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Carlos Ginocchio / Sherlock Holmes, la constitución, y el Perú


Sherlock Holmes tiene asuntos en común con nuestra Constitución. Todos hablan de él sin haber leído sus novelas, desconociendo quien es su autor, y hasta hay muchos que creen fue un personaje real, enviando cartas a Baker Street 221-B para que les resuelva un caso. La diferencia es que no hay intentos de modificar sus investigaciones. Incluso, la frase ‘elemental, mi querido Watson’ no está en ninguna de las obras de su creador, Arthur Conan Doyle (1859-1930), y fue su autor Pelham Grenville Wodehouse (1881 - 1975), periodista y escritor británico, en su novela ‘Psmith, periodista' de 1915.


En 1939, en el filme ‘Las aventuras de Sherlock Holmes’, dirigida por Alfred Werker, y con Basil Rathbone interpretando al detective, aparece nuevamente la expresión. A partir de ahí se popularizó, utilizándose en múltiples largometrajes, series y nuevas aventuras escritas por otros autores. También, la gorra ‘tipo cazador’ que aparece en los filmes, Conan Doyle (ACD) nunca la menciona en su descripción del detective. Adrián - cuarto hijo de ACD y su segunda esposa Jean –, albacea literario de su padre, elaboró historias de Holmes con el apoyo del escritor Dickson Carr, ‘completando algunos episodios mencionados en las historias relatadas por el doctor Watson’, e insistiendo en la célebre frase, que ha quedado perennizada.


Otro personaje como nuestra Carta Magna es don Quijote de la Mancha, a quien todos conocen y mencionan, pero muy pocos han leído la novela de Cervantes, en cuyo caso la frase ‘ladran Sancho, señal que avanzamos’ no figura en ninguna de las dos partes de ‘Don Quijote’, y en realidad se atribuye al poema ‘Ladran’ (1808) de Goethe, al que el poeta nicaragüense, Rubén Darío (1867-1916), añadió ‘si los perros ladran, Sancho, es señal que cabalgamos’, cuando se enfrentaba a sus críticos. Se les atribuye a las obras referidas, comentarios que no figuran en las mismas, lo cual constituye un paralelo inverso con nuestra actual ley de leyes, a la que se le soslaya lo que sí contiene.


El Cine ha convertido en famosos a muchos personajes que se han popularizado y son mencionados con frecuencia, pese a que quienes lo hacen no han leído las novelas de su procedencia, como son además de Holmes, y don Quijote, los 3 mosqueteros, Robinson Crusoe, Romeo y Julieta, Don Juan, Robin Hood, y Drácula, por mencionar algunos.


Arthur Conan Doyle (ACD), el creador de Sherlock Holmes fue un médico, combatiente en Sudáfrica, lector incansable, estudioso de los fenómenos psíquicos, pionero de la práctica del esquí como deporte en Suiza. Estudió en colegio jesuita, y, creó al detective, adoptando como modelo al Dr. José Bell, hombre de ciencia con habilidades deductivas, e influenciado por ‘El escarabajo de oro’ de Poe, y ‘Detective Lecoq’, de Gaboriau, sus favoritos, junto con Walter Scott y Macaulay. En 1887, apareció ‘Estudio en Escarlata’, y tres años después, ‘El signo de los cuatro’, anticipándose a cualquier texto de criminología, al punto que en Egipto se publicó como libro de texto para la policía.


El éxito le significó un buen ingreso económico y popularidad. Su obra fue la primera ‘pirateada’ en la historia (figura masiva en el Perú), por lo que decidió matar a su personaje, mas la presión –inclusive de la Corona inglesa - lo hizo resucitarlo tres años después (1903). Pocos conocen que ACD fue un admirador de la selva sudamericana, y estudioso de la misma, pues tenía la teoría que la habrían poblado hace millones de años, dinosaurios y mamuts. En 1888, intentó a la manera de Rider Haggard, escribir ‘El ojo del Inca’, dedicado a los guerreros del Imperio, narrando las experiencias de Juan Calder, Iván Boscovitch y el general Pengelly, y basado en las crónicas de Prescott, sobre la historia del Perú.


En 1912, publicó ‘El Mundo perdido’, con otro personaje – Dr. Challenger , experto en paleontología - menos conocido que Holmes, y que se desenvuelve en la selva amazónica (monte Roraima), descubriendo dinosaurios y animales prehistóricos, y que es el actor principal en otras de sus creaciones: ‘La zona envenenada’ (una nube tóxica amenaza a la humanidad), ‘El país de la bruma’ (relato espiritista), ‘Cuando la tierra lanzó alaridos’ (conversa con la Tierra como ser viviente), y ‘La máquina desintegradora’ (descompone la materia hasta su estado molecular).


“Impávido frente al fuerte, modesto para con el débil, caballeresco con la mujer”, era el lema de ACD, un filósofo de la acción (‘hacer es más hermoso que creer’), y un convencido que no ‘debía aceptar nada que no pudiera probarse’, así como “lo primero que tiene que hacer un novelista, es contar algo”. La novela peruana ha abordado escasamente el género policial y la ciencia ficción, pese a que nuestra realidad presenta situaciones propicias para estos, aunque hay obras de mucha calidad de escritores de prestigio (Vargas Llosa, Belevan, Calderón Fajardo, Martínez Padrós). Cuán necesario Holmes para investigar a tantos políticos sospechosos de corrupción, que, cual escritores, nos largan una serie de cuentos, a cada cual más inaudito.



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