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Jorge Chávez / Desarrollo sostenible para Lima (2 de 2)


Lima: por una agenda de desarrollo sostenible


En Lima persiste por décadas un estado de marginalidad social, ahondado por el crecimiento caótico de la ciudad, la elevada informalidad, el bajo nivel educativo y de formación cívica de la población, la falta de planeamiento urbano y un paternalismo que ha alimentado una cultura invasiva del suelo eriazo, auspiciada desde el Estado, promotora de asentamientos humanos en zonas de riesgo o de difícil acceso para el tendido de redes de agua y alcantarillado, lo que encarece enormemente el costo de brindar servicios básicos. Todos estos males se han agudizado durante la pésima gestión del gobierno de Pedro Castillo.


El crecimiento urbano caótico ha traído consigo hacinamiento, marginalidad social y vulnerabilidad frente a riesgos de desastres en un contexto de cambio climático. Las políticas estatales de titulización de la propiedad han reforzado los problemas estructurales de la vivienda, al incentivar el accionar de mafias de trafico de tierras que operan inclusive desde las mismas instituciones públicas.


Tres de cada cuatro viviendas se construyen de manera informal y sin apoyo técnico ni financiero, además los procesos de normas, licencias y permisos son confusos, burocráticos y corruptos. Las municipalidades son débiles y muy poco profesionalizadas.


En Lima se necesita soluciones integrales de vivienda, más y mejor planificación urbana y acondicionamiento territorial. Para ello hay que rediseñar el sistema de gobernanza de la ciudad para viabilizar la realización de obras transversales, especialmente espacios públicos.


Lima depende de los recursos hídricos de las cuencas del Rímac y el Chillón, afectadas por la deforestación, la emisión de residuos químicos, relaves mineros y residuos orgánicos de los centros poblados. Cuadro agravado por las invasiones de terrenos adyacentes al río y el arrojo indiscriminado de basura y desmonte.


Todo ello agudiza la vulnerabilidad en épocas de huaycos, generando desbordes que ponen en riesgo a las poblaciones ribereñas. Vinculado a este problema, está el incipiente tratamiento de las aguas residuales domésticas, la disposición de excretas a campo abierto y la falta de educación sanitaria.


Los centros urbanos de mayor relevancia histórica están en creciente degradación: Barrios Altos, Rímac, Cercado, Barranco, Callao, etc. Zonas altamente degradadas como los Barracones y el Mercado Mayorista, entre otros, son focos de caos contagioso al resto de la ciudad.


Si bien Lima cuenta con una amplia red de monumentos arqueológicos y el mejor centro histórico de Sudamérica, su desarticulación y nivel de abandono son pavorosos.


Lima es un desierto bañado por tres valles que es vital que se sostengan como “reservas verdes”. Ni las autoridades ni la población tienen una cultura ética y estética orientada a la sostenibilidad de las áreas verdes y el mar. La contaminación ambiental es creciente y pavorosa en os tres valles y en toda la costa de Lima. La mayoría de sus riberas han devenido en grandes botaderos de desechos sólidos. Carecen además de defensas ante posibles inundaciones.


Los más de 100 kilómetros de longitud de sus tres valles brindan una enorme oportunidad para el deporte y la recreación. Mientras que los más de 40 kilómetros de litoral desde ancón hasta Pucusana, que gozan de buen clima durante todo el año, están contaminados, y desperdiciados durante nueve meses del año.


La revolución digital constituye una oportunidad para revertir toda esta crítica situación y posicionar a Lima como ciudad inteligente y sostenible. La suma de inteligencias, personas y máquinas inteligentes puede permitir crear un paradigma de humanidad limeña aumentada, compatible con la sostenibilidad deseada del planeta.


La agenda de desarrollo sostenible de Lima es inmensa, pero lamentablemente gran parte de ella está fuera del discurso y las propuestas de los candidatos a la alcaldía de Lima y sus distritos. Es tiempo de reemplazar las propuestas efectistas y populistas, por verdaderos planes de desarrollo sostenible para una ciudad que, por su historia y ubicación geopolítica, debería ser el emblema competitivo de América Latina.


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