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Manuel Bernales / Paradojas de la democracia (5 de 8)


Volviendo ahora al sentido “empírico” en las ciencias sociales, la UNESCO, en su primer lustro de vida, realizó y editó un conjunto de monografías sobre “La enseñanza universitaria de las ciencias sociales”, publicadas en español por la Unión Panamericana en Washington.


La primera de ellas se refería a la ciencia política e indicaba una “lista temática” de asuntos o capítulos que caracterizaban, y en gran parte aún caracterizan desde hace cincuenta años, al estado de esta ciencia social básica, al decir de Maurice Duverger. Si se tomase ese listado como punto de partida para una reflexión politológica sobre la democracia, el resultado tendría que referirse esencialmente al fenómeno del poder en la sociedad y al Estado, en especial, en sus diversas manifestaciones o modalidades.


Si nuestro objeto de estudio, desde el ángulo de vista enunciado, es la democracia y no hay manera de separarla del estado, tendríamos entonces dos maneras de estudiarla, complementarias, tensas, contradictorias, no antagónicas, y no excluyentes: la democracia desde una perspectiva de teoría política normativa; la democracia desde una perspectiva de teoría política empírica.


A su vez, la primera puede verse en el sentido de la gran teoría y de la larga duración en ciencias sociales. La segunda, en el sentido de las generalizaciones empíricas, que pueden visualizarse en tres perspectivas graduales, imposibles de separarse de forma neta: la primera, que permite comprender una situación, la segunda de alcance medio, y la más amplia, que visa identificar regularidades, tendencias o leyes inherentes al objeto de estudio.


La democracia, ¿existe esa palabra en algunos idiomas de países importantes del primer mundo y del segundo, porque prácticamente ha desaparecido el llamado tercer mundo?, es inseparable de concepciones sobre la persona en sociedad.

¿Es posible afirmar que exista una sola acepción de democracia; aún si se la concibe fundamentada, orientada e informada por los Derechos Humanos, toda vez que aunque estos tienen un alto grado de aceptación no existe unanimidad mundial? [4]


Las visiones y propuestas de acción de la UNESCO pueden consultarse en: unesco.org/shs/democracy


A la luz de los hechos sociales y los estudios existentes, no resulta razonable afirmar que hay una sola acepción de democracia, aunque existen contenidos claves que se han ido construyendo desde distintas situaciones, diferentes culturas, diversos estados, variados fines y objetivos por los cuales los grupos humanos se han asociado para cooperar o luchar, a los que nos vamos a referir más adelante.


En el sentido de la teoría política empírica la democracia es vista como una manera legal de organizar el poder legítimo en el marco del Estado, para la realización de fines, objetivos o resultados del conjunto social complejo que se organiza y por ende de estudiar las relaciones formales y reales entre gobernantes y gobernados, según distintas formas de Estado, así como de condiciones económicas y sociales inseparables de lo político.


Lo expresado explica que los términos “gobierno”, “gobernabilidad” y “gobernanza” están asociados íntimamente con democracia, estado y república.


Desde la Revolución de la Independencia de los Estados Unidos de América y la Revolución Francesa, que, como dije, fueron procesos fundacionales de democracia en lo que se considera el mundo moderno en Europa y en las Américas, la idea de está más unida al concepto y alcance de república que a otra forma de estado, de democracia y de gobierno.


Sin embargo, es evidente que existen importantes democracias en estados monárquicos con gobierno centrado en la autoridad monárquica o en la autoridad de un presidente o jefe de gobierno emanada de un parlamento y de elecciones; por ejemplo en el Reino de España. ¿Puede, pues, concebirse la democracia al margen de una cosmovisión, de un ideal de vida, de persona, de mundo, y por tanto exenta de postulados ideológicos o de “impurezas”, ideológicas?


Defensor de la democracia económica y social en el Perú de los sesenta y además, de la democracia política desde los setenta, si me permiten la expresión, el conocido y apreciado maestro universitario, politólogo y periodista peruano Francisco Miró Quesada Rada escribe:


“La democracia es el tema central en el análisis de la sociedad contemporánea. Sin embargo, mucho se habla sobre este proceso en cuanto forma de vida y de gobierno, pero poco como ideología. Es decir, con relación a una concepción del mundo... La democracia se sustenta sobre tres principios básicos: libertad, igualdad y participación, de los cuales sistemáticamente se desprende una serie de consecuencias.


Los dos primeros principios nos dicen que los hombres son libres, en cuanto personas responsables de sus actos y, como tales, capaces de auto gobernarse; pero, también, son iguales porque entre ellos no puede haber diferencias de ninguna clase. El tercer principio, el de la participación, implica que debemos actuar conduciendo el destino de una sociedad.” [5]


Pero, de otro lado, también es evidente que existen repúblicas que nada tienen que ver con la democracia o en las cuales hay hechos inocultables antidemocráticos y resultados de análisis empíricos, cada vez más basados en una teoría política normativa, cuyo fundamento son los derechos humanos, que revelan que no existe democracia, o por lo menos, algunos de sus elementos que hoy se consideran inseparables; a saber:


bienestar económico y social generalizado, con un mínimo de inequidad,

libertades personales y colectivas, de elegir y ser elegidos, de criticar, de asociarse para competir en política, de expresar el pensamiento o de profesar alguna religión o valor cultural, y procesos electorales para cambiar el gobierno periódicamente, y mecanismos de decisión colectiva mediante el ejercicio del voto, como por ejemplo el plebiscito, el referéndum, y la revocación.


“No puede existir democracia sin derechos humanos porque el pueblo, que es el árbitro supremo de las decisiones dentro de ese sistema político, sólo podrá ejercitar propiamente esta función si tiene libertad y seguridad que son, en definitiva, el resumen de la plena vigencia de los derechos humanos...



Referencias:

[4] Más ampliamente ver: “La resignificación de la ética, la ciudadanía y los derechos humanos”. Marcelo Lobosco, compilador. EUDEBA. Buenos Aires.2004.

[5] “La Democracia como Ideología”. En: Defensa de la democracia contra la dictadura. Miró Quesada Rada, Francisco. Editorial San Marcos. 1ª. Edición, 2001. Lima, Perú, pp. 69 y 70.


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