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Carlos Ginocchio / El interés nacional


La mayor tristeza por la no clasificación de la selección peruana al mundial de Qatar estriba en que el escenario está dominado por la política, y si el fútbol – a decir del entrenador italiano Arrigo Sacchi - "es lo más importante de las cosas menos importantes de la vida", alegra la vida, nos hermana, distrae de la realidad, y los periodistas deportivos – los mayores asesinos del lenguaje – son más jocosos que los desabridos comentaristas políticos que todo lo saben, y de la crítica no pasan.


La manifestación más frecuente de los políticos es que su gestión está guiada, por el ‘interés nacional’, por los desvalidos, por el pueblo. Cada uno se considera un representante digno y real de la población, aunque debido a ellos el país no crecerá más de 3%, lo cual significa que no absorberá la masa de jóvenes que ingresan al mercado laboral, el crecimiento de la inversión privada es ‘0’, los precios de los alimentos por las nubes, la recuperación del empleo se dirige a la informalidad, y la delincuencia campea en todas las regiones y barrios.


Hace una década un analista económico afirmaba que la política y la economía caminaban por cuerdas separadas, ante lo cual expresé mi desacuerdo en un artículo publicado en un diario piurano. Hoy podemos apreciar cuanto depende una de otra. Los dos principales poderes del Estado, y que más influyen en la economía, cuentan con una desaprobación masiva de la población. Mientras la aprobación del presidente oscila entre 22% y 25%, la del Congreso está en 10%. Pobre consuelo de los primeros, considerando que en el Parlamento se desenvuelven 130 personas, casi 7 veces más de los integrantes del Consejo de ministros, por lo que matemáticamente es lógica una mayor desaprobación, y penosa satisfacción de los congresistas, cuando más de 30 de sus miembros están investigados por serias denuncias de todo tipo, y uno de ellos hasta sentenciado. Una peculiaridad a destacar es la defensa de la Constitución para protegerse, entre quienes solicitaban su cambio, y lo poco que les importa esta para atacar a sus opositores, entre quienes la defendían. Parodiando a madame Roland: ‘Constitución, pueblo, cuántos crímenes se cometen en tu nombre’.


En resumen, el país está ‘parado’, y como afirmaba un comentarista televisivo, los pequeños empresarios que dos años antes ganaban como ‘100’, hoy lo hacen como ‘30’ o ‘40’; es decir, sus ingresos se han reducido a menos de la mitad. Los bonos, los fondos de apoyo empresarial o para la inclusión financiera, no son suficientes. La devolución del Fonavi, una esperanza que se frustra cada día más, tampoco.


En este escenario surge la interrogante: ¿todo el país está parado?, ¿todo el país está ganando menos? La banca continúa con ingentes ingresos, y las cuatro principales instituciones financieras han reportado más de S/ 6,000 millones de utilidades brutas a agosto de este año, cobrando tasas de interés en algunas modalidades de crédito superiores a 100% anual. La poderosa empresa de telefonía, impertérrita facturando a sus clientes aún cuando el servicio se encuentre fallado y suspendido, demorando meses en la atención a los reclamos, en lo que configura un claro maltrato. El precio de los medicamentos es diez veces mayor que en otros países. Así, podría continuar con otras de las grandes empresas en los sectores de la aviación comercial, alimentos, y otros.


Estas condiciones me recuerdan la novela ‘Rebelión en la Granja’ de George Orwell, cuando los chanchos alcanzaron el poder con la promesa de tratar por igual a todos los animales, y culminaron imponiéndose como les venía en gana, publicando un letrero que decía: “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”. Ello se puede visionar en la pandemia cuando algunos líderes afirmaban nos afectaba por igual a todos, y nos encontrábamos en el mismo mar. La diferencia era que unos en un bote – con recursos para mantenerse encerrados y viajar a vacunarse al extranjero – y otros agarrados a un madero. No critico a los primeros, pues a quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga, pero no mojen que no hay quien planche, y para corregir este tipo de situaciones, - inadmisibles en una Economía Social de Mercado que en teoría establece la Constitución - no hace falta modificar la Constitución.


Observo con tristeza como se ha caído la continuación de Chavimochic y el riesgo de paralización de Quellaveco. ¿Afecta esto al Ejecutivo, al Parlamento?, de ninguna manera. Únicamente la imagen del Perú, y la posibilidad de trabajo de pobladores y agricultores. Si bien el diálogo es importante, independiente a las posiciones políticas, este no tiene sentido cuando se conoce de antemano servirá solo para la foto y no tendrá un acuerdo de solución efectiva. Elevo una plegaria para que independiente a sus enfrentamientos, tirios y troyanos resuelvan estos excesos. Ahí está el verdadero interés nacional.


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