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Eloy Durán / Si no hay solución, la lucha continúa


Hace 150 días, llegó el paciente cero al país; hace 140 días, se declaró el primer caso por el virus; y hace 130 días, se conoció el primer deceso por la pandemia. Desde entonces, se inició una lucha contra el virus que continúa tras 5 meses. Análisis Efectivo, en una de las primeras publicaciones que analizó la estrategia sanitaria y económica, planteó tres premisas que siguen vigentes al día de hoy.



Solución articulada entre la Economía y la Salud

El COVID-19 generó cambios en la economía y el empleo: hubo vacaciones, despidos, suspensión perfecta de labores, teletrabajo y nuevos procesos productivos, en el marco de una de las 15 cuarentenas más largas del mundo. Asimismo, el virus generó enfermedades y fallecimientos, y en general menor productividad; todo lo que contribuyó a la tercera mayor recesión del mundo.


Así como la mayor cuarentena generó más recesión, la mayor flexibilidad económica generó más contagios y decesos. Por ello, se mantiene la necesidad que, la estrategia sanitaria esté articulada con la estrategia económica.



Solución consensuada para el Estado, las Empresas y los Trabajadores

Antes de la pandemia, el Estado, por sus bajos déficit fiscal y endeudamiento, tenía mayor cobertura que las empresas y los trabajadores, cuya vulnerabilidad radicaba en su alto endeudamiento (en 2019, crecieron poco el ingreso y el empleo y mucho el comercio y los créditos bancarios).


Las empresas han recibido recursos adicionales para producir (FAE, Reactiva I y II), pero también deben cubrir parte de sus deudas. Por su parte, los trabajadores deben cubrirse con su AFP o CTS. Sin embargo, no todas las empresas tienen créditos y no todos los trabajadores tienen AFP y CTS.


Las empresas deben cumplir con sus deudas a proveedores y trabajadores, e invierten en readecuaciones, EPP y capital de trabajo, además de recontratar y recapacitar a sus trabajadores para producir e incrementar su oferta al mercado. Los trabajadores, con tantas deudas (SUNAT, predial y arbitrios, salud y educación, préstamos bancarios y tarjetas de crédito, servicios públicos, familiares y prestamistas informales), deben sostenerse, pero difícilmente podrán demandar los bienes y servicios producidos por las empresas.


El contexto internacional y el clima político complican más el panorama, y las decisiones de inversión y consumo se posponen o ralentizan, para lo cual se debe implementar medidas económicas seguras y efectivas, las que compartiremos en nuestra próxima entrega.


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