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Herberth Cuba / Las universidades y el Día del Estudiante de Medicina

Sunedu deben fiscalizar el cumplimiento de los derechos de los estudiantes


En agosto del 2010 se produjo un brote de peste bubónica y neumónica. Hasta fines de ese mes, enfermaron 31 personas, 25 con peste bubónica, 4 con peste neumónica y 2 con peste septicémica. Además, enfermaron un médico residente y un estudiante de medicina, que atendían en la emergencia del Hospital Regional de Trujillo. En esa circunstancia se produjo el deceso de un adolescente que portaba el Síndrome de Down y del estudiante de medicina Félix Eduardo Ugaz León. Como es obvio, los contagios, tanto del médico residente como del estudiante se produjeron, por fallas en la bioseguridad hospitalaria. Es decir, faltó financiamiento y provisión de elementos de protección personal y de los métodos de barrera para evitar el contagio. Luego de la pandemia Covid-19 se entiende con facilidad la importancia de la bioseguridad; sin embargo, en esa época, a pesar de la severidad de los contagios de la peste bubónica, no se le dio la importancia debida. Esa negligencia ocasionó la irreparable muerte del estudiante.


Asimismo, durante ese periodo se realizaba el proceso de descentralización de la salud que transfirió las competencias sanitarias a los gobiernos regionales. Esta transferencia de competencias se realizó sin tomar en cuenta que la Ley de Bases de la Descentralización señala que las competencias de salud son compartidas entre los tres niveles de gobierno; por tanto, se pasó por alto el concepto de “que aquello que se comparte no se transfiere”. También existía contienda de competencia entre el Ministerio de Salud (Minsa) y el gobierno Regional de la Libertad, para la adquisición del insecticida Carbaryl. Por un lado, el gobierno regional exigía que el Minsa, otorgue la autorización de compra del insecticida y que además efectúe la compra con dinero del Minsa. Por otro lado, el Minsa señalaba que ya las competencias habían sido transferidas y, por tanto, esas acciones le corresponden al gobierno regional. El debate cobró ribetes de escándalo en la prensa de la época, y generó pérdida de tiempo para una intervención oportuna.


En ese contexto, tampoco se evaluaron los determinantes económicos sociales y culturales de la salud. Un primer aspecto, es que existían trabajadores agrarios, unos asalariados en planilla y otros migrantes transitorios, que vivían en condiciones precarias, sin agua ni desagüe en convivencia con sus propios animales, al margen de las acequias, con casitas hechas con palos y recubiertas con plástico. Un segundo aspecto, consistía en la costumbre de quemar los residuos de caña de azúcar y de maíz de las plantaciones, que habían sido colocados al margen de los linderos de las haciendas. Como es obvio, estos montones de residuos de caña y maíz se convirtieron en la madriguera de los roedores y las pulgas, pero al ser quemados, obligaron a estos a guarecerse en las chocitas de los trabajadores agrarios. Un tercer aspecto, es que el gobierno había prorrogado el cumplimiento del Programa de Adecuación del Medio Ambiente (PAMA) de las empresas agroindustriales, por tanto, aún no había la obligación de deshacerse ecológicamente de los residuos de caña y maíz. Como se puede apreciar, las condiciones estaban dadas para la ocurrencia de un brote de peste, con las muertes que acarrearon tras de sí.


La consternación que produjo la temprana muerte del estudiante de cuarto año de medicina de la Universidad Nacional de Trujillo sirvió para que los estudiantes de medicina de las diversas universidades del país se unan y reclamen con enormes protestas contra esta irreparable pérdida. En estas circunstancias es que se acordó declarar al 27 de agosto de cada año como el día del estudiante de medicina en el Perú. Este hecho, fue favorecido por la coincidencia con la fecha del 27 de agosto de 1885, en que el Héroe Nacional, Mártir y maestro de la medicina peruana, Daniel Alcides Carrión, fue inoculado, a su petición, en la Sala de las Mercedes del Hospital Dos de Mayo, por el médico Evaristo Chávez, con sangre macerada de una tumoración verrucosa. Como se sabe este acto fue el inicio de la progresiva enfermedad que el mismo Carrión, aún estudiante, describió, hasta días antes de su muerte, ocurrida el 5 de octubre de 1885. De esta manera, aún a costa de su propia vida, logró demostrar que la verruga peruana y la fiebre de la Oroya son formas clínicas de una misma enfermedad.


El Día del Estudiante de Medicina cobra aún mayor relevancia, luego de haber sufrido los estragos de la pandemia Covid-19. Por un lado, obligó al gobierno, incluso mediante decretos de urgencia, a brindar las medidas de protección personal y de bioseguridad a todos los estudiantes, no solo de medicina, sino de las demás carreras profesionales de la salud. En ese sentido, no se debe bajar la guardia, ni relajar esas medidas de protección ya “conquistadas”. Por otro lado, se incrementó ligeramente el estipendio de los internos de medicina, aunque, se dejaron de lado otros temas que los aquejan. Sin embargo, los estudiantes de medicina aún pugnan por ocupar “campos clínicos” adecuados para sus prácticas profesionales. Los campos clínicos, son los espacios de los establecimientos de salud, equipados de acuerdo con estándares clínicos óptimos, en donde confluyen los estudiantes, sus tutores médicos y los pacientes. Es la denominada “docencia en servicio”. Además, hay una serie de trabas administrativas, en detrimento, a veces, de los estudiantes de las universidades públicas, para ocupar las plazas de campos clínicos en los hospitales.


La carrera profesional de medicina es prolongada, sacrificada y existe una ligazón en su formación teórico-práctica durante siete años. Para tal fin la relación entre el médico tutor y el estudiante es crucial, sin embargo, a veces, debido a la falta de normatividad o al incumplimiento de las pocas que existen, esta relación se puede convertir en “abuso y maltrato” o, incluso, en “acoso” o como fuente de aprovechamiento por parte de algunos malos docentes. En ese contexto, está pendiente de aprobación por el Pleno del Congreso de la República, la Ley del Internado Médico. También la Sunedu y otras instituciones relacionadas deben fiscalizar el cumplimiento de la Ley Universitaria y los derechos de los estudiantes. Por ejemplo, el cumplimiento de la obligatoriedad de colgar las notas de los alumnos en las plataformas electrónicas, sin demora, para evitar que los alumnos o alumnas “persigan” a sus tutores por la nota en los diversos espacios de los hospitales o las universidades, contra el tiempo, al finalizar el semestre académico. Esta “mendicidad de las notas” propicia una serie de “corruptelas” en detrimento de los estudiantes. ¡Feliz día del estudiante de medicina!



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