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Carlos Ginocchio / Frases de nuestros padres (7 de 9)


Continuando con los dichos, refranes y expresiones utilizadas por nuestros padres y abuelos, hoy algunas en desuso, muchas se originaron en la España de los siglos XV y XVI, por lo que su vigencia se mantuvo – o se mantiene – por más de quinientos años.


“Más vale malo conocido que bueno por conocer” es un refrán del hombre seguro de esos tiempos, y hoy se diría del conformista, que prefiere no arriesgar lo que tiene, esperando algo que podría ser mejor. Se enlaza con “más vale pájaro en mano que cientos volando”, y tiene su oposición en “escobita nueva barre bien” aplicada a trabajadores recién ingresados que, al principio se desenvuelven correctamente.


“Hierba mala nunca muere” es una versión del dicho español "Bicho malo nunca muere", y se refiere a quienes insisten en hacer daño una y otra vez, aunque en forma jocosa también se le aplicaba a quienes se encontraban mal de salud para hacerlos sentir mejor. Proviene del sector rural español donde era difícil eliminar plagas que mataban sembríos. Tiene relación con el dicho “Genio y figura hasta la sepultura”, que ensalza las cualidades de una persona, aunque ambos refieren la imposibilidad de cambio de esta.


“A palabras necias oídos sordos” era muy usado para aconsejar ignoren ofensas, y sufrió variaciones en jerga como “a palabras sifilíticas, oídos penicilínicos”. Se relata una anécdota de George Bernard Shaw, con un desconocido que le preguntó por qué no era sastre como su padre, y la respuesta del literato fue: ‘por lo mismo que usted, hijo de un caballero, dista de serlo’.


“En boca cerrada no entran moscas” era la clave para aconsejar prudencia al hablar, y reflexión antes de una declaración de la cual nos arrepintamos. Su origen en el siglo XVI, durante el reinado de Carlos I en España, que sufría de una deformación de la mandíbula, conocida como prognatismo, lo cual le obligaba a mantener constantemente la boca entreabierta. Durante un viaje a Calatayud, un hombre que vivía en el lugar le dijo al rey: "cerrad la boca, majestad, que las moscas de este reino son traviesas". Con el tiempo su significado derivó en el actual.


“Poner los puntos sobre las íes”, implicaba dejar las cosas claras. Durante el siglo XVI, fueron introducidos los caracteres góticos en la escritura común. Los copistas adoptaron la práctica de poner una pequeña tilde sobre la ‘i’ minúscula, para evitar que la presencia de dos de estas letras seguidas fuese confundida con una "u".


“A caballo regalado no se le mira el diente” significa que al recibir un regalo no debe hacérsele observaciones, y bienvenido. Hoy se diría “del lobo, un pelo”. Proviene del comercio de caballos que, al comprarlos, es fundamental revisarles la dentadura para establecer su edad, pero si es regalado esta no importa, y sobra la inspección.


“Dios los cría y ellos se juntan”, para señalar que personas con características y conductas similares (por lo general negativas) tienden a reunirse con un mismo objetivo. De alguna manera se emparenta con ‘dime con quien anda y te diré quién eres’, y por su concepción negativa con “cría cuervos y te sacarán los ojos”, referido a personas ingratas que reciben favores y no los agradecen o los olvidan. Proviene de la costumbre de esta ave que devora cadáveres empezando por los ojos.


“Rasgarse las vestiduras” era el dicho aplicado a los hipócritas que critican y lamentan con exceso de una situación, aunque no la sientan. Homero narra esta costumbre en los funerales griegos, en que los dolientes rasgan sus vestidos para hacer público su duelo, y se presenta en varios pasajes bíblicos en los que se hace referencia a lo mismo, como el Segundo Libro de los Reyes, en el Antiguo Testamento, que dice: ‘cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos; y como pasaba sobre el muro, la gente vio el cilicio que llevaba sobre su carne’.


“Dios nos coja confesados” era una expresión utilizada para destacar la importancia de estar preparados ante un suceso o afectación grave que se avecine. De hecho, según la religión católica, si la muerte nos encuentra confesados, alcanzaremos el Paraíso, y justamente de allí proviene la frase que adquirió significación terrenal.

“Agua que no has de beber déjala correr” nos decían cuando intentábamos involucrarnos en un asunto que no nos correspondía, para evitarnos sinsabores. Es un refrán español relacionado con “zapatero a tus zapatos”, justamente dedícate a lo que es de tu incumbencia y lo que sabes realizar adecuadamente, tiene su origen en el siglo IV a. de C., en la Antigua Grecia. Refiere Plinio el Viejo que el pintor Apeles, atendiendo a la observación que un zapatero le hizo sobre la confección de una sandalia en su cuadro, rectificó la pintura. El zapatero, a continuación, siguió haciendo observaciones y críticas a la obra, lo cual exasperó al artista, que le recomendó que, puesto que era zapatero, hacía mejor en ocuparse de lo que entendía: zapatos. Adicionalmente, este último tiene relación con “quien mucho abarca poco aprieta”, expresiones que denotan la importancia de la especialización y la desventaja del ‘todismo’.


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