Mercedes Inés Carazo / Oportunidad del BIOgas
- Inés Carazo

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La crisis energética que hemos estamos viviendo por la falta de gas y el encarecimiento y dificultad de acceso a la gasolina nos debe llamar la atención sobre la urgencia de la transición energética a pesar de que se haya logrado reestablecer el servicio. Se ha reiterado en estos momentos de crisis que las poblaciones rurales desde el inicio del gasoducto y en su recorrido no tiene acceso a ese gas y en muchos casos tampoco acceso a electricidad
El mundo rural es por tanto un escenario de la necesaria transición energética. En el 2025 diversos ministerios impulsaron las Hojas de ruta de Economía circular y también algunos gobiernos regionales. Esas hojas de ruta en los distritos rurales debieran incluir plantas de biogás para impulsar la economía circular local. Esto contribuiría a: gestionar los residuos del propio municipio y su entorno, evitar contaminación y malos olores o propagación de enfermedades como el dengue y a la vez producir energía renovable y generar empleo y valor agregado en el territorio siempre que la dimensión del proyecto esté alineada con la capacidad real del territorio.
En estos meses se iniciará un proceso de elecciones regionales provinciales y distritales en Perú. El biogás y los biocombustibles de generación local se pueden convertir en herramientas de sostenibilidad rural y promover nuevos emprendimientos, Para ello es necesario reforzar el vínculo entre tecnología, territorio y comunidad promoviendo la mayor participación local y la visión compartida para desarrollar proyectos energéticos en el tejido rural que contribuyan a su bienestar a corto mediano y largo plazo.
En las ciudades el espacio es limitado, pero los pequeños municipios rurales si cuentan con terreno disponible para acoger instalaciones de energías renovables de todo tipo. El territorio rural es un ecosistema humano, económico y ambiental con identidad propia donde la transición energética puede construirse desde esa identidad, de manera inclusiva.
El biogás es una oportunidad para el mundo rural porque tiene una lógica local. Transforma los residuos orgánicos generados en el propio entorno: estiércoles, restos agrícolas o subproductos agroalimentarios o de la pesca y acuicultura o familiares. Es un proceso clave del concepto de economía circular. Es una solución circular, rural y alineada con la realidad rural que permite reducir emisiones, producir energía renovable y obtener un fertilizante orgánico. El BIogas genera beneficios ambientales y económicos
En India y China su uso rural es muy difundido y los biodigestores se cuentan por millones. En Europa, en Francia existen miles de plantas de biogás distribuidas por todo el territorio que integran a agricultores, municipios y cooperativas en modelos energéticos que le devuelven valor al territorio. Un ejemplo es en Bretaña o el Gran Este donde hay pueblos que se autoabastecen parcialmente con biogás como la unidad de mecanización agrícola Méthamoly, en Saint Denis sur Coise. donde los agricultores valorizan los residuos de sus explotaciones para producir energía renovable integrada en la economía local.
España apenas cuenta aún con pocas decenas de biodigestores que permiten la gestión de residuos y producción energética local. Un ejemplo es Aras de los Olmos, un municipio de la provincia de Valencia que construye su futuro energético con un proyecto de autoabastecimiento energético que combina distintas fuentes renovables (solar, eólica y biogás)”. Es una comunidad energética local en la que los vecinos participan activamente como un proyecto colectivo que nace del territorio y devuelve beneficios al mismo.
El sector del biogás en España está creciendo, acompañado del debate necesario sobre la adecuada dimensión de los proyectos. Las plantas de gran tamaño en algunos casos, no terminan de ajustarse a la escala del territorio donde se proponen para evitar aumentar flujos de transporte para venderlo o gestionar residuos procedentes de largas distancias. Es necesario diseñar instalaciones que respondan a las necesidades del entorno rural y asegurar que los beneficios permanezcan en el territorio.
Un rol clave para la masificación del Biogás con un modelo integrado y sostenible, lo juegan Centros tecnológicos como AINIA en Valencia, que acompaña a ayuntamientos, cooperativas y empresas en todas las fases de desarrollo de sus proyectos: desde los estudios preliminares y la caracterización de residuos hasta ensayos avanzados y semicontinuos y análisis específicos que permiten dimensionar correctamente las instalaciones. AINIA impulsa la formación y la divulgación técnica, acercando el conocimiento a entidades locales y administraciones públicas, facilitando que los municipios comprendan y aprovechen las oportunidades del biogás. Han trabajado junto a la Generalitat Valenciana, la región Valencia donde se ubica, un proyecto centrado en mejorar la gestión y valorización de los nitratos, evaluando soluciones que ayuden a compatibilizar la actividad agrícola y ganadera con la protección del suelo y los recursos hídricos Con esta combinación de ciencia, tecnología y trabajo con el territorio, AINIA contribuye a que los proyectos de biogás nazcan bien planteados y generen valor real en el mundo rural. AINIA ha compartido su experiencia en Biogás con el Instituto Tecnológico de la Producción y la RED de CITEs de Perú que tiene un biodigestor modelo en la sede de Ventanilla y es hora de replicarlo a nivel nacional
Para masificar el uso de biogás en España y en Perú, hay que superar una brecha importante que es la educación ambiental relacionada con el biogás. Esto incluye evitar el temor de que estas instalaciones puedan producir olores, suciedad o impactos visuales. Esto no se produce cuando la planta está bien dimensionada y diseñada. Por ello, desde el inicio es necesario compartir con los potenciales usuarios cómo funciona el proceso de digestión anaerobia, qué medidas deben tomar para evitar emisiones difusas y cómo se garantiza la integración paisajística. Estos saberes son clave para generar confianza y sostenibilidad. La difusión de los biodigestores podría iniciarse en los colegios rurales y los IEST y usarse masivamente en Institutos públicos como el ITP y La Red de CITEs replicando el biodigestor modelo instalado en Ventanilla y también en las sedes de INIA, el SENASA y el IIAP para impulsar y masificar la aceptación social del biogás partiendo del conocimiento. Cuanto más se difunda y comprenda la tecnología, más fácil será que las comunidades rurales la perciban como una oportunidad y no como una amenaza.
El camino de la transformación energética es diseñar proyectos dimensionados según los recursos del territorio, con gobernanza local, participación ciudadana y un enfoque que priorice el bienestar del municipio y sus pobladores. El biogás, así como la energía solar térmica y fotovoltaica, la energía eólica, los biocombustibles como el etanol que producen las empresas de caña en la macroregión Norte, la movilidad eléctrica pueden y deben ser fundamentales en la transición energética, con respeto al medio rural, la planificación rigurosa y el sentido común.
Como recomienda una publicación de AINIA: “La energía del futuro no solo debe ser renovable; también debe construirse a escala humana y desde el territorio.” Los distritos rurales de las diversas regiones de Perú pueden liderar su propio modelo energético dando protagonismo y compartiendo conocimiento y. herramientas para la planificación y participación de los agricultores. Con una visión territorial clara, el biogás puede convertirse en un motor de desarrollo rural sostenible




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