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Fernando López Parra / ¿Universidad a dónde nos llevas?

El momento que atraviesa el sistema de universitario en Ecuador, a principios de la década de 2020, es interesante y merece la atención de diferentes segmentos sociales y políticos. Observadores más críticos se han percatado de que, ante los desafíos históricos a enfrentar, los estudios de universitarios a los ojos de los “pares”, lo que crea una perspectiva endógena, que por lo general no es muy renovadora o ayuda a tener perspectivas de transformación y de una franca relación con las sociedades a las cuales las universidades tienen que responder. Los diversos desafíos que enfrentan los estudios universitarios en la actualidad, se refieren a cuestiones sociales más amplias, que trascienden los muros de la educación superior. Nuevos interrogantes para la educación se han planteado en medio de la historia social que hemos ido construyendo en los últimos años y que se han visto agudizadas por las crisis sanitarias, políticas, bélicas, económicas, culturales y civilizatorias por las cuales estamos travesando estos últimos tres años.


Ante el marco crítico y complejo que enfrentamos hoy, y las perspectivas de humanidad que comenzamos a descubrir, el sistema de educación superior incluido los de posgrado carecen de análisis sobre sus propósitos y, por ende, sobre las cualidades relevantes que se espera de las universidades nacionales en los próximos años. La universidad en general no puede constituirse en una fábrica de profesionales sin sentido y sin planificación alguna. Al parecer el actual gobierno carece de un plan de graduación profesional que ayude a canalizar los esfuerzos del sistema universitario, solo ha colocado como desafío el ingreso en masa de los universitarios, pero nada se ha dicho a dónde irán la aglomeración creciente profesionales que arroja el sistema universitario nacional.


Esperemos se estructure un ambiente de debate sobre el rol y propósitos de los estudios universitarios y la calidad de sus propuestas académicas, en momentos en que el sistema universitario debe responder a la gran variedad de desafíos sociales, tecnológicos, políticos y ecológicos, resulta de gran importancia reflexionar sobre las condiciones actuales y el futuro deseable de nuestras casas de estudio. El posgrado también debe ingresar a una reflexión sobre cómo se presenta en el momento actual y su razón de ser en nuestro país. En este sentido, es necesario responder a varias preguntas: ¿Cuál es el propósito y la naturaleza de los estudios de posgrado, en un momento de cambios acelerados? ¿Qué valor tienen para las personas y la sociedad? Las respuestas deben buscarse en diversos grupos de interés y con distintas referencias que la universidad tiene que realizar. El posgrado no puede ser una grada más de un pregrado deficitario y de poca calidad profesional y académica.


En este momento, por tanto, es necesario cuestionan aspectos relacionados con los propósitos, propuestas, estructuras, currículos, formas de actuación y tipos de cualidades socialmente relevantes que se esperan de los cursos que ofrece la universidad. Estos puntos deben ser los cuestionadores, a la luz de las discusiones sobre el papel social de la universidad, situación que se muestra con nuevas características frente a la historia construida en todos estos años. La universidad debe reinventarse, lamentablemente no se observa renovaciones de fondo de su propuesta histórica. El presidente seguramente no piensa en la universidad nacional por su poca cercanía en su vida; esperemos que sea sensible y delegue a sus colaboradores, que vienen de la educación privada y diseñen políticas públicas que beneficie al sistema universitario nacional y que de seguro impactará a toda la sociedad nacional en el futuro.


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