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Martín González / Prácticas de compliance latinoamericano 



Actuales prácticas de Compliance Corporativo en Latinoamérica, y el Caribe.

 

El Compliance emerge como una respuesta a la creciente complejidad y exigencias regulatorias en el ámbito empresarial y lega. Dicho concepto, que en sus inicios se relaciona principalmente al sector financiero, ha evolucionado para abarcar las más diversas industrias y aspectos de la gestión empresarial regional y global actual. Si bien, estas prácticas han existido durante mucho tiempo, el enfoque moderno del cumplimiento normativo se distingue por su formalización y profesionalización dentro de las organizaciones empresariales y corporativas.

 

De hecho, este avance se puede atribuir a varios factores, incluyendo la globalización de los mercados financieros, el aumento de la regulación gubernamental, y los escándalos corporativos que sacudieron la confianza en las instituciones financieras y empresariales principalmente en Estados Unidos, y Latinoamérica. En este sentido, (Lynn y Lara, 2012) señalan que “los programas de cumplimiento legal aparecieron por primera vez en cantidades significativas en los Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970. Inicialmente centrados en temas legales como en la ley antimonopolio, muchos de estos programas se expandieron posteriormente en la década de 1980 para cubrir toda la gama de leyes y regulaciones aplicables al mundo corporativo, así como los estándares éticos propios de una empresa. Recibieron varios nombres diferentes, incluidos “programas de cumplimiento”, “programas de ética”, “programas de prácticas comerciales” y “programas de integridad corporativa”.

 

De igual manera, (Laguado, 2016) señala que “el caso Watergate es uno de los orígenes del Compliance en los años 70, en la lucha entre los bloques que configuró la guerra fría. Aquí se denuncia las prácticas de corrupción que utilizaban las multinacionales americanas, especialmente en los países en vías de desarrollo”.

 

En este periodo de gran trascendencia se promulgaron nuevas leyes y regulaciones destinadas a prevenir la corrupción y el abuso de poder en el gobierno y en el sector privado, entre las cuales se pueden mencionar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA) de 1977, la cual, buscaba penalizar los sobornos a funcionarios extranjeros por parte de empresas estadounidenses, buscando así preservar el mercado liberal o capitalista, a través de buenas prácticas empresariales.

 

Con el inicio del nuevo milenio, el mundo empresarial se vio sacudido por el escándalo y la caída de ENRON en 2001-2002, una de las empresas hasta el momento más grandes en materia de servicios eléctricos dentro de los Estados Unidos. Este evento se convirtió en un hito significativo en la historia empresarial y financiera para el mundo, su influencia en la evolución del Compliance moderno ha sido profunda y trascendental, luego que se descubriera el daño hecho al sistema económico con prácticas contables fraudulentas y engañosas.

 

Este escándalo reveló graves deficiencias en los sistemas de control interno y de cumplimiento normativo, así como deficiencias en la supervisión y regulación por parte de las autoridades gubernamentales. Las prácticas contables fraudulentas, que incluían la manipulación de estados financieros y la ocultación de deudas, se llevaron a cabo con la complicidad de altos ejecutivos y contadores externos, lo que resultó en pérdidas masivas para los inversionistas y empleados de la empresa (Palupe y Healy, 2009).

 

Esta caída tuvo un impacto devastador en la confianza del público en las empresas y los mercados financieros, y generó una creciente demanda de reformas en la regulación corporativa y financiera. En respuesta, el gobierno de Estados Unidos promulgó la Ley Sarbanes-Oxley (SOX) en el año de 2002, que estableció estándares más estrictos de transparencia, rendición de cuentas y control interno para las empresas corporativas que cotizadas en bolsa.

 

La promulgación de la nueva regulación marcó un punto de inflexión en la evolución del Compliance moderno al elevar el cumplimiento normativo a una prioridad central en la gestión empresarial. Las disposiciones de SOX (como actualmente se les conoce) obligaron a las empresas a fortalecer sus controles internos, mejorar la divulgación de información financiera y establecer procedimientos claros para la identificación y gestión de riesgos, generando un cambio cultural significativo en las empresas, con un mayor énfasis en la ética empresarial, la transparencia y la responsabilidad corporativa.

 

Las empresas comenzaron a invertir más recursos en la implementación de programas de Compliance robustos, y en la contratación de profesionales altamente cualificados en la materia.

 

Desde entonces, el Compliance ha ganado cada vez más importancia en el mundo empresarial, con la creación de departamentos y funciones especializadas dedicadas a esta área en muchas organizaciones. La adopción de estándares internacionales, como los Principios del Pacto Mundial de las Naciones Unidas y las directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), le consolida como una práctica empresarial fundamental en la era actual.

 

Agradezco profundamente al abogado Venezolano Luis Lang Casto su valioso apoyo y participación en la coautoría del presente análisis empresarial.


 

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