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Jorge Chávez / Castillo jugando al jaque mate (1 de 2)


El 28 de julio el juego político entre el oficialismo y la oposición empezó, así como suelen hacerlo las partidas de ajedrez, Castillo abriendo la partida con la jugada convencional “peón 4 rey”, dando un mensaje a la nación -si bien cargado de simbolismo histórico polarizador- que permitía proyectar la esperanza de un gobierno respetuoso del sistema democrático para llevar adelante una agenda de ‘cambio responsable’. En él se comprometió a impulsar su ansiada asamblea constituyente a través de una iniciativa de referéndum previamente sometida al veredicto del Congreso, como lo manda la vigente Constitución.


Más allá de la preocupación despertada por la harta carga de propuestas populistas de su discurso patrio, la oposición respondió con el usual movimiento “peón 4 rey”, dándole al flamante presidente izquierdista el beneficio de la duda, aguardando que éste anuncie la conformación de su gabinete de ministros.


Desde el momento en que Castillo fue proclamado como presidente, y superado el berrinche de Keiko Fujimori y su grito de fraude sin pruebas, varios protagonistas de la derecha política y empresarial que la habían respaldado en esa intentona, ya habían empezado a dar muestras de moderación y hasta de reconocimiento del impacto positivo a largo plazo que podría conllevar un gobierno de izquierda comprometido con los cauces de respeto al sistema democrático y a una economía social de mercado.


Castillo había repetido hasta la saciedad que no era comunista, ni chavista, y que pretendía hacer un “gobierno de consenso” o de “ancha base” que reflejara no sólo la composición de los votantes a favor de Castillo en segunda vuelta (mayormente de centro o de un anti fujimorismo muy distante del socialismo latinoamericano), sino también de la otra mitad de peruanos que se inclinaron por Keiko como opción de refugio ante su temor de que se instaure un régimen socialista o comunista.


Tras el mensaje de 28 de julio, la siguiente jugada esperada era el anuncio de un gabinete de calidad con presencia de profesionales solventes en cada cartera. Sin embargo, Castillo tardó una eternidad en mover sus fichas, dando muestras de incapacidad de decidir por sí mismo y de estar supeditado a los designios de Vladimir Cerrón, un caudillo marxista leninista de corte estalinista prontuariado por corrupción y que hace las veces de ´monje negro’ de Castillo, al estilo del rol que jugó el reo Vladimiro Montesinos en la dictadura de Alberto Fujimori.


Finalmente, la composición del “gabinete Cerrón” que juramentó ante Castillo dejó boquiabierto al país entero, incluso a muchos de los seguidores y simpatizantes de Perú Libre. Lamentablemente, no por la idoneidad profesional y moral de sus miembros para ejercer un cargo ministerial, sino por todo lo contrario. Salvo la destacable excepción de Juan Cadillo en la cartera de educación, los demás son personajes sin el más mínimo conocimiento de su sector y sus trayectorias personales lindan con la desfachatez callejera o pro – senderista.


Encima, el premier designado, el congresista Guido Bellido, personaje díscolo acusado de apología al terrorismo, muestra como mayor mérito ser un incondicional de Cerrón. Tan impresentable es que el propio Pedro Francke le exigió a Castillo que lo desembarque como condición para que él se suba a la nave lapicera. Finalmente, igual se puso el fajín anunciando que trabajaría de la mano de Castillo y Bellido, en una demostración de gran flexibilidad política, también característica en sus planteamientos económicos.


Con estas movidas, claramente el propósito de Castillo y Cerrón es ofrecerle al país un ‘lumpen gabinete de ministros´, sectario y lego en gestión pública. Un gabinete provocador, que agudice las contradicciones con la oposición y divida a limeños y provincianos, a ricos y pobres (ignorando la existencia de una amplia clase media) para forzar cuanto antes que el Congreso les niegue la confianza a dos gabinetes, y así poder disolver el Congreso y obtener el poder absoluto que les permita convocar a una asamblea constituyente.


Por ende, la vía constitucional anunciada por Castillo ante todo el país para tentar la aprobación de un referéndum para convocar a una asamblea constituyente sería una mera pose adoptada para la ocasión inaugural de su gobierno.


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