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Carlos Ginocchio / Legado Tallán piurano (4 de 5)


Los tallanes no formaron un Estado, ni política ni religiosamente, y nunca fueron una nación. Cada pueblo tenía su curaca, y mantenía un pequeño ejército, pero ninguno fue poderoso para convertirse en un conquistador. No hubo un Gran Señor Tallán, como algunos mencionan. Solo cuando los Incas llegaron, instalaron en Poechos a un gobernador. El centro de operaciones fue el valle del Chira, conformado por diversos estados independientes. Todo eso hizo de los tallanes, pueblos individualistas, amantes de su libertad.


Era tal su ADN de independencia que Atahualpa los consideraba una nación aparte, y los odiaba porque nunca pudo dominarlos íntegramente, y no era porque fueran partidarios de Huáscar, sino que apreciaron en la rivalidad de ambos la oportunidad para recuperar su independencia, y se convirtieron en artífices de la caída del inca, con Felipillo, que era tallán, intérprete de los españoles. “¡Perro tallán!”, era el insulto de Atahualpa para referirse a nuestros ancestros. Arrizabalaga contradice a Reynaldo Moya citando a Agustín de Zárate, quien señala los nobles tallanes hablaban también quechua, y el mochica se habló en el Alto Piura (topónimos como Morropón y Ñañañique), ese individualismo, esa tendencia poco proclive a asociarse, son parte de la genética y legado tallán.


Un legado adicional es la bizarría y el valor para enfrentar a la Naturaleza, una costa desértica que los conquistadores españoles consideraban del ‘diablo’ o de la ‘muerte’, y en ocasiones abrumada por el Fenómeno de El Niño que, según Antonio Raimondi, ocurre por lo menos desde hace 40 mil años. Sumemos algunos personajes y acontecimientos: el cacique Lachira y sus compañeros, fueron torturados y quemados por los españoles de Pizarro al no aceptar el sometimiento. Paula Piraldo, la encomendera de Colán, en 1615 con su repartimiento de indios enfrentó en Paita al pirata George Spilbergen, y lo derrotó, provocando su huida. Miguel Cortés del Castillo, Miguel Grau, Camilo Carrillo, Lizardo Montero, el niño Alejandro Sánchez Arteaga, por mencionar algunos, dan cuenta del carácter tranquilo, calmado, hospitalario, pero bravo, valiente, y heroico del piurano.


En el habla, el dialecto sec fue el que usaron los tallanes, y como no hubo escritura, no alcanzó la categoría de idioma. Un detalle es que no se ha encontrado entre los toponímicos conocidos, la voz ‘Tallán’, ni tampoco ‘tallanca’, para referirse a la nación que abarcó desde Tumbes, hasta Olmos. Los incas fueron quienes dieron ese nombre a la región y de ellos la tomaron los conquistadores. En el idioma quechua, hay dos explicaciones de la voz ‘tallán’: "talla" que significa ‘echarse de barriga’, "tallanes" que quiere decir ‘lugar donde se yace de pecho’. Los incas le dieron este nombre por la postura que adoptaban para trabajar en la confección de chaquiras y ceramios. Se echaban de pecho sobre un banquillo de poca altura, dejando libres la cabeza, los hombros y los brazos. A los conquistadores incas, les llamó mucho la atención esta rara posición adoptada para trabajar y por tal motivo, dieron a esta región el nombre de tierra de los tallanes.


El abogado e historiador de Catacaos, doctor Manuel Yarlequé dio a conocer, en 1922, una relación de vocablos tallanes, que don Jacobo Cruz recogió en su obra ‘Catacccaos’. De acuerdo a esta versión, la voz ‘tacllán’ significa ‘diestro en el manejo de la taclla o arado’, y aunque los tallanes los manejaban con maestría, sigue siendo una voz quechua, y fueron los incas quienes la trajeron.


Según Luis Valcárcel, el sec se hablaba desde Piura hacia el norte, pero había diferencias entre los indígenas de Colán y Paita, con Catacaos, y con Sechura. Algunas palabras recopiladas por Spruce en 1864, Josefina Ramos Cox en 1943, Jorge Cevallos Quiñones en 1944, Jacobo Cruz Villegas, el doctor Manuel Yarlequé Espinoza, y don Carlos Robles Rázuri, son los toponímicos y patronímicos castellanizados, como Huangalá, Narihualá, Tacalá, Virrilá, Tangarará, Puyuntalá, Simbilá. También Poechio que significaba ‘jefe de guerreros’, Cuccung Arac o ‘sembradores de camote’, Lengash el río Piura, Mec Non o ‘pájaro errante’, y apellidos como Yarlec Aquec, ‘burlón o guapo’, Yamunc Aquec o ‘mandón’, ‘Pash Achec’ o ‘calculador’, ‘Cheroc Aquec o ‘cantor’, y Laluc Apuc, ‘trabajador’.


Carlos Arrizabalaga menciona es falso que el sec fuera el Tallán, y cita a Salinas de Loyola (1570) quien afirma existieron “tres naciones con diferentes lenguas y costumbres, aunque la lengua Tallán, tallana o atallana, como se quiera llamar, era la que hablaban los de Catacaos, muy similar a la de San Lucas de Colán”. El padre Antonio de la Calancha afirma que la lengua sec posiblemente fuera la de Sechura, y la que se hablaba en los valles de Piura y del Chira era la lengua tallán. Controversias aparte, el sec o la lengua tallana tenía una característica fonética muy especial. Se expresaba con una especie de canto, que permanece y nos hace inconfundibles en el Perú, por lo que podemos afirmar no murió del todo, pues su entonación se trasladó al castellano.


El gobierno de las comunidades podía estar a cargo de un hombre o una mujer. Las capullanas o tallaponas, también llamadas sallapuyas o sallapullanas en el Ecuador, Tumbes, y Lambayeque, fueron denominadas de esa forma por los españoles, por usar un capuz como principal prenda de vestir, con la que se cubrían desde la garganta hasta los pies, ciñendo la cintura con bandas. Se afirma no eran precisamente fieles en sus relaciones maritales, si no estaban contentas, desechaban al esposo y se casaban con otro, y el día de la boda organizaban una gran fiesta, tremenda borrachera, donde el cónyuge reemplazado permanecía sentado en el suelo mientras los nuevos novios se burlaban de él. Vaca de Castro aseguraba que mientras los curacas se dedicaban al cultivo de la tierra, dejaban la administración del gobierno a sus esposas. Las capullanas eran bravas como la mencionada Paula Piraldo, y seductoras como la joven y bella Susy Cunti, soberana en Pariñas, de la cual el expedicionario Pedro Alcón se enamoró de tal forma que tuvieron que golpearlo y amarrarlo para regresarlo a la nave. Existen documentos en el archivo de Piura que prueban la presencia de capullanas gobernadoras hasta 1572, inclusive.


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