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Germán Lench / ¡Corrupción obstáculo para la inversión!

Según el proyecto de opinión publica de América latina (LAPOP) año 2022 el Perú encabeza la lista en América Latina con la más alta percepción de corrupción en entre sus políticos con 88%.


La agencia de marketing Activa Perú - reveló en una reciente encuesta de opinión que el 46,2% de los peruanos confesaron que la corrupción es el principal problema del país. Según la Contraloría General de la República, hemos perdido más de 24 mil millones de soles por la corrupción.


Las economías afectadas por un alto nivel de corrupción no pueden prosperar como aquellas con bajos niveles de corrupción.


Las economías donde hay corrupción funcionan normalmente porque la corrupción impide que las leyes de la economía funcionen de manera libre. Como resultado, la corrupción dentro de las operaciones políticas y económicas es causa de que toda la sociedad se deteriore.


La corrupción es contraria al crecimiento económico ya que desalienta la inversión privada al dañar la predictibilidad del sistema jurídico, y genera un escenario riesgoso para los emprendimientos de las inversiones empresariales. Disminuye las condiciones para la creación de empleo, ya que promueve la incertidumbre jurídica, la inestabilidad política e inseguridad pública, entre otros.


El capitalismo necesita de la corrupción, aunque las persiga en algunas de sus formas.


Adam Smith, el padre de la economía moderna en 1776 afirmo en su obra “La riqueza de las Naciones” que un país tiene que tener entre otros, un esquema jurídico de justicia para todos; para generar confianza e incrementar la inversión privada y el mayor crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI).


La corrupción en nuestras instituciones tutelares, es un problema estructural que no solo pasa por asignar mayor presupuesto al Poder Judicial y Ministerio Público para sueldos e infraestructura; sino adoptar medidas radicales y efectuar un cambio, ya que este flagelo limita el crecimiento y no contribuye a reorientar nuestra economía hacia un modelo que deje de ser únicamente primario exportador en el largo plazo.


Recordemos que Michael Porter gurú de la competitividad, nos llamó la atención diciendo que “La corrupción es una de las deficiencias más graves que limitan el desarrollo”; afirmo que nuestros éxitos de los últimos años pueden irse al demonio sino limpiamos el sistema judicial.


Tenemos hecho el diagnostico, pero hay que ir a la acción, y preguntarnos ¿Cómo podemos hacer para modificar el funcionamiento de la justicia, desde su estructura? y ante ello, me pregunto ¿Debe ser obligatorio que para ser Juez hay que ser abogado?; si no existe la profesión de JUEZ, entonces pueden impartir justicia finalmente ciudadanos profesionales de experiencia y probos con otros títulos los también; asimismo nos preguntamos ¿Porque no tenemos la oportunidad de elegir a nuestros vocales supremos del Poder Judicial y Fiscalía de la Nación cada 05 años?, así como lo hacemos con el Presidente de la República y los Congresistas; en todo caso debatamos, intercambiemos criterios pero hagamos algo.


Por algo el Licenciado y profesor Luis Peña Kanafany, decía: “más vale poco con justicia que mucho con derecho”.


La corrupción viene generando en nuestro país, mayor delincuencia, inseguridad, coimas, desempleo y contribuye directamente a la crisis económica, inadecuada educación, falta de democracia.


Según el reporte Percepción Ciudadana sobre Gobernabilidad, Democracia y Confianza en las Instituciones, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la corrupción y la delincuencia son los principales problemas en nuestro país. En cuanto a la corrupción, el 63.7% de la población la ubicó como la principal preocupación. La corrupción está vinculada principalmente al poder político, como el tráfico de influencias, cobro de porcentajes sobre contratos y licitaciones, fraudes, descuentos compulsivos, otros.


La corrupción no es un asunto menor, ya que afecta a la vida, de las empresas y del Estado. Al respecto, quisiera concluir con una cita de López Calera (1997), que bien podría extrapolarse por ejemplo a la situación peruana actual: “la corrupción política, cuando se convierte en delincuencia común, promueve una crisis de legitimidad en el Estado social y democrático de Derecho; por esta corrupción política aparecen muchas críticas al Estado democrático; el pueblo se queja –y con toda la razón– de los políticos, pero finalmente terminan quejándose del Estado a quienes esos políticos dicen que representan”.


“Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales y otros funcionarios públicos honestos, valerosos, transparentes y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.”; Javier Sicilia


Estamos todos en la obligación de afrontar el flagelo de la corrupción que genera desconfianza en las inversiones privadas, esto es clave para mantener el incremento sostenido del PBI que debe ser 5% anual como minimo.


La corrupción es un problema al cual debemos poner remedio, dados los efectos negativos que tiene sobre la economía, los ciudadanos y nuestras propias instituciones del Estado.


Según Steve Alten “Lo que hemos creado es una economía de extorsión en la que los ricos se hacen más ricos, los pobres son más pobres y por lo visto a nadie le importa siempre y cuando lo llamemos democracia”.


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