Yefferson Llonto Y Brenda Vallejo / Economía y elecciones convulsionadas
- Yefferson Llonto
- 4 may
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La herencia económica y los retos del próximo gobernante del Perú en un escenario electoral convulsionado.
Panorama de proyección de crecimiento
El gobierno que tome las riendas del país en julio de 2026 lo hará con una economía que crece en torno a su nivel potencial, con una tasa proyectada de 3,0%. Es decir, el margen para sorpresas positivas es estrecho desde el arranque. Muy lejos quedaron esos años entre 2002 y 2013 en que el crecimiento se expandía a promedios superiores al 6,2% anual.
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) proyecta un crecimiento del PBI de 2,9% para 2026, con la inversión privada como principal motor, con una expansión esperada del 3,5%. Los precios internacionales de los minerales particularmente el oro, que podría alcanzar los 3.451 dólares por onza y la depreciación gradual del dólar refuerzan los términos de intercambio, con una proyección de crecimiento del 1,8%. Son buenas noticias para las exportaciones, pero también una señal de advertencia, dado que depender del precio de los commodities es apostar en una ruleta que el Perú no controla.
La política fiscal
El Consejo Fiscal califica de optimista la hoja de ruta del Marco Macroeconómico Multianual 2026-2029, que prevé reducir el déficit fiscal del 2,2% del PBI en 2025 al 1,0% para 2028. Y tiene razones para esa cautela. El Congreso ha aprobado una serie de leyes con impacto tributario negativo que complican el cumplimiento de esa trayectoria. Aunque el déficit fiscal acumulado en doce meses cayó del 3,5% al 2,4% del PBI entre diciembre de 2024 y agosto de 2025 gracias sobre todo a una reducción del gasto corriente del 14,5% al 14,3% del PBI, los márgenes siguen siendo ajustados.
Es importante destacar que las fortalezas macroeconómicas que funcionaron como amortiguador en la pandemia y al inicio del gobierno de Castillo están bajo amenaza. Propuestas que surgieron en campaña sobre el uso de las reservas internacionales para fines distintos a garantizar liquidez, y las leyes populistas aprobadas por el Congreso con fuerte impacto fiscal, configuran un escenario de riesgo que el próximo gobierno deberá atender desde el primer día.
Retos fiscales para la economía peruana
Los retos para la economía peruana se agrupan en cuatro frentes:
a) Preservar y acumular las fortalezas macro fiscales: Se trata de recomponer los ahorros fiscales de forma gradual y creíble, no mediante gestos retóricos sino con reformas estructurales concretas que mejoren la productividad, aseguren la sostenibilidad de la deuda pública y conduzcan hacia niveles de ingresos fiscales más altos. El país puede hacerlo; la pregunta es si habrá voluntad política para sostenerse en ese camino.
b) Mejorar la eficiencia y la calidad del gasto público: Los ingresos fiscales del Perú equivalen al 18,7% del PBI, cifra que contrasta con el 23,7% de Chile o el 28,2% de Colombia. Esa brecha no es solo un problema de recaudación; refleja una economía con alta informalidad y un Estado que aún no logra que cada sol gastado rinda lo que debería.
c) Consolidación fiscal sostenida y responsable: El endeudamiento público del Perú sigue siendo relativamente bajo frente a sus pares regionales, pero avanzar hacia la consolidación exige medidas específicas tanto por el lado de los ingresos como del gasto. Hay que perfeccionar la eficiencia del gasto, revisar gradualmente los beneficios tributarios y fortalecer la administración fiscal.
d) Preservar la sostenibilidad fiscal como escudo: Las finanzas públicas sólidas no son solo un tema de calificadoras de riesgo; sin son los que permite al Estado responder cuando llegan los terremotos, las pandemias o las crisis externas sin tener que acudir al mercado en las peores condiciones. El Perú vivió eso durante el COVID-19 y lo sabe. Perder ese espacio fiscal sería costoso y difícil de recuperar.
El grado de inversión y la señal que el mercado espera
Para 2025 y 2026, se espera que el Perú conserve su grado de inversión, una distinción que lo coloca entre los países con mayor solidez crediticia de América Latina. Es una fortaleza real, construida durante décadas de disciplina macroeconómica, pero no es inmune.
A esto se suma la relevancia de la autonomía absoluta del Banco Central. Considerando que la última campaña presidencial, en algunos candidatos insinuaron que las reservas internacionales podían usarse para otros propósitos. Si esa idea llega al gobierno, el daño a la confianza podría ser veloz e irreversible. Las reservas son el principal escudo del sol peruano frente a turbulencias externas; tocarlas por razones políticas equivaldría a quitarse el chaleco antibalas antes de entrar a la zona de riesgo.
El nuevo gobierno deberá también hacerle frente al avance del crimen organizado, que ya no es solo un problema de seguridad ciudadana; sino es un problema económico. La extorsión, el sicariato y la presencia territorial de bandas criminales están inhibiendo decisiones de inversión y emprendimiento en varias regiones del país. No habrá crecimiento sostenible mientras el Estado no recupere esa presencia.
Conclusión
El próximo gobernante del Perú recibirá una economía que todavía tiene fundamentos sólidos, aunque más frágiles de lo que parecen en los titulares. El sol se mantiene, la inflación está controlada, las reservas son amplias y el déficit fiscal, aunque con tendencia preocupante, sigue dentro de rangos manejables. Sin embargo, la herencia también incluye una lista de problemas irresueltos que no dan espera; una política fiscal bajo presión por leyes aprobadas en plena campaña, ingresos tributarios insuficientes para sostener un Estado que funcione, criminalidad que erosiona la actividad económica y una institucionalidad debilitada por años de inestabilidad política.




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