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Fernando Villarán / Lecciones estratégicas del COVID-19 (4 de 4)


La última característica de la sociedad del conocimiento (o si se prefiere, de la cuarta revolución industrial) es que las universidades se han convertido en los protagonistas principales. En estas instituciones se concentra el conocimiento, la investigación, el desarrollo, la experimentación; ellas son las que establecen estrechas relaciones con las empresas privadas, pasando los descubrimientos a la producción de bienes y servicios; son las que reciben y utilizan eficazmente el financiamiento del Estado; son las que transmiten todos estos nuevos conocimientos a sus alumnos que salen al mundo a llenarlo de ideas, soluciones, innovaciones, empresas, mejoras (en productividad y calidad), instituciones.


Los egresados de dos universidades de Estados Unidos (MIT y Stanford), han creado un total de 66,000 empresas (entre 1930 y 2011), generado 8.7 millones de empleos, que aportan actualmente el 14% del PBI del país (7). Además, han creado 30,000 organizaciones no gubernamentales. Entre las empresas creadas por los egresados de estas dos universidades se encuentran varios de los gigantes ya mencionados: Google, Intel, HP, Texas Instruments, Yahoo, Nike, Cisco, McDonnel Douglass, Raytheon, Genentech, AOL, Gillete, GAP, Tesla, Netflix, Ideo, Koch Industries.


¿Qué conclusiones se pueden obtener de esta nueva situación? ¿Vamos a seguir el camino de siempre, detrás de los países desarrollados, utilizando sus innovaciones y proporcionando las materias primas que requieren para fabricarlas? ¿Algún día vamos a alcanzar a estos países desarrollados, como lo han hecho, en su momento, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia, Finlandia, China, Israel, Portugal, ¿y muchos otros más? ¿Nos conformaremos en ser los principales proveedores de materias primas de China, es decir, la nueva colonia de China?


Debemos intentar nuestro propio camino al desarrollo sostenible, para lograr una sociedad sostenible, desarrollando nuestras propias innovaciones que nos llevan a ese lugar. Van surgir cientos y miles de ellas, aunque ahora no aparezcan con claridad ni sean tan evidentes. Por supuesto, utilizaremos todos los avances de la revolución digital, y las otras innovaciones que aporten los países desarrollados, pero el núcleo de nuestro desarrollo, es lograr una explosión de innovaciones (eso es lo que son las revoluciones industriales) propias, que resuelvan nuestros problemas (informalidad, diversificación productiva, corrupción), que aprovechen nuestras ventajas naturales y adquiridas (mega diversidad biológica y cultural, gastronomía), que desarrollen nuestra propia vocación, perfil y presencia cultural en el mundo, que aprovechen muchas de las oportunidades que está abriendo la pandemia.


¿Cuáles son esas oportunidades? No lo sé. Este artículo no tenía por objeto dar respuestas, sino echar luces sobre la situación que nos ha tocado vivir con la pandemia. En el mejor de los casos, intentar abrir pistas diferentes, confiando en que la capacidad de trabajo, inteligencia, sensibilidad y valores de nuestros profesionales, científicos, empresarios, funcionarios públicos y políticos, los encontrarán.


Como seguramente algunos pensarán que estoy exagerando, incluyo las dos investigaciones de donde he extraído esta información: (i) 'Entreprenurial Impact: The Role of Ml T', E. Roberts and C. Eesley, Kauffman Foundation, 2009, (ii) "Stanford University Economic Impact via Innovation and Entrepreneurship", C. Eesley and W. Miller, Stanford University Press, 2012. También pueden encontrar esta información en (iii) Educación emprendedora en la Educación Básica', E Villarán, IPEBA, MINEDU, 2013. Las tres publicaciones se pueden bajar de Internet.


El autor es Decano de la Facultad de Ingeniería y Gestión de la UARM


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