Yefferson Llonto Y Brenda Vallejo / Plan de Infraestructura al 2031
- Yefferson Llonto
- hace 21 minutos
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El Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 y la apuesta del Perú por construir su futuro territorial
El Decreto Supremo N° 039-2026-EF, que aprueba el Plan Nacional de Infraestructura (PNI) 2026-2031 muestra una cartera de 72 proyectos valorizados en S/ 144,117 millones y un enfoque territorial que reorganiza al país en cuatro macrozonas estratégicas.
El PNI 2026-2031 es la tercera edición de un instrumento que ha ido madurando desde el PNIC 2019 centrado en competitividad, pasando por el PNISC 2022-2025 que incorporó la sostenibilidad ambiental, hasta llegar a esta entrega que pone el territorio en el centro. La evolución no es solo conceptual, dado que refleja el aprendizaje acumulado de tres años de ejecución, lecciones absorbidas de proyectos emblemáticos como la Ampliación del Aeropuerto Jorge Chávez, la Línea 2 del Metro y el Anillo Vial Periférico, y de una realidad macroeconómica que exige urgencia y precisión.
Un país en encrucijada: el diagnóstico del Banco Mundial como telón de fondo
Para entender la trascendencia del PNI 2026-2031, resulta indispensable situar al Perú en su contexto macroeconómico actual. El Banco Mundial, señala que el Perú, hasta el año 2013 creció a tasas superiores al 6% y redujo la pobreza del 59% al 24% en una década, el mismo que ha entrado en un ciclo de estancamiento. El crecimiento potencial del país ronda hoy el 2.5% anual, un ritmo que, de mantenerse, implicaría 64 años para alcanzar la condición de país de ingresos altos. Más de 90% de los peruanos desconfía del gobierno, un aumento de 25 puntos porcentuales respecto a 2011.
En ese contexto fiscal, el Banco Mundial advierte que los ingresos tributarios del Perú, que promedian menos del 15% del PBI en la última década, limitan severamente la capacidad del Estado para invertir en infraestructura y servicios sociales. La inversión pública, que históricamente ha sido un motor de convergencia regional, enfrenta resultados cada vez más ineficientes: proyectos que se abandonan, sobrecostos recurrentes y una brecha creciente entre lo presupuestado y lo ejecutado. Es en este panorama, de urgencia fiscal y demanda social acumulada, donde el PNI 2026-2031 interviene no solo como un listado de obras, sino como una propuesta de reordenamiento estratégico del Estado peruano.
El instrumento: qué es y qué propone el PNI 2026-2031
El PNI es, según su propio texto, el principal instrumento estratégico de priorización de inversiones de alto impacto a nivel país, elaborado por el MEF con un horizonte de corto y mediano plazo. Su razón de ser es triple: primero, priorizar un portafolio de proyectos de infraestructura de alto impacto nacional; segundo, articular y gestionar multisectorialmente programas de proyectos que maximicen dicho impacto; y tercero, promover medidas especiales que aceleren la ejecución. Lo que distingue a esta tercera edición de sus predecesoras es la incorporación del enfoque territorial como eje vertebrador.
El plan organiza el territorio nacional en cuatro macrozonas: Norte, Centro, Lima-Callao y Sur, reconociendo que el Perú no es una realidad uniforme, sino una compleja trama de diversidades geográficas, productivas, sociales e institucionales. Cada macrozona ha sido analizada en función de sus actividades productivas y articuladoras con potencial consolidado, identificando los proyectos de infraestructura que potencian esas ventajas territoriales. El Norte, con su dinamismo agroindustrial y sus corredores logísticos al Pacífico; el Sur, con su enorme brecha en conectividad y su potencial turístico y minero; el Centro, como núcleo articulador del país; y Lima-Callao, motor económico que requiere desahogar su infraestructura urbana para crecer con equidad.
La cartera del PNI 2026-2031 suma 72 proyectos valorizados en S/ 144,117 millones, distribuidos entre Transportes (28 proyectos), Agricultura y Riego (9), Agua y Saneamiento (8), Electricidad (8), Salud (6), Cultura (5), Educación (4), Comunicaciones (1), Producción (1), Poblaciones Vulnerables (1) y Turismo (1). En cuanto a modalidades de inversión, predominan las Asociaciones Público-Privadas con 33 proyectos y S/ 75,689 millones, seguidas por los contratos Estado a Estado con 13 proyectos y S/ 49,680 millones, la obra pública con 22 proyectos y S/ 10,605 millones, los proyectos en activos con S/ 8,025 millones y las obras por impuestos con S/ 119 millones.
Aprender para ejecutar: el balance del PNISC 2022-2025
Una de las fortalezas del PNI 2026-2031 reside en su honestidad diagnóstica, donde solo 10 proyectos concentran el 86% del monto ejecutado. Entre ellos destacan las APP de la Ampliación del Aeropuerto Jorge Chávez (con 91% de avance financiero), la Línea 2 del Metro (70%), el Anillo Vial Periférico (6%, todavía en fases iniciales), los contratos G2G del Aeropuerto de Chinchero (54%) y la Nueva Carretera Central (2%), y el PEIP Escuelas Bicentenario (91%). Estas cifras ilustran tanto las capacidades instaladas del sistema como los cuellos de botella sistémicos: la adquisición de tierras, los permisos ambientales y la conflictividad social siguen siendo los factores que más frenan la ejecución.
El giro territorial: infraestructura que reconoce la diversidad del país
La introducción del enfoque territorial en el PNI 2026-2031 no es una concesión retórica al discurso descentralizador. Siendo una respuesta concreta a décadas de planificación sectorial que trataba al Perú como si fuera un solo país, cuando en realidad es varios a la vez. El plan articula cuatro dimensiones de infraestructura sostenible: económica-financiera, social, institucional y ambiental, aplicadas de manera diferenciada en cada macrozona.
La Macrozona Norte recibe 25 proyectos priorizados vinculados a sus corredores logísticos, la agroindustria de exportación y la conexión con Brasil a través de la Iniciativa IIRSA. La Macrozona Sur, con 20 proyectos, atiende sus brechas críticas en agua, energía y acceso a mercados, acompañando su potencial en minería sostenible y turismo cultural. La Macrozona Centro, con 12 proyectos, refuerza la conectividad transversal del territorio nacional. Y Lima-Callao, con 15 proyectos, enfrenta el desafío de desahogar un área metropolitana que concentra la tercera parte de la población del país y genera más del 40% del PBI, pero que padece un déficit estructural de infraestructura urbana.
Entre las cinco líneas estratégicas de la Hoja de Ruta del PNI 2026-2031 destaca una de especial relevancia para la integración nacional: la estrategia de desarrollo de infraestructura para la Amazonía peruana. La región amazónica, que ocupa más de la mitad del territorio nacional y concentra una vasta biodiversidad y recursos naturales, ha sido históricamente la más postergada en términos de infraestructura. El plan reconoce esta deuda y propone una hoja de ruta específica para abordarla sin comprometer la sostenibilidad ambiental.
Los desafíos estructurales que el plan no puede ignorar
Aprobar un plan de infraestructura es considerablemente más sencillo que ejecutarlo. El historial peruano en este campo es ilustrativo con proyectos paralizados por conflictos sociales, concesiones renegociadas, procesos de adquisición de tierras que se extienden por lustros y un sistema de inversión pública que, según el Banco Mundial, produce resultados cada vez más ineficientes. El organismo internacional identifica como limitaciones institucionales críticas donde la mala calidad de los estudios de preinversión, que elevan la probabilidad de abandono de proyectos, la fragmentación de las responsabilidades entre niveles de gobierno, la rotación excesiva de funcionarios públicos y los incentivos distorsionados en la gestión presupuestaria.
En ese sentido, el PNI 2026-2031 establece un mecanismo de seguimiento articulado entre la Dirección General de Política de Promoción de la Inversión Privada y la Dirección General de Programación Multianual de Inversiones, con publicación periódica de reportes de avance. Cada entidad pública con proyectos priorizados debe elaborar un Plan de Acción en un plazo de 45 días desde la publicación de lineamientos, incluyendo cronograma detallado, responsabilidades, estrategia de gestión de riesgos y plan de relacionamiento ciudadano. Este grado de exigencia institucional es inusual en la historia del planeamiento de infraestructura peruano, y su efectividad dependerá en buena medida de la voluntad política sostenida de las entidades responsables.
La cuestión del financiamiento es otro punto crítico. El decreto supremo señala explícitamente que la implementación de los proyectos se financia con cargo al presupuesto institucional de los pliegos involucrados, sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público. Esta cláusula, prudente desde el punto de vista fiscal, también señala los límites reales del plan, encontrándose condicionada a las disputas presupuestarias anuales, a la capacidad de atracción de inversión privada y a la disciplina de gasto de un Congreso que, como advierte el Banco Mundial, ha incrementado significativamente sus iniciativas legislativas en materia impositiva y de gasto.
Infraestructura y crecimiento: la ecuación que el Perú no puede postergar
La evidencia internacional es contundente, dado que la inversión en infraestructura de calidad es uno de los factores que más inciden en el crecimiento económico sostenido, especialmente en economías en desarrollo. El Banco Mundial estima que la inversión pendiente del PNISC 2022-2025, valorizada en S/ 153,750 millones, equivale al 13.9% del producto bruto interno y representa un multiplicador potencial significativo para la economía peruana. Carreteras que acortan distancias entre productores rurales y mercados urbanos, plantas de tratamiento de agua que reducen la carga de enfermedad en comunidades vulnerables, líneas de transmisión eléctrica que habilitan la industrialización regional, puertos que incrementan la competitividad exportadora: cada uno de estos proyectos es, en esencia, una intervención en la estructura productiva del país.
El PNI 2026-2031 incorpora, por primera vez en esta serie de planes, una estimación inicial del impacto del portafolio en el cierre de brechas de infraestructura y servicios. Esta incorporación metodológica es relevante porque obliga al Estado a rendir cuentas no solo por los montos ejecutados, sino por los resultados generados. La brecha de infraestructura del Perú ha sido estimada históricamente en decenas de miles de millones de dólares; cerrarla en una sola generación es improbable, pero reducirla sistemáticamente, priorizando con criterios de impacto territorial y sostenibilidad, es la apuesta implícita de este plan.
Conclusión
El Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 llega en un momento de máxima exigencia para el Estado peruano. El país enfrenta un crecimiento potencial insuficiente, una desconfianza ciudadana histórica, un espacio fiscal limitado y una deuda acumulada en infraestructura que se mide en generaciones de oportunidades perdías. En ese escenario, el plan no es una solución mágica, pero sí es una respuesta seria, técnicamente robusta y políticamente comprometida con la idea de que el Perú tiene más futuro del que sus indicadores actuales permiten intuir.
La transición de un enfoque puramente sectorial a uno territorial no es un detalle operativo, sino un cambio de paradigma en la forma en que el Estado peruano concibe su rol en el desarrollo nacional. Reconocer que Piura no es igual a Puno, que la Amazonía requiere soluciones distintas a las de la costa, que Lima-Callao necesita inversiones que redistribuyan sus oportunidades hacia el interior del país, implica una madurez institucional que, si se traduce en ejecución efectiva, puede marcar un antes y un después.
El reto no es escribir el plan, sino vivirlo. La historia del Perú está llena de documentos estratégicos que reposan en anaqueles. Lo que distinguirá al PNI 2026-2031 será la capacidad del Estado, del sector privado y de la ciudadanía para transformar esos 72 proyectos en puentes físicos y sociales que acorten las brechas que aún nos separan como nación. En definitiva, la infraestructura no construye solo caminos sino construye al país.




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