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Miguel Dávila / ¿Cómo tener un agro competitivo? (4 de 7)


2 - Sistema de riego el problema y la solución

En agricultura cada vez que se habla de riego, también se hace referencia a su eficiencia y a las pérdidas de agua. Las pérdidas de agua se definen en base a dos conceptos: i) pérdidas de conductividad o distribución, todas aquellas que se producen en los canales, tuberías, mangueras entre otros que llevan el agua hasta la parcela a ser regada; y ii) pérdidas por uniformidad, las que se generan en la misma parcela y que son derivadas de su uso (capacitación), o del sistema de riego que se aplica (tecnología de riego). Estas dos son las bases para generar un riego eficiente (menor uso de agua), por tanto, una menor afectación por salinidad.


Los sistemas de riego utilizados comúnmente en nuestro país, de acuerdo a su participación o uso masivo son:


i) “Gravedad” o inundación, agua que se lleva hasta la parcela por canales, tuberías y compuertas (por lo general inversión estatal), y que por una cantidad de tiempo determinado (generalmente no bien manejado) inunda la zona bajo riego, siendo indeterminada la cantidad de agua que se utiliza y por tanto, no teniendo control en el resultado: baja productividad por sectores de la parcela, falta de uniformidad en tamaño de plantas y frutos, alto crecimiento de hierbas y hongos, y por sobre todo ello, la temida salinización del campo.

ii) Aspersión, sistema permite el riego a través de pequeños dispositivos que impulsan el agua por el aíre hacia diversos puntos de la parcela, tratando de cubrirla homogéneamente en movimientos circulares y repetitivos por un tiempo determinado. Este sistema es más eficiente que el anterior, pero aún así deja espacio para un manejo descontrolado, pues la colocación de los dispositivos, así como el tiempo de su uso son determinados por la labor humana, pudiendo incluso en casos extremos inundar el área bajo riego, con los consecuentes efectos ya mencionados.

iii) Tecnificado, también llamado localizado, por goteo (o generalizado su nombre como riego presurizado). Esta tecnología permite que el agua llegue específicamente a cada una de las plantas de la zona bajo riego, generando humedad en el suelo al contorno de la planta, pudiéndose regular independientemente el flujo del líquido para las necesidades y desarrollo de cada espécimen vegetal. La operación de este sistema no es intensiva en la intervención humana, pudiendo estar proveyendo la cantidad justa de líquido (por medio de goteros especialmente fabricados) las 24 horas del día. Dado ello, este sistema de riego permite incrementar la productividad de toda la parcela (dado que se llega a todos sus puntos homogéneamente), las plantas ganan en uniformidad de tamaño y frutos (menos merma = más productividad = más competitividad), bajo crecimiento de hierbas y hongos debido a humedad focalizada y graduada a la necesidad de cada planta individualmente, y sobre todo, dado que el agua que se riega va en casi un 90% a la planta, se frena y/o dilata el proceso de salinización del campo.

iv) Hidropónico, sistema que permite el contacto del agua en forma constante y exclusivo con la planta, excluyendo la tierra como medio de producción. El líquido recircula constantemente, añadiéndosele los nutrientes que la planta recibirá de forma directa y homogénea durante su cultivo. Por su diseño, este sistema en 100% eficiente en riego, pero altamente demandante en intervención humana y equipamiento, lo que lo hace muy caro.


El problema de salinización explicado más arriba, se origina en el mal uso e ineficiente del agua y eso pasa por políticas de extensionismo (capacitación y asistencia técnica) casi inexistentes, así como inversiones focalizadas en el uso de sistemas de riego más eficientes. La pérdida de productividad en campo y las consecuentes pérdidas económicas resultantes, con un claro efecto de ello; políticas intensivas en inversiones en riego y drenaje, así como un plan de mantenimiento asociado a estas infraestructuras, es muy necesarios, así como también, acompañar estas iniciativas con procesos de asistencia técnica en un adecuado uso del agua a nivel de parcela. De no tomarse esta decisión, las consecuencias económicas a nivel del país será la pérdida de competitividad de cultivos y del valor de suelos agrícolas.


Expertos en temas de riego y promotores del uso eficiente del agua (6) indican que la eficiencia de riego en la costa peruana alcanza cifras que se sitúan entre 35 – 45 % dependiendo de las zonas, cultivos y técnicas de riego. Esto es muy revelador, implica que sólo 350 a 450 litros de cada 1000 (metro cúbico) de agua es lo que realmente llega a la planta o es útil para el riego; en otras palabras, por el mal uso y/o mala opción en el uso del sistema de riego se pierden por conductividad y uniformidad entre 550 y 650 litros de agua, por cada metro cúbico de agua disponible. Lo peor es que si rastreamos esta información en la historia, el MINAGRI la tiene disponible en informes que datan de los años 90 que, si bien sirvieron para fundamentar la necesidad de uso de sistemas de riego más eficientes, las políticas tomadas al respecto distan mucho de parecer una prioridad para el sector.


La pérdida de agua de riego es una limitante para el crecimiento de la frontera agrícola (hectáreas de terreno disponible para cultivo bajo riego), pero peor aún es que esta agua no utilizada, ocasiona los procesos de salinización que terminan con la productividad del suelo que viene siendo trabajado; en buen romance, no sólo no nos permite crecer como país, sino que estamos llevando al límite las tecnologías para sacarle mayor productividad a la tierra que va decreciendo en su capacidad generativa por la sal. Justamente cuando más necesitamos ser eficientes, productivos y competitivos, estamos minando nuestro mejor activo.



Referencia:

(6) Ingeniero Agrícola Carlos Pagador Moya, Consultor Recursos Hídricos en Instituto de desarrollo de los Recursos Hídricos y ex Jefe de la Autoridad Nacional del Agua


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