Yefferson Llonto Y Brenda Vallejo / Entre la disciplina y la incertidumbre
- Yefferson Llonto
- 1 mar
- 4 Min. de lectura
Entre la disciplina y la incertidumbre: el delicado equilibrio macroeconómico de América Latina y el reto peruano hacia 2026.
América Latina enfrenta actualmente una paradoja económica de estabilización a nivel macro y fragilidad en la base del crecimiento. Para comprender mejor esta situación, identificamos dos ejes cruciales: la política fiscal y el conjunto de políticas monetarias, cambiarias y prudenciales. Estos dos pilares proporcionan estabilidad relativa a corto plazo, pero también exponen límites estructurales que determinarán el futuro de la región.
Un espacio fiscal cada vez más estrecho
La región enfrenta una restricción inherente en el frente fiscal. La deuda pública de América Latina alcanzó el 51,8 por ciento del producto bruto interno (PBI) en septiembre de 2025; un nivel alto que reduce la capacidad de una sociedad para reaccionar ante choques externos y la implementación de políticas contracíclicas. Si bien algunos países lograron controlar sus balances con un aumento en la recaudación de impuestos o esfuerzos de contención para controlar el gasto, los crecientes pagos de intereses, particularmente en economías cargadas de deuda en moneda extranjera, están poniendo las finanzas públicas bajo presión. Tal es el entorno en el que se impone una gestión fiscal defensiva. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) explica que, aunque la consolidación continúa, el espacio es finito para expandir la inversión pública, ya que la región debe llenar brechas en infraestructura, servicios básicos y productividad. No se trata solo de gastar menos o más, sino de gastar mejor: la sostenibilidad fiscal ha emergido como una condición esencial pero obviamente insuficiente para el desarrollo.
Relajación cautelosa de la política monetaria.
El segundo eje es la política monetaria, cambiaria y prudencial. Tras el poderoso patrón contractivo que comenzó en 2022, la mayoría de los bancos centrales de la región continuaron con este impulso, con recortes graduales de las tasas de interés en 2025, junto con una caída de la inflación y expectativas que se acercan a los objetivos oficiales. De febrero a septiembre de 2025, la inflación media de la región cayó a alrededor del 1,8% bajo una serie de factores como la fuerte caída de los precios internacionales de alimentos y energía, y la normalización de las cadenas de suministro. Esta relajación ya ha comenzado a filtrarse en el sistema financiero, considerando que os depósitos están aumentando y el crédito es sólido. Sin embargo, la CEPAL señala que, aunque el sistema financiero regional sigue bien capitalizado, hay un ligero deterioro en la calidad de los activos, lo que requiere prudencia regulatoria. Por el contrario, las reservas internacionales netas de algunos estados se incrementaron en 2025 para protegerse contra posibles episodios de volatilidad externa. El mensaje es claro, ya que hay un margen para una política monetaria más laxa, pero no para la complacencia en la pista. La coordinación de políticas fiscales, monetarias y prudenciales se vuelve esencial para prevenir desequilibrios financieros y mantener la estabilidad.
Crecimiento lento y problemas estructurales.
No obstante, el panorama sigue siendo sombrío, a pesar de estas correcciones macroeconómicas. La CEPAL pronostica que el crecimiento regional será del 2,4% para 2025 y del 2,3% para 2026, afirmando que América Latina está en una dinámica de bajo crecimiento. Si bien el consumo privado sigue siendo el principal sector consumidor, la inversión sigue rezagada, ya que la incertidumbre global y la baja confianza pesan mucho en ambos lados. En términos del entorno externo para 2026, será más impredecible: los mayores socios comerciales seguirán perdiendo impulso y los precios de las materias primas tenderán a la baja. En este sentido, la CEPAL insiste en ser proactivos hacia políticas de transformación productiva, innovación y diversificación económica, y en una gestión macro-financiera responsable.
Perú: creciendo sin una trayectoria política bien definida.
En la situación peruana, las previsiones oficiales de la CEPAL esperan que el producto bruto interno del país se expanda un 3,2 por ciento en 2025 y un 3,0 por ciento en 2026, situando al país por encima del promedio de la región. Pero incluso cuando estas cifras se acumulan, existen junto a una profunda fragilidad institucional.
De esta forma se viene creciendo, pero no gobernando tras un escenario político lleno de fragmentación parlamentaria, alta rotación de autoridades económicas y liderazgo partidario débil, lo que lleva a una pérdida de previsibilidad que reduce los incentivos para la inversión privada. Todo esto, junto con un presupuesto público para 2026 muy centrado en el gasto corriente y un bajo nivel de asignación de capital, lo que apunta a una desconexión entre la planificación y el desarrollo a largo plazo. Esta vulnerabilidad política se vuelve más prevalente a la luz del proceso electoral de 2026. Siendo muy preocupante dado que ninguno de los planes de gobierno ofrece una gestión sostenible de los recursos fiscales públicos, lo que plantea otro riesgo para la disciplina fiscal continua y la credibilidad macroeconómica.
Conclusión
La CEPAL señala que, sin una relación eficiente entre los enfoques fiscales, monetarios y prudenciales, una reforma combinada de las instituciones productivas y la acción política, seguirá habiendo crecimiento, aunque sin beneficio correspondiente para la población. Al mirar hacia 2026, el Perú está en un punto de inflexión donde puede restringirse al control de una estabilidad frágil o usarlo como un canal para restaurar la confianza, mejorar la calidad del gasto público y avanzar en una agenda de desarrollo más inclusiva. Porque, como nos dice la experiencia reciente, crecer no significa automáticamente avanzar y la estabilidad puede ser una ilusión sin un buen gobierno.




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