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Fabiola Morales / ¡Con los niños no te metas!


Dos casos emblemáticos relacionados contra el cuidado que, las empresas y los medios deben a los niños, han ocurrido en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez por Lima Airport Partners (LAP) y en “Emprendedor, ponte las pilas”, un programa de América Televisión; aunque solo uno de ellos ha despertado interés en un Ministerio.


El programa que mostró a niñas en ropa interior fue cancelado, después de cometer esta falta grave que no tiene ninguna justificación; más que la de “usar” a las niñas, como objeto publicitario para “vender” productos y abultar las ganancias económicas, del canal y la empresa anunciante.


Pero LAP concesionaria del aeropuerto, está pasando por agua tibia. La denuncia realizada en Twitter, por Olga Izquierdo, no ha sido debidamente subsanada por la empresa que, permite entrar al baño que usan niñas y adolescentes, a varones que “dicen sentirse féminas”. Poniendo en riesgo la intimidad y seguridad de las niñas, ante cualquier ataque de un depravado que ingrese con el fin de vulnerar su intimidad o violentarlas.


LAP ha conseguido acallar a las autoridades, justificándose en la supuesta “diversidad e inclusión” que la ideología de género pretende imponer en nuestro país, también en el ámbito empresarial. LAP dice abiertamente en YouTube que las personas que se “identifican” con el género masculino o femenino pueden entrar al baño respectivo. Y, además, añade que están “capacitando y concientizando” a su personal para que así se haga.


Sin tener idea de la realidad peruana, LAP pretende seguir la corriente foránea, maligna para la seguridad de las niñas, “obligándolas” a compartir los SSHH con personas, como el recordado personaje que entró al baño de un colegio, disfrazado de niña con uniforme y trenzas, para “tomar fotografías” impropias a escolares de Primaria. Pero, las autoridades callan, por “miedo” a que el globalismo progresista las tilde como “políticamente incorrectas”.


Estos dos hechos, podrían ser el epílogo para un intento descarado de “justificar” cualquier conducta impropia, en nombre de la “diversidad de género” que aterrizaría incluso, en lo que denuncia la película de Eduardo Verástegui –que la poderosa industria de Hollywood ha querido opacar creando la corriente “Barbie”– el tráfico sexual de niños para la pornografía y el “turismo depravado” –llamémoslo por su nombre– que se produce, sobre todo, en los países más pobres.


Motivo por el cual, la película Sound of Freedom, tiene obstáculos para exhibirse en muchos países, a pesar de su éxito de taquilla. Cuando se estrenó, el Día de la Independencia de Estados Unidos, superó largamente a la favorita de Hollywood, Indiana Jones, y según últimas noticias, ha ganado ya 10 veces más su costo de producción. Su estreno en América Latina se anuncia para el 31 de agosto.


La película “es conmovedora y retrata un tema tan importante como el tráfico de niños. Se basa en hechos reales y expone la realidad a la que se enfrentan muchos niños del mundo. Logra trasmitir la crueldad de esta situación mientras al mismo tiempo ofrece un hilo de esperanza y resistencia” ha dicho la crítica. Un tema que la industria de cine no quiere tratar.


Las familias están preocupadas por esta falta contra los niños de algunas empresas que, prefieren treparse a la ola de la ideología de género como herramienta de marketing, antes que optar por respetar la integridad de los más pequeños y jóvenes en Perú.


El Ejecutivo, como la UNICEF u otras ONG de las que se esperaría defiendan los derechos de los menores de edad, están callados.


¿Quién calla, otorga?



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