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Juan de Dios Guevara / Se puede hacer mejor (2 de 3)


Los analistas aseveran, que son ejes que buscan el incremento de productividad, cómo ya lo han venido haciendo anteriores gobiernos, sin mayor resultado, y que por lo tanto no merece el pomposo nombre de Reforma Agraria. Aseguran que más recuerda el título de “II Segunda Reforma Agraria”, al de poder cumplir con el eslogan de marketing político, en la segunda vuelta, y que según analistas, les representó por lo menos 400,000 votos entre Cuzco y Puno. No le ven un plan, una hoja de ruta, un equipo de profesionales capaces de superar para los productores, sus problemas cotidianos, cómo son la falta de créditos promocionales, semillas de calidad, agua garantizada, falta de acompañamiento técnico para una correcta reconversión productiva, en un escenario adverso, por la economía y porque se reconoce que el equipo del Midagri, no está adecuado a la economía del conocimiento en que vivimos.


Consideran que los nueve ejes son importantes, pero no basta la voluntad política porque se necesita recursos y la colaboración de los gobiernos regionales y locales. Sería una gran novedad que este gobierno efectivamente las ejecute, porque los gobiernos anteriores no las han ejecutado ni les han dado recursos. De lo que se trataría ahora es darle decisión política, personal, recursos financieros para lo cual se necesita una importante capacidad de gestión. Estas voces discordantes, van desde un extremo apocalíptico: “El gobierno se radicaliza. El lanzamiento de la llamada segunda reforma agraria los juntó a todos: Castillo, Bellido, Maraví, Bermejo, con discursos cada uno más incendiario que el otro.


En realidad, ese evento fue un acto político destinado a crear el clima para acelerar la marcha hacia el cierre del congreso y la instalación de la asamblea constituyente, con la finalidad de concentrar el poder y perpetuarse” Jaime de Althaus. A una pesimista, conclusión anticipada: “Conclusión: Nada bueno debemos esperar de la Segunda Reforma Agraria, aparte de más pobreza, más informalidad, más desnutrición, más marginación, más delincuencia, más discriminación, más desempleo, y más dependencia alimentaria del exterior. Es decir, más de todo lo malo. A eso nos va a llevar la Segunda Reforma Agraria retrógrada y acomplejada – similar a la Primera – que se está cocinando en el Ministerio de Agricultura.” Fernando Cillóniz.


“El gran ausente en el Grupo de Trabajo Sectorial para el desarrollo del sector agrario y de riego en el marco de la Segunda Reforma Agraria es el sector privado. El Midagri parece desconocer el esfuerzo integrador de quienes conforman la Planagro, cuyos integrantes -provenientes de la agricultura familiar, cadenas productivas y de la agroexportación- representan al 80% de los gremios agrarios del Perú. Los voceros del gobierno mencionan que los agricultores no tienen nada de qué preocuparse. Se trata de conducir a la agricultura familiar a la modernidad. Se trata de incentivar la formación de cadenas productivas y hacerlas competitivas, procurando así la seguridad alimentaria en el país con rentabilidad económica y social” Alfonso Bustamante Canny, Presidente de Cerro Prieto, una de las más grandes agroexportadoras, que ha empezado a invertir en el agro colombiano.


Por su parte, Abraham Levy, “el hombre del clima”, afirmó: “si los privados en forma de generadores de cadenas de producción agroexportadoras o de comercialización local; no participan activamente con sus recursos (en Perú el 80% de la inversión es privada) y más aun con su tecnología; más temprano que tarde, la segunda reforma terminará siendo una frustración para muchos y un beneficio para pocos. Así las cosas, habrá que implementar más adelante una tercera reforma agraria que efectivamente involucre a todos: Estado y privados a lo largo de toda la cadena de generación de valor agrícola”.


Fernando Eguren, Presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES) y Director de la Revista Agraria y de Debate Agrario: “Esta no es una reforma agraria sino un cambio de las prioridades de la política agraria” esta no es una reforma agraria en el sentido que antes se entendía de expropiación o de cambio de las estructuras de propiedad de la tierra, porque además no hay condiciones económicas, políticas, sociales e ideológicas para hacer eso. Entonces, lo que creo es que se trata de una voluntad de cambiar las prioridades de las tres últimas décadas que consistían el apoyo y fomento a la agroexportación conducida por grandes empresas agrícolas. En ese sentido esta no es una reforma agraria sino un cambio en las prioridades de la política agraria. Y, ahora de lo que se trataría es cambiar de énfasis y atender a la agricultura familiar que constituye la mayor parte de agricultores del país que producen alrededor de tres cuartas partes de los alimentos que consumimos los peruanos. Es ahí en dónde están involucrados los campesinos, los comuneros los pequeños agricultores comerciales, eso es importante”.



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