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Manuel Bernales / La pandemia evidencia intereses y objetivos en conflicto (1 de 2)


¿Quién sabe cuándo será el día después de mañana? Mientras se trabaja para aplicar medidas sociales, domiciliarias y administrativas en el sistema de salud –y vienen las de activación económica– futurólogos y adivinos privados y públicos no dan en el clavo: basta ver las declaraciones de gobernantes, profesionales y periodistas de Asia, América del Norte y Europa. Por eso, es más más importante no dejar para mañana lo que se debe y puede hacer hoy.


La pandemia evidencia intereses, objetivos y estrategias en conflicto. Desde áreas donde moran comunidades de pueblos indígenas, ribereños y empobrecidos urbanos de la Amazonía, hasta las alturas mundiales de poder, pasando por áreas rurales y urbanas intermedias así como las ciudades más grandes.


Los eslabones de cadenas sociales, económicas, culturales, políticas y morales se han roto o sufrido una grave mella que probablemente continuará. Hoy más que antes vemos TV y usamos Internet, lo que ha facilitado observar casos reales y concretos del daño múltiple a sociedades y personas, cuyas causas o factores determinantes difieren según programas, autores, patrocinadores, intereses de actores en conflicto: CNN vs FOX, TELESUR vs los anteriores, CCTV de China vs BBC del Reino Unido, Butters vs todos los demás.


Las redes de varones y mujeres profesionales, ciudadanos, activistas sociales (en nuestro país de variado cuño), han aumentado significativamente. Las tendencias no dejan de estar presentes en Facebook y periódicos, cerca de 56 en todo el país, muy pocos de éstos son prensa responsable, porque muchos son incalificables. También portales de derecha, centro o izquierda, han aumentado con sustento científico, racional pluralismo y diversidad de posiciones en muchos asuntos. Esas herramientas TIC suelen usarlas los voceros de tendencias de la sociedad y Estado.


En medio de multicolores opiniones e intereses, hay elementos de juicio, diagnósticos, proyecciones y propuestas de acción o mejoramiento que deben ser puestos en relieve. Asumo, grosso modo, las concepciones de Bien Común, bienes y servicios públicos esenciales expuestos hace muchos años en planteamientos del sistema de las Naciones Unidas: sus órganos, agencias especializadas, programas y comisiones así como institutos y universidades; en particular sobre Desarrollo Humano Sostenible, desde 1990, y Seguridad Humana, desde 1994. Se han aplicado en muchos países por gobiernos –en lo civil e inclusive policial y militar–, empresas, universidades y organizaciones sociales territoriales y funcionales, como oenegés; asimismo por movimientos sociales y partidos políticos. Hay enfoques, metodologías, variables e indicadores que permiten priorizar acciones, lo que significa postergar u otorgar menos peso a otras, de modo general o temporal, según la estrategia de aplicación. Quiero aquí exponer algunas con ánimo constructivo y crítico.


Mientras que la Constitución no establezca un “combo” o composición de servicios básicos sanitarios y económicos esenciales –agua potable, desagüe y manejo o gestión de residuos sólidos diversos (“basura” en la acepción tradicional ya superada)–, lo que se hace en sanidad urbana y rural seguirá con enfoques e intereses pasatistas, ineficientes y fuente de corrupción que todo el mundo sufre y conoce, con riesgo de perpetuarse por acciones vigentes en costa, sierra, Amazonía y Altiplano (Puno).


Hoy la “basura” es fuente de trabajo, no solo al precario nivel de recicladores, sujetos a graves enfermedades y explotación que también se conoce; también de producción de otros bienes y servicios, así como de integración con redes de energía, sobre todo limpias, bajas en carbono, porque es un insumo, y otras en mejor proceso de su tratamiento desde distintas fuentes, domiciliarias y hasta militares y policiales. Hoy la “basura” es uno de los principales contaminantes de todo el Perú, agravado por otros causantes de daños al ser humano y al ambiente natural. Hay variable causantes, aumento de población, de la informalidad y de una economía del desperdicio e irresponsabilidad, salvo excepciones como las del movimiento empresarial y grupo, pequeño aún, de “Empresarios por la Integridad” que impulsó Óscar Espinosa Bedoya desde Ferreycorp y otros asociados en una nueva universidad y otras pocas.


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