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Fabiola Morales / “Divide y vencerás”


No es casualidad que, en estos momentos, a un año de gestión del Congreso de la República, las bancadas se hayan atomizado tanto que contemos con 13 grupos parlamentarios que más responden a sí mismos y sus propios intereses, antes que a sus compromisos y principios políticos con los que se presentaron ante la ciudadanía para obtener el voto.


Varias bancadas llamadas a hacer oposición democrática, desde un inicio, cayeron en la tentación de arrodillarse ante los ofrecimientos y favores de un gobierno que, al no tener una mayoría absoluta, salió a enamorar a quienes responden a la falacia del “todo se compra y todo se vende”. Así fue que aparecieron los llamados “niños” que, al parecer, son una bancada en la sombra que crece rápidamente, como un virus que contagia hasta al más sano.


Las elecciones internas para integrar la mesa directiva del Congreso, así como para presidir comisiones dictaminadoras, siempre han sido momentos de crisis que algunos aprovechan para menguar y dividir las bancadas, con base a sus propias estrategias tóxicas que responden a intereses de fuera del Poder Legislativo, desde el Gobierno a los poderes fácticos que hacen su trabajo bajo la mesa.


Estos poderes manejan las negociaciones políticas desde la sombra, bajo la batuta de avezados gestores de intereses políticos, económicos y hasta judiciales, fuera del recinto parlamentario, sin importarles romper la unidad de las bancadas ni los principios políticos ni de ningún orden, siempre y cuando, lleguen a ganar poder dentro del Parlamento, a cualquier precio, contando votos, como billetes o chapitas de envase de gaseosa.


Los congresistas que no se someten a este juego del reparto de “chapitas” siempre van a quedar fuera y sometidos a la mesa y al cuadro de comisiones que en estas “casas de chocolate” -tan similares a la de Serratea, donde acude el presidente Castillo- se decida. No recuerdo que esta información la haya entregado algún medio de comunicación, pero la ciudadanía tiene derecho a saber cómo se llega a tomar tan importantes acuerdos para la estabilidad democrática del país.


En estas negociaciones, los voceros casi no cuentan, porque todo el sistema formal de la institución parlamentaria deja paso a un sistema informal y perverso propio de la “cultura chicha” que actúa desde la clandestinidad, en el nombre “del padre”, o del “líder o lideresa” que son, al fin y al cabo, los dueños de los partidos políticos “vientres de alquiler”, con los cuales quienes quieren postular en un futuro a un cargo de elección popular deben contar para obtener un cupo o su bendición.


Por tanto, la “infiltración” opaca que sufre el Congreso de la República deviene de muchos frentes y se produce tanto cuando hay que votar leyes importantes, como cuando se va a tomar decisiones como votar por una denuncia constitucional o, cada año, cuando se eligen nuevos miembros y autoridades. La vieja estrategia del “divide y vencerás” se sigue al dedillo y esta es la principal razón por la que, más temprano que tarde, el Parlamento está perdiendo la fuerza y autoridad que debiera tener como Primer Poder del Estado.


Si se quiere ayudar a mejorar el ámbito de la acción política y de los usos democráticos en el país es necesario que los periodistas de investigación nos cuenten cómo se producen estas negociaciones políticas oscuras que terminan por debilitar al Parlamento, y los congresistas probos, sin dejar vacíos para que los ocupe cualquiera, deben denunciarlas.


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