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Carlos Ginocchio / Las palabras malditas 11


Incluyo las que considero las ‘palabras malditas’, sus significados, origen, etimología, usos, y presencia en la vida diaria. Es un tratado, especialmente, de investigación.


15. Concha (que tal). La RAE incluye varios significados: cubierta, formada en su mayor parte por carbonato cálcico, que protege el cuerpo de los moluscos y que puede constar de una sola pieza o valva, como en los caracoles, de dos, como en las almejas, o de ocho, como en los quitones. Caparazón de las tortugas y de los cladóceros y otros pequeños crustáceos. Concha de la madreperla. Carey (materia córnea). En un teatro, mueble o mampara generalmente con forma de cuarto de esfera, que se sitúa en el centro del proscenio y cubre un cubículo donde se oculta el apuntador. Seno, a veces poco profundo, pero muy cerrado, en la costa del mar. Solera (muela del molino). Parte redondeada y ancha de una charretera o capona. Cosa que tiene la forma de la concha de los animales. Moneda de cobre que valía dos cuartos, o sea, ocho maravedís. En Colombia y Venezuela, cáscara, corteza o cubierta exterior. En Costa Rica, Cuba, Ecuador, México, y Nicaragua, un desplante, un acto lleno de arrogancia o descaro. En Venezuela, también la cápsula vacía de cualquier proyectil de armas de fuego. En Argentina, Bolivia, Chile, Guatemala, Paraguay, Perú, y Uruguay, también significa vulva, vagina, y coño. En Ecuador, Colombia y Perú, desfachatez. También se usa para llamar en forma cariñosa a las damas bautizadas como ‘Concepción’, que además está relacionada con el término ‘concebir’, y nuevamente retornamos a la ‘vulva’,

‘vagina’, y el ‘coño’.

Se usa también en expresiones como ‘meterse en su concha’ para indicar retraimiento o negarse a aclarar alguna situación. En el Perú puede llegar a ser un insulto al ser más amado del ser humano: ‘concha de tu madre’, como también sinónimo de descaro, insolencia, desvergüenza, y cinismo: ‘qué tal concha la de Pedro al hacer lo que hizo’. Tener concha o ser un conchudo, en el Perú, es sinónimo de desvergüenza, alguien a quien nada le importa.


Etimológicamente, es una voz patrimonial del latín conchula, diminutivo de concha de molusco, y este del griego kónkhe. De la familia etimológica de cuenca. Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, afirmaba: ‘e conchis omnia’ (todo nos viene de la concha). La conocida lingüista, Martha Hildebrandt, define ‘concha’ y ‘conchán’ (era una gasolina en la década de los 70’ del siglo XX): en castellano concha es la valva o caparazón que cubre el cuerpo de moluscos, crustáceos y quelonios. Un uso figurado peruano relaciona concha con el órgano sexual femenino en expresiones malsonantes como concha de su madre; otro uso se basa en el espesor de la concha y da origen al adjetivo conchudo, -a “descarado, caradura” y al sustantivo abstracto conchudez. Por floreo verbal se ha llegado a asociar conchudo con el topónimo Conchán (playa cercana a Lima), que se usa como adjetivo, sin variación para el género. Si la concha es la valva que cubre a “moluscos, crustáceos y quelonios”, los peruanos la relacionamos —en el sentido más ramplón— con el órgano sexual femenino y también —en base al espesor de la concha— se da origen al adjetivo conchudo (“descarado, caradura”).

16. Coño, según la RAE, significa la parte externa del aparato genital de la hembra, la vulva y vagina. En Chile es un despectivo para los naturales de España, así como para denominar a los tacaños, y en Venezuela, para referirse a un individuo. En España es muy común, y se utiliza para expresar diferentes estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.

Proviene del latín ‘cunnus’ (sexo de la mujer, vulva) que es una palabra que en latín fue siempre de un registro vulgar y obsceno, y que generó también un derivado del mismo significado cunnio, cunnionis. Alguna vez aparece en testimonios tardíos como ‘connus’, y en laguna ocasión, en un registro obsceno y machista, se usó para designar a la propia mujer, uso que persiste algunas veces en contextos vulgares (‘que rico coñito’, para referirse a una mujer). Su origen es oscuro y carece de paralelos indo europeos, pero una hipótesis es que la palabra podría tener algún parentesco con la raíz de la palabra ‘culus’ (culo), en cuyo caso sí se trataría de una raíz indo europea ‘skeu’ (cubrir, esconder), que también está contenida en el latín en el adjetivo ‘obscurus’ (oscuro) y la palabra ‘cutis’ (piel), y en griego en la palabra ‘kutoc’ /’kytos’, cavidad cerrada), que la ciencia ha tomado con el valor de célula, y tenemos ‘citoplasma’, ‘fagocito’, ‘citología’, y ‘entrocito’. En latín ‘culus’ se traduce como ‘culo’ y ‘culear’, la palabra latina ‘cunnus’ (conejo) como ‘coño’ y ‘cunnilingus’. El conejo es asociado a la fertilidad, de ahí el símbolo de ‘Playboy’. El término ‘coño’ se ha convertido en una interjección vulgar que puede expresar contrariedad, sorpresa, enfado, etc…Ha generado también algún derivado como ‘coñazo’ (persona, cosa, o situación insoportable y pesada), y son muchos los españoles que lo usan como interjección (¡coño, que buen día hace hoy’), de tal forma que, en Chile, despectivamente, les llaman ‘coños’ a los íberos. Como es común asociar la vulva a animales peludos, en este país también le llaman ‘zorra’ (ver más adelante). En Ecuador, no tiene connotación sexual, más allá de una interjección (http://etimologias.dechile.net ).

En el ‘Diccionario del Sexo y el Erotismo’ de Félix Rodríguez, González, catedrático de Filología Inglesa en la Universidad de Alicante, y doctor en Lingüística Románica por la Universidad de Alberta, comprueba que el origen del término ‘conejo’ para designar al ‘coño’, más que en la semejanza fonética (paronimia), entre ‘cunniculus’ y ‘culus’ (en latín, ‘conejo’ y ‘coño’), proviene de la acepción semántica ‘madriguera’ del término ‘cunniculus’ como ‘cueva en la que entran y salen los gazapos’. A tal proceso se une la asociación sensual de la pilosidad del animal y del vello púbico del Monte de Venus (nota del autor: hoy se lo afeitan la mayoría de las mujeres, por lo que para el futuro perdería su significado) justo sobre la vulva, por lo que esta relación supone el término de ‘zorra’ en Chile (nota del autor: también en Perú). Otra designación que el ‘coño’ recibe en España es la de ‘chocho’, denominación que comparte con ‘altramuz’ y ‘peladilla’ (un pequeño dulce) que sería un efecto colateral de la depilación (http://etimologias.dechile.net).


Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual. Es más, una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario. Precisamente fue el escritor gallego quien consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el Diccionario de la Real Academia Española. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su «Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el Diccionario de la Academia «ignora, por ejemplo, la voz "coño" y no registra ningún cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano». Pero si seguimos con nuestro recorrido literario, no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos, en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral, otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales. Su origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa, 1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la zona pélvica de la mujer, entre las ingles (abc.es)

En 2016, la periodista y escritora española, Elvira Lindo, publicó en el diario ‘El País’, el artículo ‘Coño, esa palabra de moda’, el cual me parece interesante y esclarecedor, y reproduzco algunos párrafos: …hay un tipo de feminismo ahora que no llego a entender, que tiende a ver a los hombres como a una masa compacta de hormonas, donde unos individuos no se diferencian de otros. Pareciera que estuvieran infectados por ese mal definido como heteropatriarcado del que no pueden escapar. Los pobres. Es ese tipo de feminismo que gusta hablar en plural siempre y afirma “nos matan”, “nos violan”, como convirtiendo a todas las mujeres en víctimas: tanto a las vivas como a las muertas, a las que han sufrido una violación como a las que se han tenido que enfrentar a un simple patoso. Porque hay patosos, sí, pero lo que hay que predicar es la defensa, no el victimismo. Desde los 19 años, como trabajadora me he topado con más de uno, pero he aprendido a pararles los pies, y es una victoria que tengo en el saco. No siempre me han sacado otros las castañas del fuego. Y hay mujeres que han entendido que la igualdad está en pronunciar tantas veces la palabra “coño” como ellos lo hicieron con sus palabras fetiche, “polla”. Igual que los hombres reducían sus aspiraciones a lo que expresara una parte de su cuerpo, parece que ahora el coño ha tomado el relevo. Consideramos heteropatriarcal que un señor actúe como le sale de la polla, pero nos parece progresista y transgresor hablar de nuestro coño como significante de nuestra libertad. Una actriz porno, Amarna Miller, nos habla de porno feminista y nos explica lo atrasadísima que está España porque, al parecer, lo que cuenta en términos de liberación de la mujer es lo que se realiza con cierta parte del cuerpo. Leo que una joven feminista, Diana López Varela, publica No es país para coños, para mostrarnos de qué manera aún no hemos conseguido la igualdad: interesante, pero ¿por qué elegir un título reduccionista que vuelve a insistir en esa separación arcaica de las pollas a un lado y los coños a otro? El otro día, una artista plástica señaló que ella era nacionalista de su coño. Bravo. No tengo nada en contra de esa palabra, coño, la utilizo con bastante frecuencia, pero no como reclamo o para llamar la atención. Debieran saber quiénes la usan como si fuera transgresora, que un término audaz que se repite con excesiva frecuencia acaba siendo, simplemente, una vulgaridad, tanto como una película de destape de los setenta, tipo El fontanero, su mujer y otras cosas de meter, o aún peor, la demostración pueril de un papanatismo ideológico que en dos años suena ineficaz y viejuno. Tenemos claro que la liberación está ligada al sexo, pero también a la interrupción del embarazo (véase Polonia), a la procreación (los niños no vienen de París, pero digo yo que habrá palabras más delicadas para expresar de dónde salen nuestros hijos), a la igualdad laboral tanto en puestos como en remuneraciones, al trato que se nos da, a la consideración social como iguales. Si siempre sentí algo de vergüenza ante ese lenguaje machorro, invasivo, ordinario, primario, entiendo que las cosas no se cambian usando el mismo estilo. Por mucho que esa palabra, coño, en la intimidad pueda sonar a deseo, a deseo con amor. O sin él.

Algunos refranes con el término: ‘atan más pelos de coño que maromas de barco’, ‘copa de madroño (arbusto) chisporrotea y quema el coño’, ‘cualquier coño saca leche’, ‘cuatro cosas está que en darlas está su valer: el dinero, el placer, el saber, y el coño de la mujer’, ‘el que a este mundo vino y no bebió vino, ¡a qué coño vino!’, ‘en las caricias de otoño, se empieza en la cara y se acaba en el coño’, ‘mujer de pozo, coño sabroso’, ‘mujer flaca, coño de vaca’, ‘no des a guardar ni al niño el bollo, y ‘ni al viejo el coño’,

Hace algunos años hubo una propuesta para eliminar la ‘ñ’ del abecedario español, con lo cual habrían desaparecido la propia España, los ñatos, y también el coño.


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