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Juan Escobar / Fondos concursables en el Perú 

  • Juan Escobar
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Fondos concursables en el Perú: de la dispersión a una estrategia financiera por resultados

 

En el Perú, los fondos concursables han sido presentados como una herramienta para impulsar el desarrollo productivo. Sin embargo, la evidencia muestra que su impacto ha sido limitado. Existen, sí. Funcionan, a veces. Pero en general operan como intervenciones pequeñas, dispersas y sin continuidad.

 

El problema no es menor. En un país profundamente descapitalizado, donde miles de productores, emprendedores y organizaciones carecen de recursos para invertir, innovar o crecer, el acceso a capital no es un lujo: es una condición básica para el desarrollo. Sin embargo, la respuesta de los distintos gobiernos ha sido tímida.

 

Hoy convivimos con múltiples mecanismos —como Agroideas, PROinnóvate o PROCOMPITE, etc. — que operan sin una arquitectura común. A ello se suma un sistema financiero donde instituciones como Agrobanco no terminan de cerrar la brecha de financiamiento productivo en condiciones accesibles. El resultado es un conjunto de instrumentos que no logra generar escala ni transformación.

 

Frente a ello, el país necesita dar un giro claro: descentralizar, escalar y hacer permanentes los fondos concursables con perspectivas de impacto.

 

La propuesta es concreta. El Perú debe construir fondos concursables regionales de gran escala, regulares en el tiempo y con condiciones financieras favorables, incluyendo esquemas cercanos a tasas de interés cero o financiamiento altamente subsidiado. No se trata de asistencialismo, sino de inversión estratégica. Países que hoy lideran procesos de transformación productiva, como Chile, Brasil o Francia, han entendido que el capital inicial es clave para activar sectores y territorios.

 

Pero el financiamiento, por sí solo, no basta. Estos fondos deben estar articulados directamente al desarrollo de mercados locales y regionales. No tiene sentido financiar producción si no se asegura demanda, canales de comercialización y acceso a mercados. El enfoque debe ser integral: producción, transformación, logística y mercado.

 

Esto implica trabajar sobre cadenas productivas completas, con una lógica territorial clara. No proyectos aislados, sino ecosistemas productivos, tipo clústers. No beneficiarios individuales desconectados, sino redes organizadas con acceso real a oportunidades económicas.

 

En este marco, el Perú tiene ventajas evidentes que no está explotando plenamente. Sectores como el turismo, el agro, la pesquería, la gastronomía, la artesanía y las economías locales poseen un enorme potencial. Sin embargo, siguen operando con baja productividad, limitada articulación y escaso acceso a capital. Hay que subir la montaña.

 

Hay que promocionar lo nuestro sin complejos y con decisión. Apostar por el valor de lo local, por la diversidad productiva del país, por sus territorios y por sus capacidades. Pero esa apuesta debe estar respaldada por instrumentos financieros robustos, estables y bien diseñados.

 

El desafío no es crear más fondos, sino crear un sistema que funcione. Un sistema que combine financiamiento, asistencia técnica, acceso a mercados y evaluación de resultados. Un sistema que deje de medir ejecución presupuestal y comience a medir productividad, ingresos y sostenibilidad. Resultados.

 

Hoy, los fondos concursables en el Perú siguen siendo una buena idea con resultados modestos. Convertirlos en una política efectiva depende de una decisión: dejar de hacer intervenciones pequeñas, casi simbólicas y empezar a construir desarrollo en serio.

 

¿Fuente? Ahorrar gastos militares y suspender exoneraciones tributarias injustificadas, puede ser el inicio que promueva el desarrollo de las regiones.

 

¡Hay que subir la montaña!!!

 


 

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