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  • Ernesto Morales

Ernesto Morales / Revolución de Independencia I 

Noticias enviadas por el cronista de la Libertad a esta redacción a fines de febrero de 1824. Leamos

 

Contarles amables lectores que tuvimos acceso a reunión entre el presidente José Tagle, los integrantes del Ejecutivo y Simón Bolívar. Dijo el caraqueño “…necesitamos seis meses para estar listos los patriotas y vencer a godos…”, convenciendo al presidente que, a través de Berindoaga, entable negociaciones de paz con realistas, así debilitar su posición, tal vez lograr que pasen a la independencia, aunque es poco probable, en todo caso es importante ganar tiempo para que combatientes patriotas, reunidos en Huamachuco, aumenten en número, mejorando entrenamiento y equipamiento (en buena hora esto no se difunde de inmediato).

 

Así estaba la situación a inicios de febrero. ¡Han pasado cinco meses desde que Bolívar llegó al Callao!, Invitado por nuestros congresistas para dirigir a miles de tropas, colombianos que llegaron con Sucre mucho antes, rioplatenses, chilenos y los cada vez más numerosos voluntarios peruanos. Fiestas en honor de Bolívar fueron esplendidas. Almuerzo en Palacio, el cual ya no sabía a qué comida dar más alabanzas, sirvió para sellar el compromiso por un país libre, republicano, no monárquico. Pero la situación seguía igual: patriotas fuertes de Lima al norte, con la Intendencia de Trujillo como corazón y controlando el mar; mientras los fieles sirvientes de España ocupan de Ica hasta entrada la zona pampeana de las Provincias Unidas del Río de La Plata, pasando por Charcas[1], habiendo hecho del Cuzco su capital.

 

De repente, como terremoto costeño, todo se agito. Motín en Callao. El día 5, sargentos encabezados por Dámaso Moyano, se rebelan reclamando por meses sin paga. Cinco días después, presos realistas liderados por José Casariego, a quien los barbaros españoles llaman héroe por participar en la destrucción de la primera independencia de Chile, quien fue capturado por población piurana el cuatro de enero de 1821, tomaron los castillos del Real Felipe. El presidente Tagle tanto enfrenta a amotinados como negocia con rebeldes.

 

Al grito de: ¡Viva la patria, muerte a traidores! en los castillos y sus alrededores, grupos de reclamantes y realistas se disparan. Esto ocurre porque Moyano, con su gente de confianza, decidieron unirse a godos. Los reclamantes, son rebeldes solo por exigir que les paguen los meses de sueldo que les deben, lo cual es justo. Pero ellos recuerdan que son enemigos de los godos. Muchos han logrado escapar, reunirse con los patriotas, y contarnos hechos de valor como el del rioplatense Antonio Ruiz, a quien habrían fusilado los amotinados. Este caballero digno hijo de América, fue esclavo y se unió a los de San Martín; capturado por los de Moyano, valientemente se negó a reemplazar la bandera que ondeando desde Mendoza les acompaño en las victorias que dieron la Libertad a Chile; ante la orden de saludar la bandera española, se negó con toda su imponente figura, para con voz que recorrió todo el puerto decir "¡Malo será ser revolucionario, pero es peor ser traidor!""¡Viva Buenos Aires!", disparos cortan el viento acabando con una vida libre, pero eso es imposible, su espíritu lucha codo a codo con nosotros.

 

Bolívar, desde Pativilca, donde se encontraba recuperándose de enfermedad, ordena hundir barcos, requisar todo, que nada quede ante posible ofensiva de los sirvientes de Fernando VII sobre Lima. La población vuelve a sufrir. Crítica situación.

 

Ante tales hechos, la mayoría de integrantes del Congreso votan destituir al presidente y conferir poderes de suprema autoridad política y militar a Bolívar, ¿será una dictadura como en la antigua república romana? Tagle, jefe de gobierno, Pedemonte cabeza del Congreso, y minoría de legisladores, se oponen. Inseguridad, este cronista vio bandoleros atacando en cada barrio a pobladores. Mientras, desde el 14, los Granaderos de los Andes, cabalgan por campiña en busca de rivales y comida. Nadie asoma a ventanas. ¡Oh diosa Libertad que tus ojos no vean esto, pues Bolívar ordeno prisión para Tagle, las intrigas de Terón, y tantos más ensuciaron la relación entre ambos, al grado tal que uno al otro ya solo como enemigo ve!

 

Rioplatense Mariano Necochea, a cargo de evacuar Lima, dio orden de retirada a las fuerzas leales el 24 de febrero, llevan de todo, seguidos por miles de limeños. Inseguridad, caos, robos, asesinatos, se extienden cual viento en tormenta.

 

De repente, tres días después, rumor hecho realidad: infames soldados hispanos se reúnen en Lurín, acercándose a Lima para volverla a esclavizar. Primero llegan las tropas que desde Ica encabeza el Crl. José Rodil, dos días después, desde Jauja el Gral. Juan Monet arriba escoltado por centenares de realistas. Ingresan a Lima, ocupan sus edificios, buscan a independentistas. Aislado y perseguido, el gobierno nacional cae. Tagle y Aliaga, presidente y vicepresidente, con Juan de Berindoaga y Carlos Pedemonte, ministro de Guerra y cabeza del Congreso, vestidos de dignidad para no arrodillarse ante el vencedor, se rinden ante Gral. Monet. Nuestros informantes, del servicio de limpieza de Palacio, nos envían lo que el presidente dijo: “…conforme a los intereses de mi país y honor. Si las autoridades españolas, están dispuestas a reconocer la independencia del Perú, de la que jamás me he apartado en negociación alguna. Mas si esta propuesta no adaptase a sus cálculos, somos prisioneros de guerra…”.

 

Miles escapan al norte. Entrevistamos al patriota Juan Basilio Cortegana, quien, desde hace cinco años, desde sus diecinueve años, lucha por la Independencia. Estuvo a órdenes del ahora capturado presidente en la Legión Peruana de la Guardia, propuesto ya para ascender al grado de teniente primero. Compartimos lo que sabemos, luego de escuchar, con rostro sereno que oculta el gesto de desgracia ante el presente, exclama “Solo una luz inextinguible de libertad existe aun en medio de tanta borrasca contradictoria acosada de pérdidas irreparables; y esta es Bolívar”. Tropas realistas, esos sirvientes de España, recorren cada calle buscando capturar a los amantes de la Libertad. Disparos, insultos, golpes, se acercan. ¡Cierro prensa, me oculto, viva la Libertad carajo!

 

 

Referencias:

El autor es Investigador y gestor en seguridad y defensa; magíster en historia política por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es miembro de sociedades académicas como el Instituto de Estudios Histórico Marítimos, Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, Sociedad Bolivariana, Instituto de Estudios Políticos y Estratégicos.


 


[1] Tropas realistas ocupaban noroeste de la actual argentina; en su mejor momento, con el virrey Abascal (1806-1816), llegaron al corazón de la región pampeana amenazando a Buenos Aires. Por eso recordar que San Martin debía formar ejército en Cuyo (Mendoza) para enfrentar y doblegar el avance realista, aunque a él se le ocurrió un plan mejor, cruzar Andes, liberar Chile, y de ahí al virreinato peruano.

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