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Fabiola Morales / En la mira, la libertad de expresión


La vocación por el secretismo, la opacidad y los ataques a la libertad de expresión del actual gobierno es cada vez más evidente, porque tiene mucho que esconder y mentir sobre temas tan importantes como la corrupción e ineficiencia en la gestión pública.


Teme a la verdad que sale a la luz a través de las declaraciones de los “colaboradores eficaces” y que la Fiscalía de la Nación va comprobando –porque de lo contrario les sería retirado ese status–y que los medios de comunicación difunden y los líderes de opinión señalan como faltas graves en contra de la salud de la democracia.


Recordemos que solo en dos ocasiones el Presidente José Castillo, ha accedido a entrevistas con periodistas peruanos: Nicolás Lúcar y César Hildebrandt, y solo una con la prensa internacional: Fernando del Rincón, de CNN en español. Tras esta última, el ex sindicalista, pareciera que quedó curado, porque huye de la prensa como si se tratara del mismo demonio. Incluso, usa a la Policía Nacional para acordonarse y aislarse, no de los delincuentes, sino de aquellos a quienes debe rendir cuentas, como en toda democracia.


Ha sido sorprendente y notorio que, a un año de gobierno, cuando todo mandatario está todavía en plena luna de miel con ese “pueblo” –al que le gusta tanto nombrar– haya hecho el recorrido de Palacio al Congreso -recinto de la representación ciudadana- en auto cerrado y cercado por las fuerzas del orden a su servicio, a pie y a caballo.


Por el tradicional jirón Junín, ni las moscas se acercaron, ni se abrieron las ventanas ni los balcones, para al menos por curiosidad, ver pasar al Presidente y sus ministros.

A todo lo cual, se suma un desfile militar “privado”, dentro del Cuartel General del Ejército, del que el gobierno excluyó a los héroes de la exitosa operación Chavín de Huántar, quienes rescataron a los rehenes que el MRTA, tenía cautivos en la residencia del Embajador del Japón en el Perú. Así como excluyó a los miembros del Grupo Especial de Inteligencia que capturó al cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán. Todo lo cual “huele” muy mal.


Muchos han comentado ya las gruesas mentiras políticas, sociales y económicas de las cuales estuvo plagado el Mensaje a la Nación; pero es necesario también observar los gestos y la conducta de un mandatario que no logró leer los dos últimos párrafos del discurso y salió casi corriendo del Parlamento, porque la oposición lo enfrentó en varias ocasiones con términos que no quería escuchar.


Es preocupante que, ese miedo contra la libertad de expresión, esté llevando a miembros del gobierno, e incluso a grupos caviares, a atacar a la actual Fiscal de la Nación; como al Ejecutivo, a querer legislar para cerrar las fuentes de información que tienen los medios aquí, como en todos los países democráticos, para informar sobre las denuncias de corrupción del entorno presidencial que los fiscales están corroborando.


La estrategia de la manipulación descarada y del “miente, miente que algo queda”, propia de los sistemas totalitarios comunistas y fascistas, no solo es ya demasiado obvia en este gobierno cuando nos pinta un país de maravillas; sino que lo está llevando a encerrarse, cada vez más, en sus propias mentiras y, es por eso que, insulta a los medios que evidencian sus mentiras y sacan a la luz sus trapos sucios. Es por eso que la libertad de expresión y de información, sin duda, están en franco peligro.


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