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Fabiola Morales / La familia en las políticas públicas


El domingo segundo de septiembre, se celebró el Día de la Familia, el mismo que se estableció por el entonces Presidente, Fernando Belaunde; sin embargo, poco se ha avanzado en políticas públicas que favorecen a la familia, a pesar de la aprobación de la Ley 28542 de Fortalecimiento de la Familia de 2005 y del Plan Nacional de Apoyo a la Familia 2004-2011 y del 2013-2021 que, apenas avanzaron en el 14%, en indicadores cumplidos.


A un año y largos meses de pandemia por la covid-19, la implementación de esta ley ha debido ser prioritaria para aliviar las situaciones de dificultad y pobreza, en las cuales muchas familias se han visto atrapadas, a causa del contagio de la enfermedad de uno o varios miembros de la familia y, tantas veces, del fallecimiento de los mismos. Familias que se han visto afectadas de muchas formas; pero, sobre todo económicamente, por el costo del tratamiento que requiere cantidades notables de balones de oxígeno, medicinas, rehabilitación, entre otros.


Muchas familias han perdido el trabajo y están endeudadas; muchos niños han quedado huérfanos, y no pocos abuelos, tíos y otros familiares, han tenido que asumir la responsabilidad de su crianza y educación. Hay familias que hasta han hipotecado o vendido sus propiedades; pero por parte del Estado, no ha habido un esfuerzo por concertar con otras instituciones, a fin de ofrecer alternativas para la familia peruana.


Por otra parte, cuando se habla de la problemática de la violencia familiar, sólo se ha considerado la violencia contra la mujer; pero se ha ignorado la violencia contra las personas mayores -incluso de parte de los hijos contra los padres o de los nietos contra los abuelos- la violencia contra las personas discapacitadas, contra el servicio doméstico y, en general, contra los más débiles en el hogar. Estas cifras no se tienen.


Otro de los problemas a los que se le presta menos interés, tanto desde el Estado como desde la empresa privada, es el que se refiere a la conciliación entre la familia y el trabajo. En busca de la ansiada “competitividad”, se exige el cumplimiento de horarios mucho más allá de las 8 horas y no se respeta ya los domingos, como día de descanso y de mayor dedicación a la familia. Son muchos los centros de trabajo en que no distinguen el papel insustituible de la mujer como madre, sobre todo, en momentos en que los hijos son pequeños, están enfermos o pasan por problemas de adolescencia.


Los servicios públicos para las familias, muchas veces son caros y escasos, cuando en momentos en que las viviendas son pequeñas, las municipalidades deben procurar parques adecuados, o lugares donde los niños y los jóvenes puedan jugar o hacer deporte con seguridad. Las guarderías que los centros de trabajo debieran implementar, para los hijos de los trabajadores, prácticamente no existen.


Sobre éstas y más necesidades de la familia que, es el núcleo social, no se tiene suficiente data, la visión únicamente materialista y utilitarista de la persona está dejando aparcado el necesario fortalecimiento de la familia en las letras muertas de una ley; porque cuando se elaboran políticas públicas o planes de responsabilidad social en la empresa privada, se elude el hecho de que es en la familia donde las personas se forman y es la falta de ella, tantas veces, la causa de tantas tragedias, desde la falta de los más mínimos valores, hasta la delincuencia.


Sin embargo, el Congreso está dando pasos firmes a favor de la implementación del Enfoque de Familia.


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