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  • Foto del escritorFabiola Morales

 Fabiola Morales / Desastres y desarrollo de las ciudades



Este 31 de mayo, se ha llevado a cabo un “Simulacro Nacional Multipeligro, ante sismos y peligros asociados”, con la finalidad de que la población esté preparada para cualquier evento trágico de gran magnitud que, según los expertos, puede suceder en cualquier momento, por nuestra situación geográfica en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona donde se produce la mayor actividad sísmica mundial, del orden del 85%.

 

A lo cual, se suma la existencia de la llamada placa de Nazca que trata de introducirse debajo de la placa Sudamericana, lo cual producirá, en su momento, un choque frontal muy grande que derivará en un terremoto con graves consecuencias. El SIGRID (Sistema de Información para la Gestión del Riesgo de Desastres), informa continuamente sobre los eventos ocurridos y reporta los continuos movimientos telúricos de menor categoría que se producen con frecuencia.

 

El largo “silencio sísmico” en el caso de Lima, hace presagiar un terremoto de gran magnitud que no se produce desde 1746, en el que fallecieron 1,141 personas de sus 60 mil habitantes. Pero que, en la actualidad, la tragedia sería mucho mayor, debido tanto al número de habitantes, como al caótico desarrollo de la ciudad capital y demás lugares.

 

En el país, según estudios especializados, se construyen alrededor de 84 mil viviendas de manera informal por autoconstrucción, cada año; es decir que: se edifican con materiales básicos, sin servicio de luz, agua y saneamiento, carentes de diseño, fuera del marco de un planteamiento urbano, generando vidas precarias y en peligro de desastres naturales. En Lima, alrededor del 20% de las mismas, no se construyen con material noble, hay muchas de ellas tugurizadas y, en su gran mayoría, no poseen material sismo resistente.

 

Por tanto, para prevenir las tragedias en casos de sismo y otros fenómenos naturales, hace falta soluciones de fondo, como es el caso de implementar políticas públicas urgentes para la construcción de vivienda de interés social en buenas condiciones.

 

Los hogares marginales, según las Naciones Unidas-Hábitat, carecen de por lo menos una de las siguientes características: Vivienda duradera de naturaleza permanente que protege de condiciones extremas del tiempo; suficiente espacio de vivienda, no más de 3 personas comparten una misma habitación; acceso fácil a agua potable en cantidad suficiente y precio accesible; acceso a una higiene adecuada, inodoro personal o compartido; y seguridad de tenencia; a lo que se debe agregar, elaboradas con materiales sismo resistentes.

 

Es necesario que el Estado ofrezca proyectos habitacionales a los desarrolladores privados o los construya en conjunto, en torno a las estaciones de autobuses o sistemas de transporte que, permitan a los ciudadanos una vivienda digna, junto a lugares de comercio, trabajo, estudio, distracción y transitabilidad, como el modelo japonés que se ha implementado con orden, en Tokio y las demás ciudades, una vez terminada la segunda guerra mundial, cuando empezó a levantarse el país.

 

Porque, el mayor peligro ante cualquier terremoto o desastre de la naturaleza, lo representa el caos en que vivimos y la precariedad de la vivienda que, sin duda, está directamente relacionada con la pobreza; pero también con la informalidad y la delincuencia del tráfico de terrenos, donde observamos demasiada permisividad por parte del Estado.

 

La voluntad del Estado por la construcción de vivienda segura, acorde con los peligros naturales que nos acechan, es la mejor prevención contra los desastres y tragedias, como es el caso de los sismos de gran magnitud.


 

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