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  • José Tejada

José Tejada / El cónclave de agricultores

La naturaleza trata de comunicarse con nosotros, pero los seres humanos desconocemos su lenguaje; al respecto Víctor Hugo decía, “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha”. Hoy, refrendando esta analogía, debemos decir que la naturaleza agraria está en cada agricultor que la sostiene, y su mayor adversidad, la sordera de quienes “los representan” en el sector público, que en su mayoría no son agricultores ni viven en el campo.


La historia de los Yachachiq o Camayoqs, por citar algunos ejemplos, son quienes tienen saberes y los comparten con la población, quienes con su espíritu campesino promueven innovaciones tecnológicas; son la continuidad de los Amautas, sabios por excelencia en la época incaica, quienes eran los pedagogos de las familias nobles en su tiempo. Hoy, desde fines de los 70’s, toma mayor fuerza el esquema de transferencia de conocimientos desde los que viven en el campo, para los que viven en el campo, en una suerte de conservar conocimientos ancestrales, pero también con gran desempeño para afrontar las desavenencias del tiempo, la sociedad y la política.


Son décadas que grandes entendidos en causa y efecto de diversas variables en el sector rural, tienen que afrontar la problemática causada por quienes son sordos a las propuestas de quienes saben, y renuentes al éxito demostrado por quienes conocen, los agricultores.


Recuerdo, en varios proyectos, cuando empezaba a conocer a los equipos técnicos de debía dirigir, formar y fortalecer a profesionales, para brindar una adecuada asistencia técnica en campo; podía identificar con facilidad a quienes tenían experiencia de campo, a quienes no la tenían y querían aprender, y el resto. ¿Cómo ordenar a grupos tan diversos de transferencistas tecnológicos?, y la salida fue rápida, cuando utilizaba los conceptos básicos que habían llevado en sus universidades o institutos técnicos, cómo lenguaje universal, donde los que sabían más de campo, prestaban mayor atención, y los que sabían más de aula, querían verificar en campo lo que les enseñaba en un papelote o una charla de salón, construyendo con ellos los planes de intervención rural.


Luego de uniformizar criterios, los técnicos de campo, ya se sentían muy capaces, y queriendo muchas veces impresionar, recordaban que les decía que el conocimiento viene del campo, y que nosotros solo éramos traductores de lo holístico que llevan en la sangre los agricultores, para facilitarnos entre los técnicos, el intercambio de experiencias logradas en cada acercamiento a los campos de cultivo.


Se necesitaba mejorar los conocimientos de los técnicos, para que den resultados sostenibles, para ello, sólo les pedía que identificaran a los mejores agricultores, por su grado de productividad, buena conducta, justo con sus colaboradores y padres ejemplares. Con estas personas, se formó a los nuevos maestros de los técnicos que colaboraban en el desarrollo de diversos proyectos a mi cargo. Por primera vez, un agricultor tomaba un plumón sobre un papelote, o una tiza sobre una pizarra, o un palito sobre tierra afirmada, para enseñarles a ingenieros y técnicos, cómo se reconocen las fallas y cómo se diseñan las soluciones, para decirlo en sencillo, les enseñaron a ser agricultores con curiosidades para poner en práctica sus conocimientos de aula. Se hablaron miles de horas sobre plagas, abonamiento, podas, comercialización, entre otros; se caminaron kilómetros, entre sol y lluvias, pero por fin se comenzaba a crear confianza en quienes el único polvo que llevaba en los zapatos era el de la tiza de sus aulas.


Se logró uniformizar más al equipo en experiencia y conocimientos de campo, y adquirieron algo que no te dan en ningún centro de enseñanza oficial, y es esa nobleza que vive todo hombre de campo, en donde todos somos semilla de conocimiento. Varios de los maestros de los técnicos, también habían pasado por una universidad, y validaban lo aprendido con sus experiencias de campo, siendo estas personas para mí, piezas claves en la transducción del código de conocimientos integrado que consistía en aula y campo en paralelo.


El Ministerio de Agricultura fue creado bajo la Ley Nº 9711, formulada el 31 de diciembre del año 1942, durante el gobierno del presidente, Dr. Manuel Prado Ugarteche; en el artículo 3 de esta ley, señala que este ministerio debe cuidar que funcionen las diversas que secciones indispensables para el estudio de los problemas de la costa, sierra y montaña, de acuerdo con las necesidades de las diversas regiones del país. Al respecto, pueden haber salido normas que “mejoren” la redacción, pero los fines son los mismos, identificar los problemas para darles soluciones. En lenguaje sencillo, ¿quiénes tienen los problemas?, ¿quiénes vienen resolviendo esos problemas?, ya sabemos que los agricultores.


Nos hemos preguntado alguna vez, ¿a quién cree más un agricultor?, a otro agricultor como él con resultados en el campo, o al cargado de medallas que ostenta un cargo que nos cuesta a todos los peruanos, la respuesta es sencilla también y la sabemos. Ciertamente, quienes no han tenido logros, han seguido creando entrampamientos con normas, política y disputas de poder, mientras las soluciones que están en las sucesivas generaciones del campo, siguen sin ser oídas; considerando que el agricultor le cuesta llegar a sus autoridades, porque ellos que nos traen información fresca y veraz, no tienen viáticos. A ello la doctrina del funcionario que no entiende que el ministerio que lo alberga, tiene como razón de ser, a ese personaje de campo, a quién rechaza como si fuera su enemigo, exigiéndoles una serie de requisitos para pasar a una oficina pública, para contar sus problemas, y plantear soluciones integrales; es decir prefiere gastar dinero público, porque “alguito le quedará de los viáticos”, para ir a mirar, y no traer información veraz como la que de manera gratuita nos traen los agricultores.


Los agricultores, conocen a sus líderes, también han aprendido a separar a quienes usan verso para entrar en la política, lo cierto es que ya saben cómo elegir a sus representantes agrarios, en función a los resultados en sus parcelas, y a su nobleza para transferir conocimientos. Basado en ello es de necesidad que se forme un cónclave de agricultores, uno por cada región, para llevar al ministerio de agricultura, el diagnostico de los problemas, y los resultados de las gestiones públicas, pero además una orientación de cómo manejar los recursos y la nueva política agraria del Perú. Recordemos que los agricultores deben capacitar a los técnicos, para hacerlos mejores transferencistas.


¿Cómo vamos a lograr un ministerio de agricultura eficiente?, ya tenemos las respuestas, pero sólo falta la operatividad del sistema, y es como sigue:


El cónclave de agricultores, tiene presencia física dentro del ministerio de agricultura, cuenta con un salario, apoyo administrativo y legal, auditorio, oficina y ambientes para recibir a los agricultores de su región, además de contar con sus viáticos para ahorrarles el gasto a las familias más pobres, y poder actualizar las demandas y planteamientos de solución.


El cónclave de agricultores, se reúne en varias sesiones para priorizar acciones que deben emprender el ministerio y cerrar brechas que vienen afectando a la productividad agraria y desarrollo rural. El titular del MIDAGRI, y sus equipos técnicos, reciben en varios días de trabajo, el plan nacional de desarrollo rural, formulado por los agricultores, para su discusión y puesta en marcha. A cada “no se puede” por parte del ministerio, deben presentar los argumentos que impidan avanzar, o en su defecto plantear algo más eficiente.


Es decir, el ministerio de agricultura, ya no puede decidir por sí sólo el gasto público o el emprendimiento de proyectos, sin la concordia de ideas con el cónclave de agricultores, dado que son ellos se harán más eficientes los servicios del Estado, por ser ellos lo que perciben las mejoras.


El cónclave de agricultores, revisa cada oficina y desempeño de cada funcionario público, para encontrar sustentos en su continuidad, y en conjunto con el ministro de agricultura, realizar las mejoras en el uso de recursos, y en los resultados de campo, creando una burocracia eficiente y eficaz, al servicio del país.


Será valioso conocer, quienes de los actuales funcionarios públicos del ministerio de agricultura y sus OPAs, no estarían de acuerdo con la propuesta de convivir con la razón de la existencia de sus cargos, los agricultores; poder oír sus argumentos debidamente sustentados que en algún momento de su gestión hubieron resultados, y han sido sostenibles, y los funcionarios que no estén de acuerdo y sin argumentos para impedir esta convivencia productiva, serán bienvenidos por los agricultores, dentro de su cónclave, para ser capacitados, en varias semanas, sin goce de haber, y emprender en armonía un sistema de trabajo sin más de lo mismo.


Recomendamos a las autoridades que tienen en sus manos la elección del ministro de agricultura, que se siente con los hombres de campo, y analice esta propuesta que viene de ellos.


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