), la mitad de los habitantes del mundo no viven en regímenes democráticos. En aquellos países donde el sistema democrático convive con una monarquía: ¿es ético o aceptable, que un país demócrata mantenga una realeza que le cuesta millonadas, manteniendo una casta con prebendas más allá de lo necesario de un hogar normalmente acomodado? Según Royal Household, en 2020, la monarquía británica le significó al Estado, US$ 96 millones.


Según ‘The Economist’ (edición 2021), ‘menos de la mitad de la población del planeta (45%) vive en algún tipo de democracia, 37% en un régimen autoritario’. El índice de Democracia en 2021 se redujo desde 5.37 (sobre 10) hasta 5.21, debido a “las medidas impuestas por los diferentes gobiernos para frenar la expansión del virus, los ataques a la libertad de expresión y la ausencia de transparencia en las políticas de contención”.


Agrega que solo 47 países mejoraron sus condiciones democráticas, mientras que 74 estados retrocedieron respecto a 2020, y culmina estableciendo 21 democracias plenas, 53 imperfectas (corrupción o problemas en el funcionamiento del gobierno y las normas jurídicas existentes no son suficientes para eliminar fenómenos como la pobreza, la violencia y la corrupción), 34 híbridos (democracia popular, con instituciones formalmente democráticas que maquillan el autoritarismo), y 59 autoritarios.


Para Arturo Pérez-Reverte “no hay verdadera democracia, si no hay cultura”, y “toda democracia inculta es una casa de putas”, agregando que “hace falta un votante lúcido, crítico, con capacidad analítica de la realidad lo bastante intensa para que su voto signifique algo.


Y no sea lo que le dice el político de turno el spot de turno, su cuñado, su confesor, o su amante”, pues un pueblo no educado es manipulable; aunque generalmente una sociedad educada tiende a ser más próspera, no es una regla estricta, como tampoco lo es que la desigualdad genera fricciones, pues en Singapur (puesto 45 Ginis), la renta media del estrato 20% más rico es 12 veces mayor que la del 20% más pobre, pero el ingreso per cápita es US$ 60,000 anuales. El objetivo está en incrementar los ingresos de los menos favorecidos a niveles que les permitan atender, con calidad necesidades de educación, salud, vivienda, alimentación, esparcimiento, y ahorro.


Bien decía Manuel Odría que “la democracia no se come”. Mientras la población no tenga un empleo que le permita un nivel de vida digno y con seguridad, los temas de libertades de expresión y comunicación, pasan a segundo plano. Mi percepción es que en el futuro existirán dos tipos de países: modelos como el venezolano o nicaragüense con sus ‘democracias irreales’ (híbridos) y pobreza abundante, y aquellos como China, con regímenes capitalistas en lo económico y absolutistas en lo político, buscando otorgar ingresos a sus poblaciones, aún sacrificando las libertades, y manteniendo el orden, hoy afectado en la mayoría de países democráticos, donde la libertad se confunde con libertinaje, la tolerancia con permisividad, y la excepción domina la regla.


Desearía equivocarme y el futuro sea diferente pero la realidad me desmiente. Los seres humanos buscan un trabajo con un sueldo digno y la seguridad que les permita crecer con sus familias. ‘La verdad de la milanesa’ es que los pobres no gozan de las mismas libertades que los ricos, más aún en países donde no existe institucionalidad, el enfrentamiento es corriente entre los poderes del Estado, no existen soluciones para problemas básicos, la corrupción es pan de cada día. Tarde o temprano, se acerca un caudillo o un militar.


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