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Fabiola Morales / Un pendiente de los DDHH: la trata de niños



Como lo recordamos en una columna anterior, hoy 10 de diciembre, se celebran los 75 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DDHH), después de la atroz experiencia de la Segunda Guerra Mundial, como un deseo de buenas intenciones, una hoja de ruta, para que no se repitieran acontecimientos que la humanidad había vivido con estupor.


Sin embargo, esta Declaración custodiada por la ONU, tiende ahora a ser interpretada, desde una perspectiva ideologizada que pone énfasis en determinados aspectos e ignora otros, exige democracia en algunos gobiernos y tolera abusos totalitarios en otros, lucha contra la violencia contra las mujeres y renuncia a una lucha frontal contra la trata de niños y adolescentes, un tema de vital importancia que la agenda internacional ignora.


Entre los departamentos de recursos y servicios de la ONU está el de “Recomendaciones para un lenguaje inclusivo en cuanto género”, como uno de los más importantes; en cambio, ninguno de éstos, está dedicado a la lucha contra el mal llamado “turismo” sexual infantil que, junto al narcotráfico, son las actividades perversas que más se benefician económicamente, a costa del mayor ataque a la dignidad de los más vulnerables en nuestros países.


La película “Sonido de la libertad” dirigida por Alejandro Monteverde y producida por Eduardo Verástegui -uno de los mayores éxitos de taquilla en el mundo, recientemente- muestra la cruda realidad del abuso y tráfico de menores en la selva de Colombia, uno los crímenes más deleznables contra los DDHH al que el establishment de los actuales burócratas de la ONU pretenden restar importancia.


La película que, no necesita recurrir a escenas crudas para mostrar esta dura realidad, narra la historia real de Tim Ballard un exagente de seguridad nacional americano que dejó su trabajo a fin de dedicar su vida, para intentar salvar a miles de niños que son captados con engaños, directamente o a través de Internet, por las mafias internacionales, cuyos clientes son poderosos y millonarios, como se afirma de uno de los gurús del negocio de la tecnología y la inteligencia artificial que destruyó su matrimonio, cuando su esposa le pidió el divorcio al enterarse de su delictiva conducta que se ha tapado con el manto de la impunidad.


Asimismo, los niños son captados también, por estas mafias para el trabajo forzado y barato por la gran industria informal de nuestros países que los obligan a permanecer en escondites donde no llega el sol ni menos quienes asuman la responsabilidad de denunciar estos delitos. En nuestro país, todos sabemos que son muchos los niños y adolescentes que explota la minería negra e ilegal. Pero, es claro que la trata de personas, especialmente de las más vulnerables, no está en la agenda de quienes se dicen defensores de los DDHH.


La citada película Sound of freedom, estrenada el Día de la Independencia de Estados Unidos y tan criticada por la industria tradicional del cine y sus idólatras, llegó a superar las que venían acompañadas por la maquinaria del marketing de Hollywood: Misión Imposible y la última entrega de Indiana Jones. ¿Quién puede estar a favor de estas mafias de trata infantil?


Ahora que, desde la ONU han anunciado distintas celebraciones con bombos y platillos, durante todo el año que viene, por los 75 años de esta Declaración –canción incluida: “Liberté”, del grupo musical Aterciopelados, donde interviene Susana Baca– esperamos se tengan la valentía de defender este pendiente con los niños y adolescentes del mundo.


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