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José Burga / Cómo afrontar la “nueva normalidad” (2 de 4)

LOS EXCLUÍDOS DIGITALES. Para algunos el traslado del mundo físico, hacia el mundo digital no ha sido tan complicado que digamos. La tele educación, el tele trabajo, la tele salud, etc. se ha convertido en la nueva plataforma que nos permite acceder a dichos servicios y darle continuidad a nuestra vida diaria. Sin embargo, la brecha digital todavía aísla y está poniendo en peligro a los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad, debido a que muchos de ellos no cuentan con acceso a la web.


En América Latina y el Caribe (ALC), son millones los hogares que producto del lockdown, se han quedado sin acceso a internet debido a que muchos de ellos dependen del servicio del prepago para hacer llamadas telefónicas o para acceder a los servicios de salud, educación, bonificaciones sociales y otros beneficios que se brindan on line. La exclusión digital que vienen sufriendo los hogares más pobres es asombrosa. Y es que la combinación de falta de recursos económicos y confinamiento, no hace posible que se acceda a los servicios que brinda el gobierno, ni que haya comunicación con la familia y amistades fuera del entorno del hogar.


Imagínense por un momento lo complicado que debe ser para una madre soltera de extrema pobreza, tener que elegir entre la comida y los servicios de datos. En muchos hogares, puede significar hasta la mitad de su presupuesto familiar el tener que recargar datos para tener acceso a los recursos de educación que brinda el gobierno a través de las plataformas digitales. Si bien es cierto la mayoría de operadores de telefonía móvil vienen dando facilidades a sus clientes con contrato postpago, son muchos los hogares sin internet y clientes prepago que no son parte de este universo.


Una de las estrategias de los gobiernos, dentro de esta “nueva normalidad” debe estar orientada a garantizar que nadie se quede rezagado producto de la exclusión digital. En el Perú por ejemplo se hicieron promesas de proporcionar computadoras portátiles para los estudiantes de las zonas rurales, lugares donde el acceso a internet es casi nulo y lo peor aún, no se cuenta ni con abastecimiento de fluido eléctrico. Se requiere en tal sentido, soluciones que provengan de la alianza pública y privada para tratar de disminuir el impacto del COVID-19 a las personas de menos ingresos, caso contrario, todo programa alternativo e iniciativa social para promover los tele servicios públicos, serán una broma de mal gusto.


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