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Fabiola Morales / Feliz Día de la Familia


El segundo domingo de septiembre es el Día de la Familia, para celebrar y reflexionar, sobre la “célula básica de toda sociedad” que ha perdurado desde el inicio de nuestra presencia en la tierra y que la Carta Magna, como todas las Constituciones de los Estados modernos han reconocido y protegido.


Es una mala señal para cualquier civilización que la ‘institución familia’ entre en crisis, como pareciera que está sucediendo; por eso, es necesario saber que no es una casualidad su resquebrajamiento, sino producto de una “estrategia” que viene de fuera e intenta arrebataros ese oasis donde las personas nacemos, nos educamos y nos amamos como somos, con virtudes y defectos.


Ahora, el Estado, quiere tener cada vez más presencia con “voz y voto” dentro de la familia, por eso las llamadas “políticas de familia” dictadas tantas veces por los organismos internacionales, más que proteger a las mismas, quieren remplazarlas acabando con su propia identidad, sus deberes y derechos.


Citando a Christopher Lasch, el escritor y conferencista, Agustín Laje, afirma que la “transformación” de la institución de la familia, tal como la entendemos, quiere ser “deliberadamente transformada por la intervención de planificadores y políticos”, ante lo cual, las familias deben tomar conciencia y defenderse frente a este abuso, si quieren salvarse a sí mismas.


Laje que, con más pensadores, está dando la “batalla cultural” a favor de la vida y la familia, ha señalado muy bien que la “familia” no es una sociedad contractual, donde todo se intercambia; sino una comunidad de personas con lazos profundos y valores compartidos por generaciones.


Desde el punto de vista sociológico, vale la pena reflexionar, sobre algunos aspectos que afectan a la familia, según Laje: su deconstrucción, la maldición de los hijos, el adoctrinamiento escolar y de la industria cultural, la demonización masculina y el auge de la industria de hormonas y cirugías para “cambios” de sexo.


Se deconstruye la familia, cuando ya no se le reconoce como una institución donde se adquiere la cultura y la vida, a través de unos padres y abuelos que, cada vez más, se les quiere dejar de lado en la educación de las nuevas generaciones, restándoles importancia y autoridad, en pro de unos “derechos” que el Estado totalitario diseña a su medida.


Esta corriente, afirma también que los hijos en las familias son una maldición. Se difunden “estudios” donde se demuestra que los padres “desperdician su tiempo” con los hijos, anota el también autor del libro: Generación idiota, “cada papá y cada mamá, debe entregar al menos 219 horas cada año, a crianza de cada hijo”.


El adoctrinamiento a través del poder de las pantallas es constante y lo realizan abiertamente transnacionales del entretenimiento desde Disney hasta Lego. “Cancelan al Príncipe Azul de Blancanieves, por el beso no consensuado” se lee en un titular. Los programas escolares, se adecúan a las nuevas “formas de identidad” que los niños debieran aprender, sin el consentimiento de los padres; mientras, en nuestro país, Educación niega la lista de los profesores acusados de pedófilos.



Laje, advierte sobre las “demonización masculina”, una percepción de los varones que se construye, mirándolos como potenciales violadores y abusivos. Ahora el Estado debe “domesticarlos”, recordemos los mandiles rosados en los oficiales de las FF. AA, como parte de una estrategia de las “nuevas masculinidades”.


La familia, sigue siendo una institución fundamental y poderosa, por tanto, los padres no pueden arrodillarse frente a gobiernos totalitarios que los avasallan para adoptar ellos, su papel en los hogares.


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