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Carlos Ginocchio / Help, ayúdame (3 de 3)


En 2020 apareció la publicación que establece la que podría ser una de las causas del maremágnum: ‘Los caminos de la estrategia’, de Christophe Clavé, licenciado en la Universidad de París y consultor de importantes empresas. El artículo de Aurora Herráiz Aguilar, publicado en ‘Es Diari’ de Menorca, el 4 de marzo de 2023, describe la obra mencionada: ‘el coeficiente intelectual de la población mundial que hasta los años 90 del siglo XX había crecido siempre, ha ido decreciendo notoriamente en los últimos 20 años…las causas se encuentran en el empobrecimiento del lenguaje que genera una irremediable pérdida del pensamiento complejo’, a lo que se suman ‘la desaparición gradual de los tiempos verbales, la eliminación de palabras, mayúsculas y signos de puntuación. El diccionario de la RAE contiene 88 mil palabras, y los jóvenes usan menos de 300, y de ellos, la tercera parte, emoticones y groserías. Cuantas menos palabras, menos pensamientos, con lo cual tampoco hay pensamiento crítico ni análisis’. Como resultado, ‘una sociedad hiperconectada, pero con una gran pobreza intelectual colectiva’. Hoy, recibimos más información que nunca (bombardeo de diarios, revistas, redes sociales, mensajería, correos electrónicos). No nos alcanzaría una vida para leer lo que recibimos en un solo día, pero hay quienes se orientan por los títulos y carátulas (muchas veces no reflejan los contenidos), y hasta personalidades en cargos importantes que su parecer se fundamenta únicamente en la opinión de quien consideran su arquetipo, político, social, económico, o religioso. Sin soslayar el plagio de tesis gracias a la red de internet, y por supuesto, la falta de vergüenza de los plagiarios.


El artículo culmina con una frase lapidaria de Ray Bradbury, autor de ‘Fahrenheit 451’: “no tienes que quemar libros para destruir una cultura. Sólo haz que la gente deje de leerlos”, a la cual agregaría que basta con cambiar el tipo de lectura por aquella fácil y frívolamente motivadora, como son los libros de autoayuda o de biografías de personajes cuyo aporte a la humanidad no vale un centavo. En ese ambiente, los difusores de ‘todos, todas, y todes’, encuentran un campo fértil para sus bolsillos.


Otro negocio lucrativo de nuestros tiempos son las mal llamadas religiones, más apropiadamente, las sectas, ‘movimientos minoritarios que se derivaron de las religiones, con líderes espirituales, creencias y libros sagrados diferentes’, aunque no todas son de índole religioso. Según un estudio del Pew Research Center de 2017, se estima que en el mundo hay 4,200 religiones, en torno al 77% de la población mundial: cristianismo (31%), islam (24%), hinduismo (15%), budismo (7%) (Fuente: elordenmundial.com/), algunas peligrosas como Aum Shinrikyo o "Verdad suprema", El Templo del Pueblo, o la Iglesia de la Unificación, esta última con un conductor traficante de armas, pero todas con la exigencia de aportar el diezmo para su líder que goza de fortunas.


En la novela policial ‘La secta’ de Camilla Lackberg, se presentan interesantes conceptos sobre las mismas: ‘las sectas y religiones proliferan con mesías cuya doctrina oculta es la acumulación de dinero y la vida cómoda. Todo lo que hacen es charlatanería. Desarrollo personal, auto ayuda, curación, sanación, vudú. No son más que muletas mentales para gente incapaz de hacerse responsable de su propia vida. Pensamos que las personas que caen en estas son débiles o no tienen criterio propio, pero eso es simplificar demasiado las cosas. A menudo el problema está en las relaciones personales. Si en la infancia te han maltratado, creces con ciertas expectativas. Estableces relaciones de opresión o de sumisión. Y las sectas saben aprovecharlo, pero también puede ocurrir lo contrario. Una infancia feliz puede hacernos confiar en todo el mundo y eso produce indefensión delante de personas con malas intenciones’.


La historia de la humanidad presenta continuas oscilaciones: reforma y contra reforma, oscurantismo y renacimiento, tradicionalismo y liberalismo, por lo que es probable que en el próximo siglo se reviertan las tendencias, con la posibilidad de modelos más pensantes, tolerantes y democráticos, pragmáticos como el de China y El Salvador (salvando las diferencias) con libertades económicas y limitaciones en las civiles, para priorizar el trabajo y la seguridad, o de continuar la senda actual, finalmente el Apocalipsis de San Pablo: el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?... y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.


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