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Jorge Chávez / Nuevo modelo de desarrollo y Covid-19


El Covid-19 ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades de la globalización y de la interdependencia productiva y comercial entre las economías nacionales. Ha quedado demostrado que las redes internacionales de producción y comercio se pueden romper fácilmente ante choques sanitarios agudos como el originado por el Covid-19 o cualquier otro virus pandémico que aparezca en el futuro. Así lo demuestran las severas restricciones al transporte internacional implantadas en muchos países tras el estallido de la pandemia que sigue afectando la operatividad de las cadenas globales de valor y el flujo comercial de manufacturas y materias primas. Si bien China inició con prontitud su proceso de retorno gradual a una ‘nueva normalidad económica’, aun afronta una menor provisión de bienes desde Europa y Estados Unidos y una menor demanda mundial. Faltan insumos para producir, sobre todo en los sectores que han visto aumentar bruscamente su demanda, como es el sector sanitario. Hacia el futuro es muy probable que China prefiera abastecerse de insumos desde países asiáticos cercanos o domésticamente, que hacerlo desde ultramar. En general, esta orientación hacia la autosuficiencia regional y doméstica será el signo distintivo de las nuevas estrategias de desarrollo productivo de las próximas décadas en todo el mundo. Los avances de la digitalización, la robotización y el ‘machine learning’ facilitarán los procesos de relocalización productiva hacia países cercanos y hacia el interior de las economías nacionales; vale decir, las estrategias de sustitución creativa de importaciones en procesos críticos de las cadenas de valor. La tendencia más clara será la consolidación de redes regionales de competitividad productiva no sustentada en bajos costos laborales y de redes domésticas de competitividad orientadas a preservar la seguridad alimentaria y sanitaria. Las ventajas comparativas sustentadas en bajos costos laborales pesarán menos en la competitividad de empresas y países. Al Perú le convendrá desarrollar redes productivas y comerciales con los países de la Alianza del Pacífico, así como impulsar un programa robusto de cambio de los patrones de consumo alimentario, para reducir nuestra dependencia de la importación de insumos y productos alimenticios (soya, trigo, arroz, leche en polvo, etc.), impulsando la oferta y la demanda de productos calóricos, vitamínicos, proteicos y fármacos naturales protectores del sistema inmunológico (papa, menestras, cereales andinos, frutas tropicales, aceites esenciales, etc.). Ello implica la necesidad de rescatar y poner en valor los conocimientos alimentarios y medicinales ancestrales, así como las tecnologías de producción e irrigación agrícola pre-inca e inca, tales como los andenes, amunas, cochas artificiales, represas altoandinas, acueductos con gradientes, etc. Si bien hasta ahora seguimos más preocupados en la inmediatez que impone la necesidad del salvataje de empresas y la normalización de la producción, lo cierto es que sin una visión clara de las nuevas mega tendencias, el peligro será profundizar los males estructurales de una economía que ya demostró estar en la cola de la región en cuanto a resiliencia. En lugar de seguir derramando chorros de plata barata subsidiada por el Estado hacia empresas grandes, el gobierno debería convocar a los mejores talentos del país para formular un nuevo Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social, de carácter territorial y multisectorial, focalizado en objetivos estratégicos que han saltado a la vista como prioritarios a raíz de la pandemia. La ‘nueva normalidad’ de la economía no debe entenderse como una mera reactivación del aparato productivo, sino como una estrategia de reconversión productiva centrada en lineamientos tales como: 1. Reducir la informalidad empresarial y laboral, a partir del desarrollo de cadenas y redes de micro, pequeñas y medianas empresas competitivas. 2. Impulsar un programa de sustitución creativa de importaciones de insumos y productos alimenticios, vinculado al cambio del patrón de consumo. 3. Desarrollar un sistema de seguridad alimentaria y de salud preventiva, sustentado en la puesta en valor de nuestros conocimientos autóctonos y recursos ancestrales. 4. Fortalecer el planeamiento urbano sostenible, con el fortalecimiento de centralidades que contribuyan a reducir la movilidad urbana, con viviendas y servicios básicos que contribuyan a una vida digna. 5. Servicio de transporte público urbano digno (subsidiado), ordenado de manera multimodal, gestionado con transparencia centralizadamente, promotor de la reducción de la emisión de gases tóxicos, libre de aglomeraciones y hacinamiento. 6. Elevar el nivel de bancarización digital para reducir el uso de dinero en efectivo y las colas en las ventanillas de los bancos. Actualmente solo 55% de los adultos tienen cuentas bancarias y mucho menos tienen acceso digital. 7. Modificar la matriz energética, dando impulso a la producción de energías renovables. 8. Reconvertir los mercados de abastos tradicionales en centros modernos de comercialización de alimentos, gastronomía y atractivo turístico. 9. Aumentar la penetración de refrigeradoras en los hogares. A pie de página, el programa Reactiva Perú culminó la semana pasada su primera etapa de S/ 30 mil millones, con el 81% de esos fondos destinándose a las grandes y medianas empresas, mientras que solo el 19% fue canalizado a las micro y pequeñas empresas, aunque en número de empresas éstas representen el 70% del total de empresas beneficiadas. Debería definirse como política que los S/ 30 mil millones programados para la segunda etapa de Reactiva Perú solo irán dirigidos a ayudar a las micro, pequeñas y medianas empresas, flexibilizando sus requisitos de acceso a esos recursos. Esta ayuda no sólo debe estar orientada a la provisión de liquidez para capital de trabajo, sino para viabilizar el desarrollo de cadenas y redes de micro, pequeñas y medianas empresas competitivas, y para impulsar una estrategia de sustitución creativa de importaciones y de desarrollo de cadenas de valor entre empresas pertenecientes a la Alianza del Pacífico.

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